Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2002/11/03 00:00

El nuevo sonido del A.O.R.

John Jairo Rodríguez, periodista antioqueño dedicado a estudiar fenómenos culturales, analiza los efectos negativos que le ha traído al rock el llamado AOR (Rock Orientado a los Adultos), responsable de quitarle gran parte de la esencia contestataria y creativa que le dio origen y sentido a este fenómeno musical y social.

El nuevo sonido del A.O.R.

El rock orientado para adultos (o A.O.R.) engloba todos los derivados de un pop-rock diseñado para el consumo de las mayorías, dirigido a un público estudiado por las casas de discos para perpetuar ciertos gustos musicales, cuando no la estrechez en sus oídos. Comporta un estado de inercia en el que la creatividad, el riesgo subyacente a toda obra de arte, no existe: la nostalgia se impone como estética, como constante. Y en el seno de las emisoras pop, el A.O.R. se reproduce de generación en generación: hoy las canciones que los d. j. proponen como "clásicos" son los éxitos de Bon Jovi, Skid Row y Metallica, entre otros; dentro de diez años serán Limp Biskit o Blink 182 los referentes para la nueva audiencia.

En su Historia de la música rock, el escritor Jordi Sierra I Fabra escribe un capítulo de sumo interés, como es el de los movimientos punk y la nueva ola, que se gestaron hacia 1976 en Gran Bretaña, mientras en los Estados Unidos se allanaba el camino para el A.O.R., álbum o rock orientado para adultos. Y es que mientras las nuevas tendencias británicas resaltaban por sus dotes creativas y minimalistas ante un rock de los sinfónicos, cada vez más ornamentado y lejano a sus raíces negras, en Norteamérica la mega industria, enseñada a caminar sobre seguro, propició el estado para que grupos como Toto y Foreigner dominaran las listas y, de paso, confinaran al underground ese sonido que ya se configuraba en el legendario CBGB: el de Patti Smith, Blondie o los Talking Heads.

Curiosamente, son personajes como David Byrne (ex Talking Heads) o el legendario Peter Gabriel, quienes hoy por hoy renuevan el acontecer de la industria discográfica al apadrinar por medio de sus sellos (Luaka-Bop y Real World, respectivamente) músicas de diferentes regiones del planeta bajo el rubro de la World Music. Gracias a ellos, músicos colombianos como Totó La Momposina y Bloque tienen un lugar en la industria. Y no hay que olvidar que incluso en ese muy interesante rubro de la World Music también se lleva a cabo cierto desdibujamiento de las ritmos originales, como efecto natural de la globalización en las músicas: la búsqueda de cierto sonido estándar, de ese "sentido por lo igual" del que ya hablaba Walter Benjamín a principios del siglo pasado, en medio de una caza de citas sonoras.

En ese "sentido", el sonido pop viene a ser algo así como el mar en el cual confluyen hoy todas las corrientes sonoras. Y el cross over, el estado ideal para el mercadeo de todas las músicas. Este nació prácticamente en el periodo del rock dominado por la música Disco (75-80), y aglutina una variedad de estilos que, en aras de la fusión del rock con elementos propios de las músicas de cada región, promueven un sonido estándar, cuya cuna es la misma del A.O.R. Vives, Shakira y Juanes son, cada uno a su manera, serios portadores actuales de esta condición. Pero no es para aspavientos, pues ellos simplemente representan el sonido de una época en la que lo global está altamente definido por el sentido de lo light; en el que lo auténtico adquiere nuevas valoraciones.

Casi treinta años después, uno puede comprobar como la ley del A.O.R. se reacomoda a los nuevos tiempos para seguir perpetuándose en el seno de la industria discográfica, con el aval de la radio comercial y de canales musicales como MTV. Y tal vez la prueba más contundente de que el presente del A.O.R. está amparado en la música latina sea la entrega del Premio Grammy Latino desde el año 2000. El ritual que congrega, por unas cuantas horas a quienes se han permitido, gracias a la industria, una ligera dosis de corrupción creativa, o más bien cierta pasividad, para alcanzar el lugar en el que puedan convivir juntas todas las corrientes de la música, aunque sea sólo en apariencia.

* Periodista antioqueño especializado en música y cultura

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