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Opinión

  • | 2017/03/03 07:15

    Del narcisismo y otros males

    Hablan de dinero, poder, éxito, fama y belleza. Esperan ser admirados al suponerse “especiales” y pensar sólo en ellos mismos y en lo magníficos que son.

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Muchas personas han tenido que convivir con otros seres humanos que parecen considerarse a sí mismos superiores, algunos por la seguridad que les brindan las habilidades desarrolladas, pero otros realmente sobrevalorados, prepotentes, humillantes e insoportables, parecen vivir en un mundo irreal en donde se consideran dioses y esperan que los demás sean sus súbditos y soporten su maltrato y su descalificación.

En el mundo de la investigación, los datos dicen que los hombres son mas creídos que las mujeres y que la prepotencia se presenta más en grupos sociales que tienen sus necesidades básicas resueltas y en personas que pertenecen a profesiones respetadas o al mundo de la fama. Se estima que entre el 1 % y el 5,3 % de las personas tienen este estilo de personalidad, pero en población con problemas psicológicos puede llegar al 17 % y constituirse en un rasgo que suele permanecer en el tiempo, desde la adolescencia hasta la vida adulta, cuando algunos que logran ser golpeados por la vida, alcanzan un poquito de humildad y se vuelven menos rígidos. Al parecer, la prepotencia se desarrolla en familia, en algunos por crecer en contextos de alta descalificación y distancia afectiva en donde hay que aprender a luchar para defenderse, y otros por vivir llenos de la sobrevaloración de los padres en medio de familias que aparentan y guardan la imagen a toda costa.

Si conoces algunos narcisistas te darás cuenta de que opinan y dan cifras inventadas y las presentan como ciertas porque a ellos le parece; hablan de cualquier tema y consideran que siempre tienen la razón y descalifican a quien que no esté de acuerdo, simplemente para mostrar su superioridad. En principio podrían intimidarte o generarte admiración, pues su arte está en presentar la realidad de forma pomposa, todopoderosa, llena de logros y capacidades excepcionales que varían de una persona a otra, dependiendo de lo creídos que sean y del público que tengan. Viven llenos de fantasías grandiosas acerca del dinero, el poder, el éxito, la fama y la belleza, y esperan ser admirados al suponerse “especiales” y pensar sólo en ellos mismos y en lo magníficos que son. Estos modos de ser consideran que perder es una ofensa y que las normas son inaplicables a su realidad particular (ellos sí pueden pasarse los semáforos, parquear en cualquier parte, no hacer fila y mucho menos esperar); se aprovechan o pasan por encima de los demás, pues la gente está a su servicio o debe estar agradecida de por vida. No soportan la autoridad y parecería que permanecen a la espera de detectar posibles descalificaciones o situaciones en las que alguien pueda ponerse un poco encima de ellos, para atacarlo de inmediato y declararlo objetivo militar, pues les molesta la crítica o no ser tenidos en cuenta; sin embargo, ocultan estos sentimientos para no mostrar debilidad.

Hace un tiempo oí una versión modificada del mito de Narciso, en ella un hombre salía de su casa frente al lago (en donde ya vivía solo porque nadie lo soportaba) y se acercó a beber agua con sus propias manos, pero al ver su reflejo creyó que había un hombre más atractivo que él y entonces decidió lanzarse a destruirlo y perdió la vida en el intento. Así suelen terminar muchos, pues sus parejas toman valor y los abandonan, sus hijos ya no quieren visitarlos y viven la soledad de estar rodeados de personas sin vínculo real alguno, aunque a veces tienen el dinero suficiente para comprar compañía o mantener cerca, por lo menos, a la gente que algo les debe.

El tema es que entre racismos, apellidos, marcas, presidentes de superpotencias, políticos, empresarios, faranduleros, académicos, militares y muchos otros sectores en donde reina el narcisismo nos estamos acabando a punta de descalificación. ¿En cuántas revistas indexadas has publicado?, ¿Cuántos votos tienes?, ¿Cuánto dinero posees?, ¿A quién conoces? o ¿Con quién cree usted que está hablando? son simples manifestaciones de esta epidemia de superioritis que nos droga a diario y que les compartimos a nuestros hijos, quienes terminan repitiendo esta larga historia en donde unos deben estar arriba y otros abajo. Cualquier parecido con un conocido… es pura coincidencia.

info@efrenmartinezortiz.com
@Efrenmartinezo

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