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Opinión

  • | 2010/01/30 00:00

    El método

    Bastante corrompido moralmente está ya este país para que encima venga ahora el Presidente de la República a corromperlo todavía más con esa oferta de dinero por colaboración, propia de la moral traqueta.

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Desde sus tiempos de gobernador de Antioquia, cuando con el presupuesto a su cargo financiaba las siniestras 'Convivir' que sirvieron de disfraz a los grupos narcoparamilitares, el hoy presidente de la República Álvaro Uribe Vélez ha guardado el mismo estilo de tratante de feria: todo lo compra y todo lo vende, desde su propia investidura hasta una mano cercenada. Compra votos populares con cheques en los consejos comunales y votos parlamentarios con consulados al portador; compra respaldo político con contratos del Estado; compra "confianza inversionista" con subvenciones y zonas francas; compra apoyos diplomáticos con garantías tributarias; compra "Operaciones Jaque" con recompensas en metálico. Su modelo de conducta parece ser aquel compadre suyo -y por algo serían compadres- que habiendo sido nombrado superintendente de Notariado canjeaba notarías por vacas.

Recuerdo una frase del presidente Uribe de cuando le dio la ventolera de acabar con el narcotráfico por el método de comprar a los narcotraficantes:

-Eso es tome la platica y preste la marrana, chan con chan.

Como en las ferias de ganado.

Ahora anuncia en Medellín, y reitera desde Davos, que para ponerle coto al crecimiento de la criminalidad su gobierno va a reclutar entre los estudiantes de universidades y colegios una red de mil informantes de la policía pagados con una "bonificación" de cien mil pesos mensuales: una red de espías, de sapos, de soplones, de delatores a sueldo.

Los comentarios que he leído al respecto son casi todos (salvo el de Uribito) negativos, pero se refieren sólo al peligro que pueda existir para la seguridad de los delatores. Y me parece tan preocupante que esa sea la crítica como la propuesta misma del presidente Uribe. Pues lo que de verdad se pone en riesgo con su extravagante iniciativa es la ética. No la integridad física, sino la del espíritu. El primer magistrado de la Nación le dice a la juventud estudiantil que no hay que denunciar a los criminales como un deber ciudadano, sino delatarlos a cambio de una remuneración en efectivo.

Es -o debiera ser- escandaloso.

Pero es también, repito, el mismo método de las 'Convivir' que desembocaron en masacres y descuartizamientos, y en las alianzas criminales de la parapolítica. Es el mismo método de los campesinos informantes con que se inauguró la primera presidencia de Uribe, que condujo al apresamiento de miles de inocentes (y, supongo, de algunos culpables de algo). Es el mismo método del pago al contado por deserciones que ha convertido al país en un matadero de "testigos protegidos". Es el mismo método de los premios por muertos, del macabro conteo de cadáveres a cambio de ascensos y permisos, que llevó a las Fuerzas Armadas a la vergüenza de los llamados "falsos positivos": los asesinatos de gente inerme para engordar artificialmente las cifras de las bajas guerrilleras.

Recuerdo otra frase de Uribe dicha cuando, tras las primeras investigaciones, pretendió restarle importancia a ese crimen a medida que aumentaba el número conocido de las víctimas (que hoy pasa de mil quinientas, mientras los acusados van quedando precluidos sin llegar a juicio por vencimiento de términos):

-Hay que esperar a ver si se trata de falsos positivos o de falsas denuncias.

Eso, en el escenario del horror. En el tono de la farsa burlesca, ese método es también el mismo que llevó a Uribe a comprar a la vez a los ex presidentes Pastrana y Samper con sendas embajadas, en Washington y en París. Que aceptaron los dos. Pero a las cuales renunciaron también ambos, para poder así denunciarse mutuamente por la compraventa.

Bastante corrompido moralmente está ya este país para que encima venga ahora el Presidente de la República a corromperlo todavía más con esa oferta de dinero por colaboración, propia de la moral traqueta. Tal vez mis lectores recuerden otra frase, que no ha sido pronunciada por él pero va implícita en el método del presidente Álvaro Uribe:

-Plata o plomo.
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