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Opinión

  • | 2004/06/27 00:00

    El juglar ebrio

    Este exhaustivo trabajo de Hjalmar de Greiff es una maravillosa herramienta para los greiffianos, una obra de consulta obligada

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León de Greiff, con ese desdén irónico hacia las cosas propias y ajenas que siempre lo caracterizó, llamaba a sus libros "mamotretos", y a medida que salían los iba numerando. Los solos títulos de estos mamotretos son ya memorables y una muestra más de su inagotable creatividad verbal. Tergiversaciones (1925), es el primero, publicado cuando el poeta tenía 30 años. Luego vendrían el Libro

de signos (1930), Variaciones alrededor de nada (1936), cuya última parte es el maravilloso 'Libro de relatos'. Después salen las Prosas de Gaspar (1937), Fárrago (1954), con nuevas rondas de 'Fantasías de nubes al viento' y Velero paradójico (1957). Su último mamotreto de poesía publicado es Nova et Vetera (1973), esto sin contar, obviamente, las numerosas antologías y la bellísima edición, en papel sueco, de sus Obras completas (1960), realizada por Aguirre, insólito y elegante editor.

Después de la muerte del gran poeta antioqueño, en 1976, se han publicado algunas traducciones de sus versos, nuevas selecciones y antologías de sus prosas y poemas, y en particular Hjalmar de Greiff ha venido recuperando poco a poco, de entre el maremágnum de papeles y manuscritos de su padre, versiones, variantes, poemas inéditos y fragmentos inconclusos. Ahora la Universidad Nacional publica en tres volúmenes -que sumados dan 1.985 páginas- la apabullante Obra poética (que esta vez sí podemos atrevernos a llamar completa) de quien es para mí el más grande de los poetas colombianos.

Decir "el más grande" o "el mejor" no importa mucho. La poesía no es un maratón en el que alguien llega de primero o de quinto. A otros les gustará más Silva, Aurelio Arturo, Gaitán Durán o el 'Tuerto' López. Estos pedestales muchas veces los dictan el temperamento de los lectores o su lugar de nacimiento. Porque contra la idea de los "poetas universales", yo creo en realidad que todos los poetas son locales y hablan con una voz y unos referentes que solamente acaban de entender a fondo quienes hablan con su mismo acento. De León de Greiff se ha dicho que cierto exotismo de su léxico y parte de la dificultad de sus poemas se deben a sus orígenes escandinavos. No creo: ese origen es remoto (los bisabuelos) y el tono de su poesía es nítidamente antioqueño, o si lo prefieren anti-oqueño, que es una manera muy paisa de soportar la lotería de ese nacimiento.

Nunca una Obra poética completa puede ser pareja, siempre perfecta, cada hoja del mismo nivel. Incluso a ratos dormita el buen Homero, y en la opera omnia de cualquiera (Quevedo, Lope, Garcilaso, el que sea) hay caídas de gusto, distracciones, trozos de aburrimiento. Un gran poema, como una demostración algebraica, se logra por sucesivos intentos, fracasos y aproximaciones. Además la poesía, como el ajedrez y las matemáticas, suele dar lo mejor de sí durante la juventud de sus cultores, por lo que en estos libros totales los primeros tomos suelen ser mejores que los últimos. Lo propio ocurre con León de Greiff, que hacia 1940 ya había escrito lo más memorable de su riquísima obra, salvo algunos grandes chispazos posteriores que confirman su genialidad sin añadirles demasiadas páginas a sus poemas más necesarios.

Este paciente y exhaustivo trabajo de Hjalmar de Greiff es una maravillosa herramienta de estudio para los greiffianos, una obra de consulta obligada para eruditos y académicos, pero al mismo tiempo sería un festín excesivo, empalagoso, para quienes se quieran aproximar por primera vez a la deslumbradora obra de Leo Legris (y a la turbulenta turba de los demás nombres con que escribió De Greiff: Harald el Obscuro, Ramón Antigua, Gaspar de la Noche, Sergio Stepansky, Matías Aldecoa, Erik Fjordson.). Para los principiantes puede bastar la antología de Germán Arciniegas, o la del mismo Hjalmar. Pero para quienes deseen conocer a fondo la obra total de nuestro "juglar ebrio", para quienes quieran hurgar en el laboratorio poético de su mente, con sus dudas, correcciones, interpolaciones, borrones, este gran esfuerzo editorial de la Universidad Nacional será un instrumento imprescindible.

Decía Borges que la más alta poesía aspira a la condición de música. Muchos poemas de León de Greiff consiguen alcanzar ese ideal altísimo. "Su voz es como el eco de inauditas / músicas, ni en los sueños sospechadas". Lo comprobarán si lo oyen o lo leen en voz alta. Es uno de los poetas más raros, eufónicos e incluso cacofónicos de nuestra lengua. Léanlo, reléanlo, y acabarán diciendo, como tantos, "Laus Leo", es decir, alabado sea León.
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