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Opinión

  • | 2006/02/12 00:00

    El manifiesto burocrático

    La bonanza de las relaciones entre el gobierno y las dos cámaras ha alcanzado hasta para darle nuevos y millonarios privilegios salariales a los secretarios

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Si no fuera porque ya se sabe quién va a ganar las elecciones, esta campaña podría resultar sorprendente, e incluso divertida. Bastaría con comparar lo prometido por Álvaro Uribe, hace cuatro años, con las realidades de su administración. El plan de gobierno -que se debía ejecutar antes de agosto de 2006- fue llamado El Manifiesto Democrático. Sus '100 puntos' eran a la vez diagnóstico y remedio para todos los males de Colombia. Entre esos males, los más protuberantes eran la corrupción y la politiquería. Por ejemplo, el punto 6 señalaba: "El Estado burocrático y politiquero ha engañado al pueblo con un discurso social que no ha cumplido porque los recursos se han ido en clientelismo y corrupción". Hasta ahí todo es cierto. Lo grave es que después de 40 meses de gobierno Uribe, esa situación sigue igual. Los politiqueros de siempre y sus familiares han recibido las más apetitosas posiciones del Estado. Embajadas y consulados han sido la caja menor para pagar favores electorales y comprar apoyos del Congreso. Para nombrar unos pocos, tienen familiares en la diplomacia: Gustavo Dájer Chadid, Miguel Pinedo Vidal, Fernando Londoño Capurro, Carlos Holguín Sardi, Álvaro García Romero, Piedad Zuccardi, Alberto Santofimio, José Name a quien le nombraron a su hija Margarita Rosa embajadora alterna en Nueva York, cuando su otro hijo, José David, tuvo que retirarse del consulado en la misma ciudad para aspirar a la curul de su padre. Cuando el columnista Daniel Samper reveló la lista completa, el Presidente anunció que no haría más nombramientos políticos en el servicio exterior, pero esta semana Álvaro Pava Camelo fue designado embajador en Perú. Contra la corrupción ha hecho cosas parecidas. Decía el manifiesto uribista: "Necesitamos salvar el Seguro Social. Lo destruyó la politiquería, no la Ley 100. No hay que entregarlo a los directorios políticos". Punto 60 que no se cansan de leer en Barrancabermeja, ahora que la representante a la Cámara Yidis Medina -dueña del voto que a última hora salvó la reelección- maneja el Seguro en esa región. Gente de su confianza está al frente de la clínica Primero de Mayo. La otrora tímida Yidis frecuenta la entidad y maneja desde allí otras prebendas que le llegaron después de su desinteresado cambio de opinión. Afirmaba también el candidato Uribe en su manifiesto que "La presidencia será austera para dar ejemplo". En desarrollo de ese punto 7, hace unas semanas el Presidente firmó un decreto ordenando que sus asesores y secretarios reciban cuatro salarios más al año. Esto es un aumento del 25 por ciento en los ingresos de sus inmediatos, del que también gozarán ministros y viceministros. Vaya austeridad. Austeridad parecida a la que prometía para el funcionamiento del Congreso. Aseguraba el punto 18: "El número de congresistas se debe reducir de 266 a 150. Sin privilegios salariales, ni salarios exorbitantes. Un congresista español devenga siete millones de pesos, uno colombiano gana el doble". El número de congresistas sigue siendo el mismo. Sus salarios se han reajustado puntualmente. Y los gastos del Congreso de mayoría uribista van en ascenso. Un comunicado de la Casa de Nariño, del 16 de octubre de este año, reporta con orgullo partidas adicionales para el Senado y la Cámara por 52.500 millones. La bonanza de las relaciones entre el gobierno y las dos cámaras ha alcanzado hasta para darles nuevos y millonarios privilegios salariales a los secretarios del Congreso, tan importantes para la maquinaria legislativa. El mismo comunicado de Palacio anuncia que "se acogió una proposición para dar una prima especial a los secretarios y subsecretarios de las 14 comisiones del Congreso". La prima especial en realidad son cuatro. Treinta y dos millones de pesos anuales en promedio, adicionales a los ocho mensuales que ya ganan. Más de lo que devenga un congresista español, si nos atenemos a los 100 puntos. El discurso ha sido uno, y el gobierno, otro. El próximo 7 de agosto, en su segunda posesión, el presidente Uribe podrá advertir -con todo derecho- que muchos de los problemas que afrontará provienen de la administración anterior. Su propia administración.
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