Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2006/09/02 00:00

El mapa del fracaso

El Plan colombia podría haber funcionado si se hubiera aplicado con la misma severidad en todas las zonas coqueras del país

El mapa del fracaso

En Colombia ha pasado inadvertida una de las más importantes informaciones del artículo del New York Times sobre los pobres resultados del Plan Colombia. Se trata de un mapa que muestra los cambios en la distribución de los cultivos de coca en los últimos años.

El mapa, basado en los seguimientos satelitales del gobierno de Estados Unidos, señala tres tipos de zonas. Las primeras son las áreas en las que los cultivos ilícitos han sido abandonados. Las segundas corresponden a los lugares en los que las plantaciones de coca han permanecido estables, y las terceras son las regiones en las que han aumentado los cultivos existentes y han aparecido otros nuevos.

Cuando alguien cruce ese mapa con las zonas de acción de las Farc, del ELN y de las AUC, se dará cuenta inmediatamente de que los cultivos de coca han permanecido estables o aumentado en las regiones controladas por los grupos paramilitares.

Arrancando de norte a sur, la primera mancha que muestra plantaciones coqueras en auge está en la Sierra Nevada de Santa Marta. Una región que, durante los años de aplicación del Plan Colombia, ha permanecido bajo el control del llamado Bloque Resistencia Tayrona de las Autodefensas, liderado por Hernán Giraldo Serna.

Siguiendo hacia abajo en la geografía colombiana, se encuentra un área más en la que las plantaciones de coca han crecido. Es la región del Cesar en la que opera el Bloque Norte de las Autodefensas comandado por Rodrigo Tovar Pupo, alias 'Jorge 40'. En este caso específico los cultivos han aumentado el 24 por ciento en el último año, es decir coincidiendo con la desmovilización del frente paramilitar.

El mapa sigue entregando sorpresas. De acuerdo con las fuentes del Departamento de Estado y la Oficina nacional de política para el control de las drogas (Ondcp), el sur de Colombia no es ya la zona más grande de cultivos ilícitos. Hoy, la mayor área coquera se extiende por los departamentos de Bolívar, Sucre, Córdoba y el norte de Antioquia.

La misma región en la que han operado el Bloque Central Bolívar, bajo las órdenes de 'Ernesto Báez' y Julián Bolívar; el Bloque Mineros, de propiedad de Ramiro 'Cuco' Vanoy; el Bloque Héroes de Tolová, uno de los ejércitos de 'Don Berna' y las Autodefensas de Córdoba de Salvatore Mancuso.

También han crecido los cultivos ilícitos en el Magdalena Medio, región de Arnubio Triana, alias 'Botalón', y Ramón Isaza. Lo mismo ha pasado en la zona de Arauca que ha estado bajo el control de los mellizos Mejía Múnera y de Heiner Arias, alias 'Julián', líderes del Bloque Vencedores de Arauca.

Otro tanto viene sucediendo en el área de influencia del Bloque Pacífico, comandado por el extraditable Francisco Javier García, alias 'Gordo Lindo'. El área coquera de Nariño parece haber prosperado durante los años del Plan Colombia, la mancha roja que señala los cultivos nuevos es creciente en los dominios sureños de Carlos Mario Jiménez o Javier Montañez, alias 'Macaco'.

Mientras el gobierno fumiga la Sierra de La Macarena, muy cerca de allí, prosperan las plantaciones de coca que están en la zona de influencia del Bloque Centauros de las Autodefensas. Este frente paramilitar volvió al control de Vicente Castaño, después del asesinato de Miguel Arroyave, 'el señor de los químicos', quien lo había comprado para ganar el estatus de paramilitar.

El mapa parece contradecir a quienes creen que las fumigaciones no han servido para nada. Las áreas de Putumayo y Caquetá, que han estado bajo el control de las Farc, registran la mayor cantidad de cultivos abandonados. La erradicación también ha tenido éxito en la porción de Norte de Santander, en la que ejercía su influencia el ELN.

El Plan Colombia podría haber funcionado si se hubiera aplicado con la misma severidad en todas las zonas coqueras del país, pero terminó marchando al compás de las conveniencias políticas.

Cuesta trabajo pensar que el gobierno y el Congreso de Estados Unidos no se hayan percatado de lo que está pasando.

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