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Opinión

  • | 2014/06/14 00:00

    El miedo que inspira Álvaro Uribe

    Para Virginia Vallejo, no hay duda de que mucha de la riqueza que ostenta hoy el expresidente es producto de sus negocios con el entonces narcotraficante más poderoso del planeta.

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Está demostrado: todos los que se le han opuesto al expresidente Uribe están muertos o en el exilio, han sido objeto de atentados o han sufrido amenazas de muerte, les han chuzado los teléfonos o los han tildado de guerrilleros. Pero aquellos que colaboraron con la refundación del país están presos o siendo investigados hoy por la Fiscalía. No es un chiste lo expresado por Virginia Vallejo, ni creo que esté buscando su reencauche de popularidad porque ella no necesita de eso. Además, siempre ha dicho que no regresará a esta tierra ni muerta porque, como lo ha expresado el otro Vallejo [Fernando], Colombia es un país de mierda que se merece su puta suerte.

Me explico. Virginia ha expresado en varias oportunidades que Pablo Escobar [su examante bandido], recibió ayuda del entonces director de la Aeronáutica Civil [1980-1982], un jovencito con cara de monaguillo, protegido por un hueso duro de la política de entonces como era el controvertido exsenador y exministro tolimense Alberto Santofimio Botero.

 Que no es verdad de que Álvaro Uribe no haya conocido en cuerpo a Escobar porque ellos solían mantenerse en contacto, y que gracias a las licencias otorgadas por el entonces director de la Aeronáutica Civil, Pablo Emilio logró sacar del país cientos de toneladas de drogas que lo convirtieron en uno de los hombres más ricos del mundo y que esas licencias no eran pagadas con limosnas sino con millones de dólares que llegaban a los bolsillos  de Varito, como lo llamaba cariñosamente su protector.

Estas licencias, cuenta Virginia, no eran solo para aviones y helicópteros, sino también para la construcción de pistas de aterrizajes en las fincas de Escobar y de otros miembros del Cartel de Medellín. Estas les permitían, literalmente, despachar el negocio de la droga desde sus propias casas y, además, conocer las rutas más seguras, evadir los radares de los países del Caribe y llevar la mercancía sin contratiempo a las playas de Miami y la costa Este de los Estados Unidos. 

Pero no conforme con esto, los tentáculos del poder del futuro presidente de Colombia se alargaron hacia las aerolíneas más importantes del país y los aviones de Avianca, ante el aceite corruptor de los fajos de dólares, se convirtieron en los vehículos certificados para sacar sin temor, cada hora, la droga hacia Panamá, las Bahamas y otras islas del Caribe. La misión no era solo la de enviar la droga, sino también traer por la misma vía el dinero de la venta, el cual supervisaba personalmente Pablo Emilio Escobar.

Para la expresentadora de televisión, exiliada en Miami, no hay duda de que mucha de la riqueza que ostenta hoy el expresidente es producto de sus negocios ilícitos con el entonces narcotraficante más poderoso del planeta. No tiene duda de que Uribe fue la mano poderosa que ayudó al ascenso de uno de los hombres más temibles y destructores de la historia del país, y que gracias a esa acumulación de riqueza, manchada de sangre y muerte, el hombre con cara de monaguillo alcanzó a convertirse en presidente de Colombia.

Quizá esto pueda explicar un poco esa relación de Uribe con su ‘consigliere’ José Obdulio Gaviria, primo hermano del narcotraficante que puso a Colombia contra la pared, dinamitó un boeing de Avianca en pleno vuelo con 110 personas, destruyó con 500 kilos de dinamita el edificio del DAS en Paloquemao, le declaró la guerra abierta al Estado y mandó a secuestrar a la elite del país para evitar ser extraditado a los Estados Unidos.

Pero estas no han sido las únicas denuncias que alguien haya  hecho en contra del expresidente en los últimos 12 años.  Salvatore Mancuso, uno de los paramilitares más sanguinarios de Córdoba, ha declarado en numerosas ocasiones para la justicia norteamericana sobre sus estrechos vínculos con Álvaro Uribe, sobre la manera como financió su campaña a la presidencia y sobre las numerosas reuniones que sostuvieron en sus fincas de Antioquia y Córdoba. Ha declarado sobre cómo organizaron las AUC y cómo con su hermano Santiago Uribe crearon los llamados ‘Doce apóstoles’ en una hacienda de Yarumal, Antioquia. Asimismo, ha declarado sobre el gran temor que le tiene al expresidente, ya que lo conoce de cerca y sabe muy bien cuáles son sus alcances y hasta dónde puede llegar para conseguir sus objetivos. 

Lo anterior quedó demostrado en las declaraciones del exparamilitar Francisco Villalba, quien comandó en 1997 la masacre del Aro. De los 14 testigos claves, 7 han sido asesinados. Según Villalba, en su testimonio ante la Fiscalía General de la Nación en el 2009, el entonces Gobernador de Antioquia y su hermano Santiago Uribe conocían el día, la hora y el momento en que se cometería la masacre, tanto así que recibieron personalmente a los ejecutores, les facilitaron el transporte y los despidieron. 

Ese día, según Pedro Juan Moreno, secretario de Gobierno de Uribe, un helicóptero del departamento sobrevoló la población en varias oportunidades mientras los paramilitares llevaban a cabo su encargo.
Por esto, repito el trino de Fernando Vallejo que se ha hecho viral en las redes sociales: un país que elige a un asesino como su presidente, merece quemarse en su propio infierno. Ojalá que las palabras del novelista no sean solo el adelanto de una profecía ni el inicio de otro infierno. Ojalá que esta guerra fratricida terminé este año para que el próximo empecemos a construir la paz que tanto anhelamos. Nuestros hijos lo demandan y el país lo exige.

En Twitter: @joarza
E-mail:robleszabala@gmail.com
*Docente universitario.  
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