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Opinión

  • | 2011/07/22 00:00

    El juicio a Andrés Felipe Arias

    No celebramos la parajusticia, venga de donde venga; no queremos acrecentar más nuestro resentimiento: celebramos que se haga justicia.

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La Copa América nos dejó el sinsabor de la eliminación y, en general, la percepción del fútbol como un deporte poco relacionado con la justicia. Pero también nos sirvió para apreciar cuán dispuestos estamos los colombianos a seguir creyendo, una y otra vez, en nuestra selección, en lo nuestro. Así ganamos por partida doble: no perder nunca la capacidad de ilusionarnos nos sirve para adquirir mayor consciencia de aquello que nos hace falta, y para que –desilusión tras desilusión– logremos que nuestros deseos terminen convirtiéndose en verdaderas expectativas.

¿Hace cuánto que no soñábamos de esa forma? Hasta donde recuerdo, y ya en el plano de la política, desde el auge de la Ola Verde. Que fue otra desilusión, es cierto, pero que también nos sirvió para madurar nuestros criterios de elección popular, al sacar a flote la carencia de escrúpulos de algunos de nuestros dirigentes. Igual, seguimos soñando, porque tenemos buenas razones para hacerlo, para creer que sí podemos ser un país realmente viable.

De ello es muestra el gran júbilo que desde este martes en la mañana se despertó de nuevo en nuestro país. Esta vez a raíz de la decisión, por parte de la Procuraduría General de la Nación, de destituir e inhabilitar por un período de dieciséis años (muerte política) al exministro Andrés Felipe Arias. Un júbilo que se enfatizó ayer, una vez conocida la imputación de cargos de la Fiscalía General de la Nación.

Lo que no fue para menos. No obedeció al morbo de disfrutar con la desgracia ajena. Fue más bien una imputación histórica, realmente digna de celebrar. Porque al margen de la culpabilidad de Arias –que solo el juez podrá determinar–, con su magistral exposición la Fiscal Viviane Morales sentó un importante precedente: en Colombia, la justicia no sólo es para los de ruana, para delincuentes peligrosos y mandos medios, sino también para los de cuello blanco. Que son peores –enfatizó nuestra Fiscal–, porque dados sus privilegios de preparación y posición social, no sólo tienen mayor consciencia y el deber de evitar los delitos en los que incurren, sino también mayor capacidad para causar enormes e irreparables daños.

Es una falacia, por supuesto, defender que a mayor preparación y estrato, mayor debe ser la moralidad. Pero también es una sana exigencia en un país en el que los peores ladrones suelen ser de clase alta. De ahí el júbilo. De ahí que en las redes sociales el nombre de Falcao, ayer, se haya cambiado por el de Morales: “Te amo, Viviane Morales”, confesaban algunos; “Así debe ser la madre de mis hijos”, exigían otros. Euforia, claro, pero no deja de ser grato que además de ilusionarnos con el fútbol o con promesas de candidatos, también estemos dispuestos a hacerlo con la justicia; a exaltar a quienes realmente buscan que se cumpla.

Celebramos, con toda razón. Es cierto que aún falta demasiada justicia con respecto a muchos de los delitos cometidos en el gobierno anterior, como las chuzadas y tantos otros casos de corrupción. Es cierto que contamos con un Presidente que nos pide enamorarnos de la ética, mientras nos hace goles en materia de educación, del legítimo derecho a la protesta y a la libre información; mientras hace lo posible para que todos los partidos hagan parte de su gobierno y para que, en consecuencia, haya menos oposición. Es cierto, sí, que los violentos no dan su brazo a torcer.

Pero eso no es excusa para no creer en nuestra justicia, para alimentar la parajusticia. De ahí que sean completamente reprochables las filtraciones a Álvaro Uribe Vélez, en Twitter, y a Juan Manuel Santos, en Facebook. Porque una cosa es sentar precedentes echando abajo páginas oficiales y otra, bien distinta, es invadir la privacidad de las personas, trátese de quien se trate. Tras casi cincuenta años de conflicto, en Colombia urgen soluciones políticas y pacíficas, no nuevas formas de revolución.

No celebramos la parajusticia, venga de donde venga; no queremos acrecentar más nuestro resentimiento: celebramos que se haga justicia. Porque bien sabemos que en toda guerra, en toda revolución, el siguiente siempre golpea más fuerte, es cuestión de sentarse a esperar.

Que sean pues nuestras instituciones las que se encarguen de juzgar a quienes transgreden la justicia. Confiamos en ellas. Celebraremos, como hoy, siempre que así suceda. Y exaltaremos, como exaltamos hoy a la Fiscal Viviane Morales, a quien también tenga la valentía de hacerlo.

*Twitter: @Julian_Cubillos

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