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Opinión

  • | 1983/06/27 00:00

    EL MATERIALISMO DE LA FE

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Aunque llegó tres siglos tarde, el perdón de Galileo por parte de la Iglesia católica fue un importante paso en pos de la vital diferenciación entre los reinos de la ciencia y de la fe. En efecto, el valiente reconocimiento del Papa Juan Pablo II en relación con el hecho de que el catolicismo se había equivocado al condenar al científico italiano revela gran preocupación de la Iglesia por la actitud que debe comenzar a preparar frente a las virtuales hazañas y peligros de la tecnología que desencadenarán en el curso de los próximos cincuenta años la más dificil controversia ética de la historia de la humanidad.
En los avances que más esperanzados pueden tenernos, se cifran las causas potenciales de nuevos y graves rompimientos entre la ciencia y la esencia de la fe. Sin necesidad de echar los dados a largo plazo, en este mismo instante cientos de mujeres al rededor del mundo cifran sus esperanzas maternales en el revolucionario método de las madres sustitutas o en el proceso del bebé-probeta, censurados firmemente por la Iglesia como formas de manipulación de la vida que riñen con el ordenamiento natural y privan el hecho mismo de la concepción de toda connotación espiritual.
Pero esto es tan solo el comienzo de la controversia. El descubrimiento del DNA -el código genético básico de la vida- permite pensar que en muy pocos años los científicos podrán gobernar la herencia y los eventos biológicos. Sobre todo esta primera posibilidad desencadenará agitadas discusiones éticas, cuando los padres estén en capacidad de manipular la personalidad, la inteligencia y la apariencia física de las futuras generaciones. Es de presumirse entonces que el bienestar de la prole dejará de ser una esperanza alimentada por la fe para convertirse en una garantía médica, y como consecuencia de lo cual probablemente el cientifico reciba, en pocos años, parte de la credibilidad que hoy monopoliza la fe en Dios.
En el campo de la educacion, las cosas tampoco se presentan fáciles. El computador se encargará de transmitir el conocimiento a la gente en todas las edades de su vida y en cualquier lugar en el que se encuentre: en el hogar, en el carro, en el colegio, en la universidad, en la biblioteca o en el hospital. No parece probable que los circuitos integrados del computador sean invertidos en la realización de una labor pastoral tendiente a mantener en el alumno de cualquier edad estrechos vinculos con Dios, mediando la infinita capacidad del computador de almacenar y transferir información técnica y científica frente a un tiempo limitado del ser humano para asimilarla. También es factible entonces, que la humanidad le robe más tiempo al ejercicio de su espíritu para invertirlo, fatalmente, en el de su intelecto.
Pero donde quizás las relaciones entre la ciencia y la fe se tornan más inciertas es en la posibilidad de que la medicina garantice la longevidad. La primera consecuencia de una larga vida repercute en el seno de la familia, pues no puede ser lo mismo estar mal casado durante 25 años que durante 50. Se prevé, entonces un aumento en la tasa de dirvorcios que llevará a que los niños se eduquen bajo la tutela de una cada vez más creciente serie de conjuntos distintos de padres; existirán varias parejas de abuelos, docenas de hermanos medios y un nutrido grupo de tios que muy posiblemente ni siquiera se conocerán entre sí.
Lo único que parece estar a favor de la Iglesia es el hecho de que las futuras serán generaciones de solitarios y de individualistas, y por lo pronto la ciencia aún no parece estar preparada para resolverles el problema básico de la necesidad humana de afecto. No debe descartarse la posibilidad, entonces, de que en medio de todo este materialismo científico (entendido en su acepción futurista, no histórica), el hombre necesite más que nunca mantenerse fiel a una religión, que al fin y al cabo será la única que le permitirá creer en lo que no ve.
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