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Opinión

  • | 1997/07/14 00:00

    EL GRAN PASO

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El proceso que terminó el domingo pasado con la entrega de los soldados que estaban en poder de las Farc cierra un ciclo en la vida de ese grupo guerrillero y abre uno nuevo más promisorio para ellos, de la misma manera que un equipo gana un partido y pasa a la siguiente ronda de un campeonato deportivo. Este es el momento más delicado de cuantos le ha tocado vivir a mi generación en lo que tiene que ver con la guerrilla. No porque el episodio violento de Las Delicias o el secuestro de los soldados tenga una importancia extraordinaria desde el punto de vista militar sino porque las Farc se acaban de plantar ante el resto del país y ante el mundo en una actitud nueva y amenazante, que contiene cambios en la forma de su reto y transformaciones sustanciales en la concepción tradicional que esa guerrilla ha tenido sobre su lucha en toda la historia. A la hora de escribir esta columna no se ha producido la liberación de los soldados, pero asumo por las circunstancias generales que rodean el asunto que ahora que usted lee estas líneas los militares estarán ya en sus guarniciones o en sus casas. No cabe duda de que las Farc buscaron con este movimiento político militar avanzar en el logro del reconocimiento internacional como fuerza beligerante. Es decir, la legitimación de un conflicto de dos bandos homologados por el derecho internacional. Para esto se buscó la confluencia de varios factores. Por un lado la del control territorial de una zona inmensa, hasta hace muy poco tiempo en disputa por medio de las armas; por el otro el intento de aparecer como un ejército regular que toma un gran número de prisioneros, les respeta la vida y los entrega al enemigo, y por último la presencia de organismos y personalidades del mundo para homologar todo lo anterior en un acto con un despliegue propagandístico descomunal.Un diplomático europeo me dijo medio en broma que buscara entre los morrales de los guerrilleros una bandera y la partitura de un himno, porque dentro de los parámetros de las luchas territoriales en la nueva Europa los logros como el de las Farc son suficientes para la declaratoria de una república independiente.Es una exageración. En el caso nuestro, las Farc tuvieron en efecto el control sobre un área importante, pero fue el resultado de un pacto de circunstancias para facilitar la liberación de los soldados. A partir del momento en que termine el plazo acordado para el despeje las Fuerzas Armadas regresarán a esa zona para asumir de nuevo el control.Sin embargo nunca antes la guerrilla había doblegado al Estado de semejante manera. Antes habíamos vivido momentos parecidos en desarrollo de diálogos de paz que nunca funcionaron, pero jamás como resultado de una operación de guerra. Este es un antecedente que implica una circunstancia nueva, que no se puede ocultar en aras de no darle una importancia excesiva a la guerrilla.Se equivocan quienes piensan que este episodio es el comienzo de un proceso de paz. Las Farc han sido contundentes en que no dialogarán con este gobierno, y en desarrollo de esa afirmación están en el camina de cambiar sus postulados tradicionales. Para las Farc el respeto de las elecciones ha sido un principio fundamental, porque les conviene para la aplicación de la teoría de que lo útil es combinar todas las formas de lucha. La fuerza de los fusiles puesta al servicio electoral de sus propios candidatos ha sido una mezcla que le ha rendido innegables frutos a la guerrilla. Las voces que ahora se escuchan, sin la claridad necesaria, indican que las Farc van a dar la orden de sabotear las elecciones en aquellos lugares en los que tiene influencia o, al menos, la de separar las zonas y no permitir el ingreso de candidatos distintos a los de su interés. Eso cambia la movida, pues a pesar de que en las grandes ciudades las elecciones se desarrollen con normalidad, las división del país en elecciones podría hacer de esos comicios lo que los franceses llaman la elección imperfecta. Yo diría que el país debe caminar _combinando también las formas de lucha_ hacia un diálogo con la guerrilla, aunque es claro que la oportunidad está lejana. Pero no hay que olvidar que los pactos tienden a legitimar la situación al momento del acuerdo, y al paso que vamos cada día que pasa la situación se hace más desventajosa.
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