Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1995/07/31 00:00

EL JEFE DE LA OPOSICION

Mientras estudian si debe haber un jefe de la oposición, no ven que ya hay uno: el cura Hoyos.

EL JEFE DE LA OPOSICION

POR ANDAR OCUPADOS BUSCANDO un jefe de la oposición, los dirigentes políticos del país no se han dado cuenta de que ya apareció y que su título es indiscutible. Se trata del cura barranquillero Bernardo Hoyos. La propuesta de institucionalizar la figura del jefe de la oposición surgió de una discusión entre politólogos. Ellos piensan que esa jefatura entregada a los perdedores de las elecciones se convierte en un dique contra los excesos de las mayorías y ejerce una función fiscalizadora ante el gobierno y el partido de gobierno. Sus funciones serían, entre otras, las de controvertir las declaraciones del Presidente y de los grupos dominantes en el Parlamento y, de paso, la de convertirse en alternativa de poder hacia el futuro.
La discusión de esta modalidad dividió a la comisión nombrada por el presidente Samper para estudiar distintas reformas al Congreso. Para unos era legitimar el dominio de los dos grandes partidos y para otros la única alternativa verdaderamente democrática y civilizada de mantener las relaciones entre el gobierno y la oposición.
Lo grave fue que mientras discutían eso apareció el personaje que estaba desempeñando esas y muchas otras funciones de jefe de la oposición.
El indefinible cura Hoyos se convirtió de la noche a la mañana en interlocutor (privado y público) del Presidente de la República y de las mayorías del Congreso, y ha controvertido las declaraciones de uno y otros. sin dejar pasar un día en blanco. No sólo eso. La otra función que le quería dejar al jefe de la oposición la comisión de reforma política -ser alternativa de poder- es la que con mayor juicio se tomó Hoyos en menos de 15 días: todas las encuestas lo ubican ya entre los tres colombianos más opcionados a ocupar la Presidencia después de Ernesto Samper. Eso no significa que tal ascenso no se haya dado en medio de una farsa peligrosísima, a través de la cual el clérigo nos ha mostrado todas sus facetas en la plenitud de su contradicción: pacificador e incendiario, confesor y chismoso, defensor de la verdad y embustero. .. Pero guste o no guste, el hombre está ahí, firme, como el jefe indiscutible de la oposición.
La farsa consiste en que ni el cura es cura, ni se reunió como confesor de los jefes del cartel de Cali. La verdad, en cambio, está en que hay mucho dirigente político con el rabo pisado por los narcotraficantes (con recibo, firma y huella), y que la justicia colombiana depende de las confesiones de los narcos para poder condenarlos.
En teoría, no hay nada que beneficie más al Estado que el hecho de que un delincuente se entregue y no confiese nada. Eso significaría que la justicia, con todas sus pruebas, lo castiga con una condena ejemplar. Pero si la Fiscalía está diciendo que la entrega no vale sin confesión, lo que está reconociendo es que tiene poco o nada contra ellos. Y es ahí donde empieza a entenderse el valor del chantaje de Miguel Rodríguez a través de Bernardo Hoyos: si no les tienen pruebas y no los pueden obligar a confesar, lo mejor es negociar. Vaya aprieto.
Y cada día que pase en este ambiente, el ex alcalde de Barranquilla va a ganar más y más popularidad. El discurso moralista del hombre que dice que vio unos documentos cuya lectura lo llevó a la conclusión de que el establecimiento político es corrupto, no tiene pierde. Esa es la única afirmación sobre la realidad colombiana en la ue coinciden todos los ciudadanos comunes en todos los rincones del país.
Por eso, cuando el gobierno, los partidos políticos y las comisiones que se organicen para discutir el tema lleguen a la conclusión de que sí debe haber un jefe de la oposición, no van a tener que gastar mucho tiempo buscándolo. Lo difícil va a ser manejarlo.
Claro que, para ser realistas, esa no es la única oposición que hay en el país. La otra es la de las Farc y el ELN (otro cura en retiro, ¡qué coincidencia!), y para charlar con estos señores también está pidiendo pista el inefable Bernardo Hoyos.

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