Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1994/01/24 00:00

El mundo al revés

Ahora los encuestadores trabajan como locos y los políticos esperan, pacientemente, el resultado de los sondeos.

El mundo al revés


YA QUE ESTAN TODOS DICIENDO cúal consideran que fue el personaje del año, pido permiso y propongo el mío: las encuestas. Es posible que no haya habido en los ultimos 365 días ningún ele- mento que haya influido más en el más pesado de todos los temas nacionales, que es la política, en el momento más pesado de esa actividad, que es la campaña presidencial.
En Colombia ha habido encuestas desde hace bastante tiempo. No fue este año, ni mucho menos, cuando llegó la moda estadounidense de utilizar los sondeos para tomarle la temperatura a la opinión pública sobre los temas más variados. Desde los fabricantes de jabones, que quieren saber cuál es el pensamiento de las amas de casa acerca de la tersura o aspereza de su producto, hasta los restaurantes que pasan una hojita para saber si los clientes se sientieron bien atendidos, las encuestas han aparecido bajo diversas facetas en el país en los últimos tiempos. Pero han sido las encuestas políticas las que, a pesar de haber existido también desde antes, se volvieron casi más importantes que los propios políticos de un tiempo para acá.
"Noto un poco flojo a Samper últimamente", dice alguien después de haber visto los resultados de una encuesta en la que Andrés Pastrana le gana por una nariz en una hipotética segunda vuelta. "El Partido Liberal está empezando a hacer sentir sus mayorías " dice otro después de que se publica otro sondeo, dos días más tarde, en el que Andrés pierde con Samper en un escenario pero empata o gana en otro. Y si uno se fija bien, los puntos de referencia en las campañas políticas de antes tenían que ver con apariciones específicas, con debates o con manifestaciones de plaza pobres o multitudinarias. Ahora, simple y llanamente, la diferencia la marcan las encuestas.
Lo cual no es de por sí malo. Finalmente, el sistema más o menos científico (más o menos, repito) de calibrar el pensamiento de la opinión pública sobre sus dirigentes es una buena herramienta, especialmente de los medios de comunicación, para registrar el impacto de las actitudes de los candidatos sobre los posibles electores.
Lo malo es que, poco a poco, la carrera por la Presidencia está dejando de ser un mano a mano entre dos políticos, cuyo resultado reflejan las encuestas, para convertirse en un mano a mano de encuestadores, cuyos resultados se aprueban o se rechazan, según si es favorable o no a un determinado candidato y sus seguidores.
A tal punto ha llegado a considerarse importante lo que esos sondeos dicen, que las intervenciones más agresivas de partidarios de uno y otro de los dos candidatos favoritos no se refieren a planteamientos del adversario, sino a las críticas hacia la firma que hizo una determinada encuesta y hacia el medio de comunicación que la publicó.
En Colombia la culebra se está devorando ella misma por la cola. Ha habido más de un momento en el que han sido publicadas encuestas sucesivas de una misma firma, sin que en el interregno hubiera sucedido algún episodio político recordable. Eso no significa que los sondeos sean falsos. Lo que ocurre es que las encuestas se volvieron tan importantes que la arepa se volteó. La escena ahora es la de unos encuestadores trabajando febrilmente en ciudades y campos, formulando una y otra vez la misma pregunta, y en las tribunas los políticos esperando paciente- mente el resultado de los sondeos. El mundo al revés: los toreros en la barrera y las manolas en el ruedo.
Todo eso puede tener mucho que ver con la falta de agresividad programática de esta campaña. Las cosas se reducen, en buena medida, a si Samper y Pastrana están en contra o a favor de Gaviria, lo cual es poco interesante como punto central de debate. Ojalá los candidatos le hayan pedido al Niño Dios un catálogo sonoro de propuestas, porque dentro de dos semanas este proceso político entra ya en su recta final. Y todos los candidatos que están en la pelea no solo tienen que ganarles a sus contrincantes, sino demostrar, de paso, que tienen algo nuevo que ofrecer y que en materia política el cambio generacional no se hizo demasiado pronto. Y eso no aparece todavía en las encuestas.

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