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Opinión

  • | 2017/03/04 10:31

    No es la cárcel, ¡es la plata!

    Por andar creyendo que la cárcel es el 'coco' de los politiqueros hemos dejado de ponerle el énfasis a lo que de verdad perturba a un corrupto: la plata.

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Es vieja pero recurrente y espasmódica nuestra obsesión por la cárcel. Cada cierto tiempo, revive en los colombianos ese sentimiento muy nuestro de querer solucionar todos los problemas condenando a alguien. Los políticos, en especial los congresistas, compiten por ver quién será el primero que radique proyectos legislativos proponiendo la cadena perpetua en contra de los violadores de niños, o frente a los que atacan con ácido, o para los que disparan al aire y, por supuesto, cárcel, mucha cárcel para los corruptos.

Esta vez la indignación tiene el nombre de Odebrecht. Apenas estalló el escándalo, el gobierno expidió un par de decretos y presentó su proyecto de reforma contra la corrupción, prohibiendo las rebajas de pena y pidiendo, cómo no, mayor severidad punitiva. Los uribistas contestaron con su propia iniciativa, y lo cierto es que ni los unos ni los otros se acordaron de este tema antes. Solo ahora que tienen que sacudirse la polvareda para sobrevivir la época electoral y que los medios le tenemos el ojo puesto al asunto, resolvieron interesarse por la ‘causa‘, y su mejor propuesta, como de costumbre, es pedir más penas y más cárcel.

Lo que no hemos podido entender los colombianos es que a los corruptos hace rato les dejó de asustar la prisión, especialmente porque las que les tocan a ellos suelen ser bastante cómodas. Por andar creyendo estúpidamente que la cárcel es el ‘coco‘ hemos dejado de ponerle el énfasis a lo que de verdad perturba a un corrupto: la plata.

Por la plata, se convierten en políticos. Por la plata son contratistas de ocasión o funcionarios del gobierno. Por la plata, no importa si están en el sector público o en el privado, hacen lo que sea. Y por sus bolsillos, es por donde deberíamos comenzar a combatirlos.

Aunque el actual Contralor ha logrado recaudar 140 mil millones de pesos en el último año, derivados de los juicios de responsabilidad fiscal contra estos pillos, lo cierto es que los corruptos no le pagan a la nación lo que se roban y pocas autoridades les piden cuentas porque están embolatados pensando en los años de prisión a los que los deben condenar. Actualmente los corruptos le deben más de 2 billones de pesos a la Contraloría y en muchos casos las sanciones son apenas un saludo a la bandera.

No sé ustedes pero yo prefiero ver a los corruptos literalmente en la calle, mendigando porque tuvieron que pagar con todo su capital el delito que cometieron, que tenerlos mantenidos por el Estado en celdas especiales o escuelas de carabineros, con dietas gourmet , planeando cómo se gastarán la plata que se robaron una vez queden en libertad.

Si ellos y sus hijos son obligados a pagar con creces lo que le quitaron al patrimonio público, tal vez se les quiten las ganas de quedarse con todo nuestro billete.

Si a las empresas chanchulleras les decretaran la muerte jurídica, como propone el procurador, o si a los partidos políticos les tocara pagar de sus arcas la repetición de elecciones cuando sus candidatos resultaron destituidos, tal vez los unos y los otros se lo pensarían dos veces.

Si por una vez hiciéramos algo distinto y propusiéramos una reforma no para recluir a la gente sino para perseguir sus bienes y ponerles a responder patrimonialmente por sus delitos contra la administración pública tal vez obtendríamos resultados diferentes. Porque si de algo estoy seguro es que con los corruptos de estas latitudes el asunto no es de cárcel sino de plata y si no alteramos la fórmula y diseñamos políticas distintas para hacerlos pagar, seguiremos inundados en un mar de clientelismo y politiquería.

Twitter: @JoseMAcevedo

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