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Opinión

  • | 1995/08/28 00:00

    EL LIO

    Medina se equivocó por hablar demasiado pronto. Serpa, por hablar demasiado. Y Samper, por hablar demasiado tarde.

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"ESPERAMOS EL CONCEPTO DEL SEÑOR FIScal y analizaremos entonces en ese momento quién debe renunciar, si yo, porque se me compruebe que cometí alguna falta, o ella, por su ligereza y falta de criterios al escribir sobre un tema que ni conoce ni domina". (Santiago Medina, en carta a esta colurnnista, publicada en la revista SEMANA en julio 5 de 1994) .
"La campaña fue absolutamente transparente". (Horacio Serpa, el jueves pasado, minutos después de haberse posesionado como Presidente encargado de Colombia).
"Si se recibieron dineros del narcotráfico en mi campaña, fue a espaldas mías". (El presidente Samper, en su alocución televisada del jueves).
En estas tres declaraciones veo los siguientes problemas: el ex tesorero Santiago Medina se equivocó por hablar demasiado pronto. El presidente encargado Horacio Serpa se equivocó por hablar demasiado. Y el presidente Samper se equivocó por hablar demasiado tarde.
Para comenzar, Medina jamás debió ser tesorero de la campaña de Samper. La equivocación inicial radicó en nombrar una persona de un perfil tan opuesto al que necesitaba el cargo de manejar los recaudos de una campaña presidencial amenazados de manera tan desesperante por infiltraciones de dineros del narcotráfico, nombramiento en el que más bien primó la reconocida capacidad de Medina de 'levantar plata' y no la garantía de una personalidad menos buena para eso pero más consecuente con las responsabilidades morales de una labor tan delicada.
Medina era un hombre sospechoso. Jamás se supo bien cómo hizo su inmensa fortuna, cómo sufragaba sus conocidas extravagancias, quiénes formaban el grueso de la clientela de su almacén de muebles, por qué se retiró de Ecosalud, en qué consistieron las 'malas experiencias' que la campaña gavirista del 90 tuvo con Medina en el manejo de unos cheques, por qué la campaña de Samper no atendió las advertencias que en este sentido le hicieron los de la campaña de Gaviria, y por qué persiguió tanto el cargo de tesorero de Samper, cuando es tan aburrido eso de trabajar pidiendo plata.
Pero hay que admitir que equivocarse en este nombramiento no implica de ninguna manera la intención de colocarlo ahí para que pasara lo que pasó, y dejara colar lo que se coló. El delito por el que se investiga a Medina es el de ser agente del narcotráfico, y no el de ser agente de la campaña de Samper, que no es ningún delito, aunque la opinión tienda a confundir las dos cosas. Este episodio, en lo que a Medina respecta, podría terminar, pues, en que con intenciones correctas se nombró a la persona equivocada, para el cargo equivocado, con resultados obviamente equivocados.
En cuanto a Horacio Serpa, es inaudito que minutos después de la alocución del Presidente, e instantes después de haber asumido la Presidencia encargada, se atreva a decir que "en la campaña todo se manejó transparentemente, la campaña no tiene nada que ocultar, la campaña que llevó a la presidencia al doctor Samper cumplió con todas las exigencias, tuvo un control de tipo ético sobre las finanzas y las actividades que se cumplieron en su desarrollo, de manera que no tenemos la más mínima preocupación sobre ese particular". (Jueves, Noticiero de las 7). Es difícil sostener que si el tesorero de una campaña recibió dineros del narcotráfico estos apelativos puedan sostenerse, así lo hubiera hecho bajo su propia responsabilidad y a espaldas de los demás. Una cosa es que el candidato y el director de la campaña desconocieran, como lo aseguran, las andanzas financieras de Medina. Pero caray. El ministro Serpa debería mostrarse menos entusiasmado con los adjetivos que usa, si tenemos en cuenta que no hay manera de negar que en alguna medida, y seguro que sin él proponérselo así, Samper llegó a la Presidencia de la República ayudado por los dineros del narcotráfico recogidos por Medina.
En cuanto al presidente Samper, pienso que se demoró demasiado en reconocer la posibilidad de que esos dineros hubieran ingresado a su campaña, así hubiera sido en contra de su voluntad. Pero finalmente lo hizo, y siento que es mi deber como colombiana creerle que se hizo a sus espaldas. Que sea la justicia la que se encargue de demostrar lo contrario. Un candidato presidencial no puede encargarse de la contabilidad de una campaña, sino de dictar las directrices que deben seguir quienes recaudan esos dineros. Es claro que estas no fueron obedecidas, y como consecuencia, el narcotráfico terminó sufragando la campaña de Samper.
Siempre podrá decirse sobre este punto, que una campaña es el microcosmos de un futuro gobierno. De su organización surge una inercia, y también surgen unas personas, que luego serán aprovechadas en ese futuro gobierno, y que por consiguiente las campañas, medidas en cuanto su organización y equipo, ponen a prueba las capacidades del futuro presidente. El tesorero de la campaña preso constituye un duro cuestionamiento en el proceso de este raciocinio.
Pero como en todo delito, hay que buscar si existe alguna relación entre el dinero pagado y los beneficios obtenidos. Con casi todos los cabecillas del cartel presos, resulta difícil decir que se cumplió la relación costo-beneficio. Porque lo que buscaban los narcodineros no era llevar a Samper a la presidencia, sino hacer un presidente amigo, comprándolo o chantajeándolo. La aparición del Presidente por televisión tenía por objeto aclarar que no lograron ninguna de las dos cosas, y creo que esto es un factor importante para evaluar la inocencia de Samper.
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