Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2015/12/30 10:48

El nuevo alcalde de Medellín

Federico Gutiérrez tiene al frente un gran reto, pero me pregunto si estará bien acompañado. Por el momento, su gabinete deja dudas.

Juan Diego Restrepo.

Administrar los avances de la ciudad de Medellín y proponer nuevas metas para que sus habitantes puedan vivir mejor, son los retos del nuevo alcalde Federico Gutiérrez. No es tarea fácil liderar la capital antioqueña, son muchos los problemas que padece por lo que se requiere un equipo de trabajo sólido en conocimiento y experiencia.

Poco creo en las ideas que se expresan durante las campañas electorales. Tienen una mezcla de emoción y de propaganda poco creíbles; muchos pensarán lo contrario, pero me afinco en la idea de que los discursos son instrumentos para convencer. La realidad va por otro camino.

Esa realidad de la que hablo está ligada a la de los acuerdos políticos, que son, en últimas, los que determinan muchas de las ejecuciones públicas durante un periodo de gobierno, sea local, regional o nacional. En ese escenario de intereses es donde se decide lo fundamental para la ciudad, más allá de lo que se le diga a la gente.

En su discurso de triunfo, la noche del 25 de octubre, Gutiérrez hizo una promesa que debemos recordar durante los próximos cuatro años: “trabajar mirándonos a los ojos”. Y ahora apelo a esa afirmación para pedir explicaciones sobre su gabinete, que me genera varias dudas.

Quisiera saber, inicialmente, a qué compromisos políticos corresponde, por ejemplo, el nombramiento de Gustavo Villegas, como Secretario de Seguridad. ¿Quién le sugirió ese nombre? ¿Con qué argumentos? ¿Por qué se desconoció su pasado en ese nombramiento?

Parto de la premisa de que todo ciudadano es inocente hasta que no se demuestre lo contrario y, en ese sentido, Villegas no está inhabilitado para ejercer la función pública. No obstante, pesan sobre sus hombros sospechas en relación con sus presuntos vínculos con la llamada ‘Oficina de Envigado’.

Ese nombramiento me recordó un hecho sucedido a comienzos de 2008. De manera insistente el entonces director de la Policía Nacional, general Óscar Naranjo, le pedía al ex paramilitar y confeso narcotraficante Carlos Mario Águilar, alias ‘Rogelio’, que se presentara ante las autoridades para que respondiera por unos señalamientos. Para ese año, el mafioso aparecía como vicepresidente de la Corporación Democracia, pero no se presentaba públicamente.

En mi tarea de periodista de una agencia de prensa, quise entender qué pasaba con alias ‘Rogelio’ y llamé a Villegas, para ese entonces director del Programa de Paz y Reconciliación de la Alcaldía de Medellín. Me respondió que todo estaba bien con el ex paramilitar, que ‘Rogelio’ no tenía líos con la justicia (lo que era cierto en Colombia, no así en Estados Unidos) y que estaba en permanente contacto con él. Lo curioso es que unos meses después, el narco viajó a Argentina y se entregó a las autoridades norteamericanas.
¿Quiénes le ayudaron a salir del país? Poco se sabe al respecto, pero le hicieron un gran favor, por cuanto purgó unos pocos años en prisión y ya está libre en Estados Unidos.

Creo que el nombramiento de Villegas representa ese tipo de acuerdos que van más allá de la lógica ciudadana, que nunca se entera de cómo son las componendas políticas. ¿Qué otros acuerdos se hicieron para llevar a los altos cargos de la Alcaldía a un grupo de profesionales con poca experiencia en lo público?

Qué bueno que Gutiérrez respondiera mirando a los ojos y con total claridad. Aunque, siendo sincero, no le creería. Su origen uribista me lleva a creer que profesa esa práctica de las explicaciones superficiales y efectistas, que esquivan la realidad. ¿Así será su gobierno?

(*) Periodista y docente universitario

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