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Opinión

  • | 2007/03/31 00:00

    El muerto que matais goza de cabal salud

    El esfuerzo de César Gaviria por moderar el tono de la oposición, y por ubicar al liberalismo en el centro, ha empezado a dar frutos

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La salud de la democracia pasa por la de sus partidos. Partidos políticos organizados y vigorosos suponen regímenes democráticos sanos y fuertes. Los partidos enclenques son síntoma inequívoco de que se asoma un caudillo. Un partido único significa que se vive en dictadura. De manera que no podemos sino felicitarnos cuando los partidos se robustecen.

Es lo que ha ocurrido con el Partido Liberal, al que apresuradamente muchos extendieron partida de defunción. Es verdad que el liberalismo no es el partido hegemónico de antaño y que el cáncer le corría pierna arriba. Hace pocos años el liberalismo lucía agotado, carcomido por el apetito clientelista y penetrado por el narcotráfico. Sin embargo, el liderazgo paciente y disciplinado del ex presidente César Gaviria y un ejercicio de lenta depuración interna le han insuflado el oxígeno que necesitaba para iniciar su recuperación.

La depuración, claro, no es sólo mérito propio. No corresponde a la decisión consciente y sistemática de ir saliendo de los indeseables. Muchos de ellos se fueron porque son de aquellos que buscan siempre el sol que más alumbra. Pero el resultado final fue afortunado, porque cuando estalló el escándalo de la para-política, muchos de los involucrados, elegidos con el aval de liberalismo, estaban ya en las toldas de la coalición de gobierno. A los que permanecieron en el partido los han obligado a retirarse "voluntariamente", mientras la Corte resuelve sobre su responsabilidad. Por una cosa y por la otra, al final la percepción de la opinión es que el liberalismo ha resultado menos tocado que los movimientos uribistas.

La búsqueda de una identidad política propia ha resultado también muy importante. No faltará quien diga que estoy siendo irrespetuoso con un partido histórico. No lo creo. El liberalismo de la "coalición de matices", como gustaba llamarse a sí mismo, no cabía frente al realinderamiento ideológico al que ha obligado el férreo gobierno de Uribe. Si bien durante buena parte del primer cuatrienio el liberalismo anduvo confundido y pretendió equivocadamente disputarle la izquierda al Polo, Gaviria tuvo el acierto de entender que esa pretensión era imposible e inconveniente. Imposible porque el liberalismo no tiene ni la historia ni la ideología ni la credibilidad para ganarle en esa cancha a los movimientos que hacen parte del Polo. Inconveniente porque la radicalidad es útil para el Polo, un partido joven y en búsqueda de afianzar la identidad de quienes le tienen simpatía, pero espanta a los moderados y crea unos techos inevitables en las contiendas electorales. A algunos dirigentes del Polo el discurso exacerbado empieza a pasarles factura en las encuestas: suben los negativos y las percepciones favorables se mantienen o declinan. A Petro, por ejemplo, su beligerancia extrema le sirve para fortalecer su cauda para el Senado, pero le impide ser un candidato viable en una contienda presidencial. Al final, los ataques gubernamentales a los radicales hacen mella en su popularidad.

En fin, el esfuerzo de César Gaviria por moderar el tono de la oposición política al presidente Uribe y por ubicar al liberalismo en el centro del espectro político, aun en contra del deseo de algunos pocos que lo querían mucho más a la izquierda, ha empezado a dar frutos. La prueba está en los resultados de la consulta del domingo pasado. Un millón trescientos mil votos es más del doble que los del Polo y un 30 por ciento más que los del Partido Conservador en la elección de sus directorios locales.

Por eso es ininteligible que haya quienes todavía quieran una jefatura plural en el liberalismo. Horacio Serpa está en eso equivocado. Es comprensible que se sienta herido por la distancia que tomó Gaviria cuando primero Botero y después 'Rasguño' revivieron la historia de la financiación de la campaña de Samper, pero Serpa debe entender que al liberalismo no le quedaba camino distinto si pretende ser una alternativa real para las presidenciales de 2010. He de agregar que, sin embargo, Serpa está lejos de ser un cadáver político y tiene serias posibilidades de ganar la Gobernación de Santander, si recupera su garra proverbial, deja las dudas y se lanza por ella.

Aunque queda mucho por hacer, Gaviria lleva al liberalismo por buena senda.
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