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Opinión

  • | 2010/01/23 00:00

    El mejor de los infiernos

    Lo que sí es cierto es que los magistrados que votaron a favor de la primera reelección han sido muy bien tratados por este gobierno.

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Hace cuatro años, la Corte Constitucional le dio el visto bueno a la primera reelección del presidente Uribe, en medio de sorpresivos cambios de votos y de rumores de ofrecimientos y dádivas burocráticas que nunca fueron explicados ante la opinión pública.

Vale la pena revivir el episodio, sobre todo ahora cuando el alto tribunal está acuartelado estudiando la constitucionalidad del referendo que le permitiría a Uribe aspirar a una segunda reelección.

En ese entonces, había en la Corte tres bloques: el primero, integrado por los magistrados Jaime Araújo, Jaime Córdoba y Alfredo Beltrán, siempre sostuvo la tesis de que el articulito que permitió la primera reelección era inconstitucional. En ese bloque causó consternación el carrusel de impedimentos, el cambio sorpresivo de ciertos congresistas a la hora de votar y las denuncias de Yidis Medina sobre la compra de su voto a cambio de su sí a la reelección presidencial -hechos corruptos que se han vuelto a repetir cuatro años más tarde al pie de la letra, pero sin que susciten la consternación de antes-. Un segundo grupo coincidía con el primero en las argumentaciones, pero no en las conclusiones, y estaba integrado por Álvaro Tafur, Clara Inés Vargas y Manuel José Cepeda. A grandes rasgos, ellos sostenían que sí había vicios de procedimiento, pero que estos se podían devolver al Congreso para que fueran subsanados. Por último, había un tercer grupo integrado por los magistrados Rodrigo Escobar, Marco Gerardo Monroy y Humberto Sierra. Para ellos era claro que no había vicios de procedimiento, que los temas de fondo no se podían tocar y que por ende el acto era constitucional. Este grupo defendía las mismas tesis jurídicas del gobierno.

Según la versión rosa de lo sucedido en aquel entonces, el héroe de la jornada habría sido el magistrado Escobar, quien habría conseguido seducir con sus demoledores argumentos a los magistrados integrantes del segundo grupo, quienes terminaron avalando su tesis. Al magistrado Manuel José Cepeda se le olvidaron de repente las 500 páginas de su ponencia inicial, en las que señalaba uno a uno todos los vicios de procedimiento que tenía el articulito, y terminó concluyendo que no existía ni uno. Clara Inés Vargas y Álvaro Tafur se sumaron raudos a la ponencia mayoritaria.

No quiero demeritar las dotes de gran jurista que le asisten al doctor Rodrigo Escobar. Sin embargo, no deja de ser una infortunada coincidencia que por esa misma época el gobierno de Uribe hubiera nombrado embajador en Francia a Fernando Cepeda, padre de Manuel José. Ni que a Álvaro Tafur se le hubiera nombrado una persona muy cercana en un tribunal de arbitramento, para no hablar de los rumores nunca comprobados que ponían en duda la independencia de la magistrada Clara Inés Vargas, cuya amistad con el ex procurador Jaime Bernal, promotor y financiador del referendo reeleccionista, y con el ex magistado Hernando Herrera, responsable de haber hecho mal la pregunta del referendo, levantó en su momento más de una suspicacia.

Lo que sí es cierto es que los magistrados que votaron a favor de la primera reelección han sido muy bien tratados por este gobierno. Rodrigo Escobar al salir de la Corte fue nombrado por Uribe representante del país ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Marco Gerardo Monroy fue postulado para ser juez de la Corte Penal Internacional, pero no resultó elegido. Y Clara Inés Vargas ha sido la eterna precandidata del gobierno en cuanta terna hay disponible.

Y mientras hay políticos en la cárcel acusados de haber vendido su voto para la reelección del Presidente a cambio de contratos y de prebendas, estos honorables ex magistrados se pavonean por los centros de poder como si fueran la reencarnación de la madre Teresa de Calcuta.

A los políticos como Noemí, Germán Vargas y Rafael Pardo, que hoy denuncian la falta de garantías electorales, hay que recordarles que fue la primera reelección que muchos de ellos votaron lo que produjo la falta de reglas que hoy reclaman. Y a los magistrados que declararon constitucional el articulito hace cuatro años, les debemos el despelote que hoy nos tiene al borde de la segunda reelección. A todos ustedes, muchas gracias. Han hecho de este país el mejor de los infiernos.

CODA: Un Pasquín, de Vladdo, se refirió a las ejecuciones extrajudiciales cuando el tema no aparecía en los medios, y en sus páginas se destapó por primera vez la amarga historia del alcalde de El Roble, amén de otras chivas que se me escapan. Larga vida a Un Pasquín en su cumpleaños.
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