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Opinión

  • | 2006/06/17 00:00

    El misterio de la reelección

    No la entiendo, porque Uribe no es distinto de lo que han sido sus predecesores de los últimos 100 años. Unos puestos, unos contratos... Pero por Uribe votaron muchos más

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Me he pasado media vida -bueno: una semana de cada cuatro años de la mitad de mi vida: en total unas diez semanas- tratando de entender por qué la gente en Colombia vota como vota. Esta última semana ha sido una de esas. Y no entiendo por qué votó la gente como votó, o por qué votó así: a favor de la reelección del presidente Álvaro Uribe el 62 por ciento de esa poca gente (46 por ciento) que votó.

Porque eso sí lo entiendo: que no vote casi nadie. Comparto, desde luego, la olímpica opinión de que quien no vota no tiene después derecho a quejarse de los resultados de las elecciones; pero también sé perfectamente que en cuanto uno baja de las alturas del Olimpo el voto es poca cosa: la gente vota por amenazas, o por miedo, o por inercia, o, en el mejor de los casos, por plata. De modo que sí, que bueno: que no vota nadie. Pero de los pocos que votan (y restados los de la plata, los de la inercia, los de la amenaza, etc.), ¿por qué hay tantos que votan por Uribe? Es decir: ¿por qué la reelección de Uribe fue tan masiva, tan contundente, tan entusiasta? Es decir: si al voto de la inercia y al de la fatiga y al de la plata y al de la gente que vota en contra -en contra de Serpa, digamos, por su pasado samperista; o en contra de Carlos Gaviria, digamos, por su aureola de izquierda- hay que restarle además el de la gente que ha tenido que irse -a los semáforos, al extranjero-, ¿por qué siguen votando tantos a favor de Álvaro Uribe?

Digo que no lo entiendo, porque Uribe no es nada. Es decir: no es nada distinto de lo que han sido sus predecesores de los últimos cien años. Unos puestos, sí, claro: y por cada puesto público hay detrás, digamos, una familia de cinco o de seis votos. Unos contratos, por supuesto: no sé cuántos votos (¿tres? ¿Cuatro ) resulten favorecidos por cada contrato. Pero por Uribe no votaron solamente los de los puestos o los de los contratos, que de la misma manera hubieran podido votar por Serpa o incluso por Gaviria. Votaron muchos más. Y no entiendo por qué. Pues si lo comparamos con los otros gobernantes latinoamericanos que en los últimos tiempos se han hecho reelegir, y han logrado más o menos a las malas que se cambie la Constitución de sus países respectivos para que los reelijan a ellos, como Uribe, nos encontramos con que ellos tenían algo qué mostrar, y en cambio Uribe no. El peruano Fujimori había acabado con la guerrilla de Sendero Luminoso y tenía a su jefe Abimael Guzmán metido en una jaula. El argentino Menem había conseguido frenar la hiperinflación y sobornar a los 'carapintadas' militares. El brasileño Cardoso había logrado enderezar, más o menos, el barco ebrio de la economía de Brasil. Pero ¿Uribe qué?

Ni en el orden público, para cuyo control fue elegido hace cuatro años. El ELN conversa, porque las Farc lo tienen acorralado. Pero por su parte las Farc están intactas. Sólo han caído un par de jefecillos comprados a la Policía ecuatoriana o a la venezolana, y en cambio muchos campesinos han sido disfrazados de guerrilleros después de muertos para complacer las ofertas de dinero anunciadas por el Presidente.

Ni tampoco en la otra mitad del orden público. Los siete mil paramilitares que había hace cuatro años se convirtieron por arte de birlibirloque en treinta y un mil para entregarse y recibir subvenciones de reinserción; pero a la vez sucedió -oh maravilla- que aparecieron ocho mil paramilitares nuevos más que la prensa llama "de tercera generación" y que el doctor Luis Carlos Restrepo, alto comisionado para la Paz, denuncia como "no paramilitares". Como si estuviera loco.

Ni la cosa económica. No bastó con dar cifras falsas. Claro que el crecimiento del narcotráfico ayuda (aunque el gobierno lo niegue); y ayudan las remesas de los exiliados económicos, que para empezar fueron desplazados políticos; y ayuda, como es obvio, el aumento del precio del petróleo. Pero también ahí: ¿de verdad alguien cree que nos hemos vuelto ricos?

Y en lo social... Bueno, sí. Leo que los hijos del presidente Uribe, que han montado una empresita de artesanías, dicen que de lo que se trata es de ayudar a la gente.
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