Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2007/05/05 00:00

El lugar equivocado

Muchos congresistas demócratas ven a uribe como el hombre de Bush en suramérica. Esto, que era un activo, se convirtió en un peso en contra

El lugar equivocado

Ni el debate de Petro, ni la para-política, ni el informe de Los Angeles Times sobre el general Montoya, tienen que ver con un posible fracaso del Tratado de Libre Comercio en el Congreso de Estados Unidos. Las decisiones de los congresistas norteamericanos son consecuencia del juego interno del poder en ese país y no de la situación de Colombia. Hay una lucha entre el Partido Republicano, dueño del gobierno pero minoritario en el Congreso, y el Partido Demócrata, con mayoría en las Cámaras y con grandes posibilidades de ganar la presidencia en 2008.

Desde que existe, el Partido Demócrata ha abogado por la protección de las compañías y los trabajadores de Estados Unidos, frente a la competencia extranjera. En contraste, los republicanos han sido partidarios del libre mercado.

Sin embargo, el TLC con Colombia no representa un peligro grande para empresas o trabajadores estadounidenses. Por el contrario, podría ser ventajoso para muchas compañías de ese país. El gobierno de Colombia no ha logrado explicar el provecho económico para Estados Unidos del tratado, de pronto porque si lo explica bien, saldrán a flote las desventajas para algunos sectores colombianos.

En cambio, el gobierno colombiano se ha concentrado en exponer la conveniencia política de "apoyar a Colombia", como el aliado incondicional de Estados Unidos en un continente que tiende a la izquierda.

La estrategia de politizar el tema económico tiene ventajas y riesgos. Las ventajas consisten en marcar, sin mencionarlo, un contraste con Venezuela y las últimas medidas del presidente Hugo Chávez. Las nacionalizaciones venezolanas empiezan a encender alarmas en todos los sectores de Washington.

Al mismo tiempo, la politización del tema supone un riesgo. Liga el TLC con Colombia a las decisiones del presidente Bush.

La política exterior del gobierno Bush ha sido blanco de grandes cuestionamientos. Hace unos días el Congreso americano aprobó un proyecto que establece plazos para el retiro de las tropas de Irak, Bush vetó ese proyecto, precisamente la víspera de su desayuno con el presidente Uribe. "Una fecha para la retirada es una fecha para el fracaso", dijo Bush el día anterior.

Mientras Uribe posaba para la foto al lado del impopular presidente de Estados Unidos, la presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi, declaraba: "El Presidente se ha vuelto sordo a los reclamos del pueblo estadounidense".

Aunque nada podía hacer el gobierno de Colombia, la coincidencia de la visita del presidente Uribe con este ambiente de crispación política, volvió más difícil lo que de por sí era complicado.

La declaración de Bush sobre la "necesidad estratégica" del Tratado de Libre Comercio con Colombia, no podía caer bien en un Congreso de oposición. Los demócratas confían muy poco hoy, en el olfato estratégico de Bush.

Muchos congresistas demócratas han visto al presidente Uribe como el hombre de Bush en Suramérica. Esto que era un gran activo hasta hace un tiempo, se convirtió en un peso en contra en esta ocasión.

Esta vez el lobby bipartidista no ha encontrado escenario en Estados Unidos. A pesar de que el gobierno Uribe contrató una compañía muy experimentada, de la que hacen parte ex funcionarios de las administraciones demócratas, no ha sido posible que cambie esa percepción. Un veterano periodista de Capitol Hill piensa que en el ánimo de los demócratas puede pesar más el apoyo de Uribe a la guerra de Irak, que cualquier tema interno de derechos humanos.

Casi ninguno de los factores que contarán a la hora de la aprobación del TLC depende del gobierno de Uribe, mucho menos de la oposición colombiana.

¿Si el TLC queda bloqueado y aplazado, el Plan Colombia correrá la misma suerte? No necesariamente. El Plan Colombia es un negocio millonario para empresas productoras de armamento y fumigantes en Estados Unidos. Ellos sí tienen una influencia bipartidista en el Congreso.

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