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Opinión

  • | 2001/09/03 00:00

    El ‘Juancamilazo’

    Aunque Noemí es la gran damnificada, lo único bueno para ella es que ya nadie podrá acusarla de ser la candidata de Pastrana

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Cuando todo parecía indicar que el Partido Conservador podía terminar entrando a trancazos, pero al fin y al cabo entrando, a la campaña de Noemí Sanín, el ex ministro de Hacienda y embajador en Francia, Juan Camilo Restrepo, ha revuelto la política nacional lanzándose a la contienda presidencial.

(Por cierto: ¿qué tiene la embajada en París que ningún colombiano aguanta un año? Gloria Pachón le renunció a Samper al año. Néstor Humberto Martínez renunció al año para aspirar a la Alcaldía de Bogotá. Rodrigo Pardo renunció a los siete meses para dirigir El Espectador. Adolfo Carvajal renunció al año por problemas de salud. Y ahora Juan Camilo renuncia al año para aspirar a la Presidencia.)

No se equivoquen: detrás de esta jugada está, personalmente, el Presidente de la República, a pesar de que sus más allegados sostienen que la iniciativa fue del propio Juan Camilo, que dizque sorpresivamente llamó al gobierno desde París a ‘notificarle’ su decisión. Que no nos crean tan... ‘Mirandos Zapatas’.

Qué inspiró al Presidente permite dos interpretaciones: la más maliciosa, atravesársele a Noemí Sanín. O la altruista, evitar la extinción del Partido Conservador. A mí me gustan mezcladitas, porque si bien la segunda le asegura a Andrés un legítimo juego político como ex presidente, con la primera se estaría sacando un clavo.

Se ha sabido que al Presidente se le llenó la copa de su paciencia cuando oyó a través de la televisión que en su discurso de Cartagena, Noemí volvió a arremeter contra el actual gobierno y contra el Partido Conservador. Previamente habían mediado unas conversaciones de acercamiento y todavía la candidata contaba con la posibilidad, sin recibir oficialmente la adhesión (a lo que le tenía terror, porque desdibujaba su independencia), de provocar un ‘drenaje silencioso’ de conservadores hacia sus toldas para luego, en la convención del partido, lograr que la aclamaran: con lo que Fabio Valencia se habría convertido en el incontrovertible dueño del juego conservador.

Aunque Noemí es la gran damnificada con el ‘Juancamilazo’, lo único bueno para ella del episodio es que ya nadie podrá acusarla de ser la candidata del gobierno Pastrana. Pero no es la única damnificada. También le hace mella a Alvaro Uribe. Una reciente encuesta indica que antes de la aparición de Restrepo en escena, el 34 por ciento del Partido Conservador estaba dispuesto a votar por Noemí y el 27 por ciento por Uribe, mientras un 26 por ciento votaría por el candidato oficial del partido. Pero la tendencia de las encuestas —faltan las que ya están en campo, que podrían dar sorpresas— indican que Noemí necesitaba más los votos conservadores que Uribe, lo que coloca a este último más cerca de lo que se pensaba de la segunda vuelta. Y eso ha puesto nervioso a Serpa.

Pero las dudas van y vienen. ¿A qué horas Fabio Valencia, que fue jefe de debate de la campaña presidencial de Juan Camilo contra Pastrana hace cuatro años, termina metido en este enfrentamiento político con su ex pupilo? Respuesta posible: Dragacol.

¿Por qué el Presidente asume personalmente la misión de convencer a Juan Camilo de que se lance al ruedo, pero mantiene al ministro de Fabio Valencia, su hermano Ramiro, de asesor presidencial?

¿Qué aspira a hacer Juan Camilo con la candidatura conservadora: contentarse con obtener 500.000 votos y seguir jugándole a la existencia del partido? ¿Tirarle a sacar el millón de votos y obligar al que gane las elecciones a cogobernar con el conservatismo?

¿Y cómo resolver el dilema de la segunda vuelta: adhiriendo a Serpa, con lo que el conservatismo se convertiría en el insólito coautor del triunfo del oficialismo liberal, o a Uribe, con lo cual se le estaría dando una bofetada al presidente Pastrana en el tema de su política de paz? ¿Lanzarse de lleno a la oposición?

Es tan grave lo sucedido para Noemí que la semana pasada 18 de 74 parlamentarios conservadores movieron sus fichas para empantanar la convención conservadora impidiendo así que Juan Camilo sea su ganador. Porque va a hacer moñona: ungido en la convención, se quedará de jefe del partido y luego, muy seguramente, de jefe de la oposición.

No lograré entender jamás por qué Noemí no organizó una estrategia seria para atraer a los goditos. La única que parecía notarse fue la de insultarlos e irlos recibiendo por la puerta de atrás, y abrirle la de adelante a Fabio Valencia. Con la consecuencia de que el partido se polarizó y obligó a muchos conservadores a mostrar descontento con el movimiento de Noemí, lo que le dejó abierto el camino a un candidato auténticamente conservador —y por cierto de infinitas condiciones humanas e intelectuales— para tomar la decisión de recoger este descontento.

No hay duda, pues, de que con esta jugada se le dio a Noemí tratamiento de Twin Tower. Sólo que el avión no lo venía manejando un tal Iván sino un tal Juan.
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