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Opinión

  • | 2004/10/30 00:00

    El Moreno no miente (¡Pero habla demasiado!)

    Yo tengo la corazonada de que tarde o temprano vamos para la fórmula que ha esbozado Lucio

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Tengo la corazonada de que todo lo que dijo el senador Moreno de Caro la semana pasada, desmentido inmediatamente por sus protagonistas, es cierto.

Lo que molesta es que sea precisamente Moreno de Caro, que se ha caracterizado por su folclorismo y su bocona elocuencia durante su

vida política, hasta el punto de haber perdido cualquier rastro de seriedad por sus frecuentes salidas de tono, al que tengamos que creerle que los Rodríguez sí están negociando con Estados Unidos y que el gobierno de Uribe sí ha considerado la posibilidad, aunque remota, de que los 20.000 reinsertados de las AUC ingresen algún día como regulares al Ejército de Colombia.

El Moreno puede ser lo que sea, pero no dice mentiras. Ambas afirmaciones las hizo después de hablar con sus protagonistas, Gilberto Rodríguez y el propio presidente Álvaro Uribe, que se afanaron en desmentirlo por las consecuencias inmanejables que sus declaraciones tendrían.

No quiero detenerme en el caso de los Rodríguez Orejuela, por la seguridad de sus familias. Pero es apenas obvio que una extradición produce de manera lógica la colaboración del extraditado para aligerar las cargas de su castigo. Moreno cometió una imprudencia publicando esta versión bajo la autoría supuesta de Gilberto Rodríguez. Así que por las razones mencionadas arriba, dejemos hasta aquí este primer capítulo y vámonos para el segundo.

Porque es en el segundo en el que hace su aparición en plena carátula de la revista SEMANA Carlos Alonso Lucio, un camaleón que es a la vez guerrillero y paramilitar, cristiano y play-boy, estadista y 'chisgarabís'. Pero por el hecho de que le tengamos tantas reservas a su mensajero, no es aconsejable que desechemos de buenas a primeras su mensaje.

¿Y qué dice el mensaje de Lucio? Aunque no admite ser vocero de las autodefensas, dice que su contenido es producto de la interpretación de horas y horas de conversaciones con sus líderes.

Yo me pregunto cuántos colombianos se han detenido a reflexionar sobre qué haremos el próximo noviembre cuando se desmovilicen los primeros 3.000 hombres de las autodefensas. ¿Encerrarlos en Ralito, o en otro Ralito? ¿Obligar al Estado a que los sostenga indefinidamente? ¿Y a las Fuerzas Militares a que los cuiden indefinidamente? ¿De dónde vamos a sacar el Ejército necesario para proteger los territorios abandonados por los paras ante el ímpetu reconquistador de la guerrilla?

Viene entonces la propuesta de Lucio, que, no seamos tan bobos, cuenta con el visto bueno de las autodefensas: "Que los 20.000 hombres armados y uniformados sean entregados directamente a las Fuerzas Armadas... para que los patrulleros de las autodefensas se conviertan en soldados".

Nuevamente Moreno de Caro reapareció en el escenario y se fue a hablar sobre esta revolucionaria propuesta con el Presidente de la República.

Y con su tradicional personalidad de que habla demasiado, salió a decirle a la opinión que el presidente Uribe no desechaba la propuesta de que los paras ingresaran al Ejército.

Más tarda en cantar un gallo que Moreno en ser desmentido por el gobierno. Pero eso tiene una explicación superlógica.

Que sea Moreno de Caro el que cuente las salidas que le busca el gobierno a la desmovilización de 20.000 hombres de los paramilitares sí es el descalabro total de los canales institucionales de comunicación del Presidente con el país.

Yo tengo la corazonada de que tarde o temprano vamos para la fórmula que ha esbozado Lucio.

Pero antes de que eso suceda, al presidente Uribe le hace falta una intensa labor para la cual seguramente no le alcanzará, como él mismo lo ha sostenido, un solo período de gobierno.

Primero tendrá que convencer al Ejército, para el que la sola idea es repugnante e inadmisible. Luego tendrá que convencer a Estados Unidos, sin cuyo visto bueno esta salida está llamada al fracaso total. Luego, a las ONG, cuya primera reacción será la de creer tener la confirmación de que Colombia se paramilitarizó. Después tendrá que convencer a la Corte Penal Internacional, para la que es un imposible jurídico que los paras no reciban un castigo ejemplar y en cambio sean acogidos en el seno del Ejército. Y finalmente tendrá que convencer a la opinión pública, para la que la sola idea de que los actuales maleantes pasen de matarnos a cuidarnos, o dicho de otra manera, que el Ejército de nuestro país se llene de mercenarios, es como para quitarle a uno el sueño.

¿Cómo podría el Presidente de la República -si es que de verdad ha considerado remotamente la posibilidad- saltarse todas estas etapas por cuenta de que el Moreno habla demasiado?



ENTRETANTO. Una pregunta para Gabo: ¿se dice "calofrio", como dice en la página 54 de su último libro su protagonista, el culto profesor Mustio Collado, o se dice "escalofríos", como decimos a diario todos los colombianos?
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