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Opinión

  • | 2008/05/31 00:00

    El libro de Luis Eladio

    Luis Eladio confiesa que el problema de la sexualidad durante el secuestro es muy difícil de resolver y que los guerrilleros les llevaban películas porno.

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Me devoré en tres horas las 256 páginas, con el testimonio de Luis Eladio Pérez sobre sus siete años, ocho meses, 17 días y nueve horas de secuestro, recopilado y ordenado de manera muy periodística por Darío Arizmendi.

Particularmente me impactó el respeto y la admiración con la que su autor se refiere a la conducta de Íngrid Bentacourt, a la que dedica gran parte de su libro. La guerrilla los juntó por cerca de tres años. No hay duda, por el testimonio de Luis Eladio, de que Íngrid se comporta en su secuestro como una mujer admirable, valiente, leal, solidaria, a la que no sólo resienten sus propios compañeros de cautiverio al haberse convertido en el símbolo mundial de los demás secuestrados, con la queja de que entre los medios de comunicación y en las negociaciones internacionales ella desplazó el interés por la liberación de los demás; este favoritismo por su liberación también lo resienten los mismos guerrilleros, que la consideran una oligarca y burguesa a la que se complacen haciéndole más difícil su vida en el secuestro.

Sin duda a Íngrid le esperan grandes momentos si logra sobrevivir a su cautiverio. Producirá su propio libro, que desde ya está llamado a ser un best seller mundial. Venderá los derechos para una película que fácilmente sería considerada de ficción si no se tratara de una historia de la vida real, que incluirá ingredientes como el terror ante la incertidumbre y la muerte, el amor, la desesperación, la supervivencia en la selva y la pasión por la vida. Entre los cautivos es la que mejor nada, más intensamente se ejercita, peor cose y peor aplica inyecciones. Y no sería raro que incluso saliera con ganas de seguir aspirando a ser Presidente de Colombia: ¿Hasta dónde será capaz de llegar esta mujer con tantas toneladas de carácter? Ojalá la ayude a seguir sobreviviendo esa rabia que lleva en el corazón.

No es que el libro de Luis Eladio traiga muchas cosas nuevas. Por ejemplo, mantiene en secreto, en espera de que sea Íngrid la que cuente cuando la liberen, y si así lo quiere, por qué se produjo el rompimiento con Clara Rojas y por qué llegó el momento en que no pudo resistir su compañía.

En lo que a él respecta, no tiene ningún síntoma de tener síndrome de Estocolmo. Comparte la tesis de que el secuestro es un acto terrorista, por lo que las Farc sí son un grupo terrorista. Relata cómo las abastecen de explosivos y de armas desde Ecuador, y cómo varias veces lo pasearon por ese territorio.

Aborda con franqueza la división entre los políticos y los soldados y policías secuestrados, y las dificultades de esa convivencia. Acepta que dos veces estuvo al borde del suicidio. Cuenta que el tema sexual es un problema muy complicado de resolver en esa soledad y que los guerrilleros les llevaban cine porno a la selva. Que a las mujeres las filmaban haciendo sus necesidades, lo que utilizaban como material pornográfico. Que lo aterraba la posibilidad de perder a su esposa. Que ella y sus hijos sufrieron de un total abandono económico durante los primeros años de su secuestro. Que muchos amigos no volvieron a aparecer en estos siete años.

Que la vida en la selva se reduce a esperar en un pequeño radio el programa de La Luciérnaga y las Voces del Secuestro. O a planear un intento de fuga, como efectivamente lo hicieron Íngrid y él, narrado con tanta precisión en los detalles, que uno como lector queda física y mentalmente agotado. Según Luis Eladio, la expresión de los rostros de los guerrilleros que lo tuvieron cautivo es de desaliento, desánimo, resignación y falta de ilusión, producto de que también están secuestrados, pero mientras un secuestrado conserva hasta el final la ilusión de que será liberado, la deserción de un guerrillero es una condena a muerte.

En fin, es un libro que uno se devora aunque no sea ni el primero ni el último libro testimonial de un secuestrado.

Su lanzamiento coincidió con la noticia de la muerte del jefe de sus secuestradores. Según Luis Eladio, Marulanda era para ellos "un dios, el respeto absoluto, no había nada diferente a su palabra. Le limpiaban las botas, lo cargaban, le acomodaban la silla, le ponían una alfombra, unos cojines, unas tablas para que no pisara el barro. Así lo hacían 'Jojoy', Cano, todos los del Secretariado". Pero, irónicamente, jamás fue capaz de ponerles la cara a sus secuestrados.

¿Qué rumbo tomarán las Farc ahora que perdieron a su dios?

ENTRETANTO... ¿Con esa técnica que utilizó para grabar el video en el que confirma la muerte de 'Tirofijo', no será que el futuro de alias 'Timochenko' está como reportero en el tercer canal de televisión?
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