Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1983/03/07 00:00

EL NUEVO ALVARO GOMEZ

EL NUEVO ALVARO GOMEZ

Hasta hace algunos años, Alvaro Gómez fue para los liberales "El coco". "El hijo de Laureano". La lucha tenaz entre conservadores y liberales había distorsionado substancialmente su imagen. El intelectual, el apasionado por la historia, el aficionado a la literatura, el periodista profundo y analítico, el dibujante de caballos, el escultor regio, el bondadoso padre de familia y hasta tierno abuelo, se ilustraba por los medios de publicidad adversos, como un hombre violento, pugnaz y conflictivo.
Tal radiografía, producto de la mala intención con la cual se alimentaron por muchos años algunos de los más importantes órganos de la publicidad colombiana, creó una barrera sólida a la actividad política y proselitista del jefe conservador. Quienes no tenían la oportunidad de conocerlo o de estudiar directamente sus ideas en la fuente original sufrieron el impacto repugnante de la calumnia o de la exageración tendenciosa. Parecería que existiese una ley especial, que determinara mayor cantidad de obstáculos y dificultades a quienes, como Gómez Hurtado, están dotados de virtudes intelectuales que los hacen hombres excepcionales. Se necesitó que aparecieran otros medios de publicidad como la radio y la televisión para que Alvaro Gómez dejara de ser el peyorativo "delfín", o "el promotor de la violencia", para convertirse en "el mejor editorialista latinoamericano", "el hombre más culto que tiene el país", "el estadista más serio y responsable, dotado de una excelente formación intelectual".
La objetividad periodística de los nuevos medios y el tratamiento diferente de los otros ha dado tan buenos resultados que afirmar hoy que Alvaro Gómez es el colombiano más inteligente o el más preparado, no constituye planteamiento original, sino que es casi una frase de cajón del tenor de "la patria por encima de los partidos", o de que "al que madruga Dios le ayuda". Quienes conversan con él, salen convencidos de que el Sr. Gómez Hurtado no solamente puede ser candidato nacional, sino que pocos pueden garantizar como él la continuidad institucional del país.
Las reacciones de Gómez frente a determinadas circunstancias de la vida nacional han dejado desconcertados a sus críticos viejos y tradicionales. Ha sido precisamente él, el único colombiano que ha reconocido con hidalgía el triunfo de su contendor en la carrera presidencial, el mismo día en que se celebraron los comicios.
Recientemente, dio una lección de grandeza al someterse a los resultados de la convención de su Partido que tomó una decisión diferente a la que él recomendaba. Con humildad y disciplina se puso al servicio de esa política que resultó triunfante con su concurso y el de el ex presidente Pastrana, con quien selló definitivamente la unión del conservatismo. El entusiasmo con el cual el liberalismo del congreso acogió su nombre para elevarlo a la categoría de Designado a la Presidencia y el nombramiento que el Presidente Betancur le ha hecho para que represente al país ante la Casa Blanca, constituyen un estupendo abreboca para lo que puede hacer el Sr. Gómez por Colombia en el inmediato futuro. Todo esto resulta muy lógico en el itinerario de la vida pública de Gómez Hurtado, por que no obstante la cantidad de derrotas que ha acumulado en su hoja de vida, él está hecho para triunfar. Solamente así se puede entender la constancia en la lucha y la capacidad de renovación que ha mostrado después de cada batalla.
Es evidente que Gómez vive y se alimenta con la ilusión del triunfo. El mismo ha confesado su obsesión por descubrir en la historia de los pueblos, aquellos momentos cruciales en que sólo la victoria puede explicar las grandes hazañas de los hombres.
Ocasiones en que la inteligencia, la didáctica, la obstinación nada consiguen; en las que todo esfuerzo de convicción es energía perdida. Las cosas son o no son, si hay triunfo o no lo hay.
Un periodista liberal que escribe en broma cosas muy serias, reconocía recientemente que Gómez "ha cambiado en razón del tiempo y de los siglos". Tal vez Oscar Alarcón está en lo cierto. El propio Gómez aceptó tener una gran capacidad para cambiar y adaptarse a las necesidades y circunstancias que se presenten. Parecería entonces que Alvaro Gómez está maduro para solucionar los problemas de la nueva Colombia. De ahí que, parodiando al maestro Oscar Alarcón, digamos recordando las virtudes artísticas del Designado, que su candidatura pinta bien. Aunque no debemos perder de vista que abrir el debate público con miras a encontrar desde ya al sucesor del presidente Betancur es inconveniente y contraproducente. Ya llegará el momento para ventilar el tema con oportunidad. Por ahora nos contentamos con saber que el país ha registrado la presencia en el escenario nacional de un nuevo Alvaro Gómez.--

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