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Opinión

  • | 2017/06/08 16:38

    El “Llamado de Macron”

    “Make our planet great again” (Hacer grande nuestro planeta otra vez),  fue el colofón  de la versión en inglés del solemne discurso pronunciado por el presidente  de Francia, Emanuel Macron, como respuesta a la decisión del presidente Donald Trump de retirar a ese país del acuerdo sobre cambio climático.

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En su intervención,  ampliamente reproducida  en las redes sociales y por los más importantes medios en los Estados Unidos,  el Jefe de Estado francés manifiesta su respeto por  la decisión de un país soberano, pero  pone en evidencia  sin ambages el tremendo error en que incurre esa gran nación, hasta ahora referente en ese y otros temas para el mundo, al tiempo que alerta sobre las nefastas consecuencias que traerá para sus propios intereses y los de todos los habitantes de la tierra.

Por ello  invita a los científicos, a los ingenieros,  a los empresarios y a los ciudadanos comprometidos  de  ese  país  y del mundo, a no desfallecer y a mantenerse en la cruzada mundial para defender el planeta, encontrando en Francia una segunda patria para trabajar y concebir soluciones concretas que lo protejan.

Por supuesto este episodio, en momentos en que se  configuran  nuevos equilibrios y liderazgos  en el mundo, se ofrece al país galo  como una buena ocasión  para reivindicar  su  "vocación para liderar los combates que comprometen el destino de la humanidad", así como su papel, junto con Alemania  en el fortalecimiento del proyecto Europeo y todo lo que él comporta  como modelo de sociedad.  

Para nosotros, este llamado debería  ser  considerado como una oportunidad para interrogarnos, no solo  sobre  nuestro compromiso  para enfrentar el cambio climático -el acuerdo de Paris apenas hace su tránsito legislativo en el Congreso de Colombia, y  estamos en mora de hacer un sincero y profundo examen de conciencia sobre nuestro real entendimiento del desarrollo sostenible-, sino también sobre la manera como debemos situarnos en este nuevo escenario  mundial, y  sobre cómo podremos marcar clara y eficaz distancia con decisiones que ponen en evidente riesgo nuestro destino.  

Las relaciones internacionales de Colombia  han  girado en torno a diferentes ejes  que han servido para orientar e interpretar  su actuación en el mundo. Del  respice polum -"mirar hacia el norte”- acuñada por  Marco Fidel Suarez, pasando por el  respice similia  -“mirar a tus semejantes”-,  en tiempos del Presidente Alfonso López Michelsen,  hasta el   respice omnia  -"mirar el universo”- al que se ha aludido más recientemente, atendiendo a las características del mundo globalizado y  la presencia de nuevos actores  como China e India, sin olvidar nuestro entorno latinoamericano.

Pareciera que, sin desconocer  la innegable relación privilegiada con los Estados Unidos, dichos ejes deberán ser conjugados de manera diferente a como lo hemos hecho hasta ahora. En cualquier caso, no cabe duda de que debemos mirar mucho más hacia el resto del mundo y que, en particular en este caso,  el mensaje que viene de París, debería hacernos considerar un nuevo eje, que podría  designarse, para seguir en la tradición de las referencias latinas, como “respice terra”.

Razones de sobra tenemos, comenzando por los innumerables mandatos que conforman la llamada constitución ecológica, de la que tanto  se habla entre nosotros,  fruto del reconocimiento de nuestra riqueza natural y de nuestro sitial privilegiado dentro de los países más biodiversos del planeta, lo que no puede quedar convertido en pocos años, si no actuamos responsablemente, en mera añoranza.

Bien vale citar  aquí la  frase de Camus: “Indudablemente, cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no podrá hacerlo. Pero su tarea es quizás mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga”.

No es pues  la primera vez que desde Francia  se hace un llamado que nos atañe en este sentido, o que nuestros intereses se cruzan con los de esa nación. Son muchos los lazos culturales, jurídicos, políticos  y cada vez más, económicos,  los que nos aproximan. En este caso sin embargo, es una causa común al conjunto de los habitantes del planeta la que nos acerca, pues como lo recuerda el mismo Macron,  jugando con el lema de campaña del actual presidente de los Estados Unidos, "¡es responsabilidad de todos hacer grande nuestro planeta otra vez!”, y agregaríamos nosotros, aun a pesar del señor Trump.

*Profesor de la Universidad del Rosario. Ex magistrado del Consejo de Estado. 

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