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Opinión

  • | 2006/10/07 00:00

    El ofertazo

    Las propuestas del presidente a las farc son innecesarias, inoportunas e inconvenientes y no veo dónde encajan en la estrategia gubernamental

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De la sabia prudencia que exigen estos asuntos, el Presidente ha pasado a ofrecer a las Farc el oro y el moro.

Primero, la no aplicación de la Ley de Justicia y Paz: "En el momento en que haya un proceso de paz con las guerrillas se necesita una legislación todavía mucho más benigna", dijo en estos días. Segundo, indulto y amnistía para crímenes atroces: "La Ley de Justicia y Paz nunca pretendió alterar lo que hay en el ordenamiento jurídico, que prohíbe la amnistía y el indulto para los delitos atroces… seguramente en un acuerdo de paz con las guerrillas eso habrá que llevarlo a un texto constitucional", agregó. Después, permitir que ocupen curules en el Parlamento: "En la Ley de Justicia y Paz no se reforma el impedimento constitucional para que personas que estén condenadas por delitos distintos al delito político o al homicidio culposo vayan al Congreso. Si un acuerdo de paz exige que vayan al Congreso, ese obstáculo seguramente habrá que removerlo". Como resulta indispensable para los fines anteriores, habría reforma constitucional: "El país tiene que estar preparado, si se da un proceso de paz, para hacer unos cambios en el ordenamiento jurídico, que seguramente van a tener que estar insertados en el nivel constitucional".

La sazón vino con la posibilidad de reunirse con 'Tirofijo' o con las "personas que encabezan las Farc": "Si hay un proceso de paz de buena fe, expedito, que esté avanzando y esa reunión se considerare útil, necesaria, yo lo haría". Ni siquiera puso como condición que tal encuentro se hiciera, por ejemplo, al final del proceso o fuera indispensable para destrabarlo. Basta con que sea "una contribución". Y terminó poniendo en liza una Constituyente: "El gobierno considera viable la posibilidad de convocar a una Asamblea Constituyente, como final del proceso de paz". Fabio Valencia agregó que no era necesario que los desmovilizados participaran en unas elecciones, como sí debe hacerlo el resto de los mortales, dijo que eran varios los asientos que tendrían las Farc en el Senado y la Cámara y sugirió que podrían conservarlos por algunos períodos sin tener que acudir a competir por ellos.

Confieso estar desconcertado. Las propuestas son innecesarias, inoportunas e inconvenientes y no veo en dónde encajan en la estrategia gubernamental.

Creo que la solución del conflicto armado será negociada y entiendo bien que para conseguir la paz que anhelamos, todos habremos de tragarnos unos cuantos sapos. Ya hemos debido hacerlo en el proceso con los 'paras', cuyas penas de hasta ocho años por sus horrendos crímenes, por ejemplo, son una nimiedad. La generosidad de la sociedad, pues, es requisito para que cese la violencia.

Pero no veo de qué manera contribuye poner ahora sobre la mesa semejante menú. Ensilla antes de traer las bestias: no sabemos siquiera si habrá proceso de paz con el grupo terrorista. Da mucho a cambio de nada: en una negociación sólo hay entrega cuando se recibe en correspondencia. Tiene el efecto perverso de subir el piso del cual se partiría en un eventual proceso. Supone inflar las expectativas de las Farc, cuando es necesario moderarlas. Dificulta la negociación con el ELN, que no querrá menos que sus camaradas. Devalúa la instancia presidencial, que siempre se debe reservar para cuando es estrictamente indispensable. Va en contravía del derecho internacional, que exige justicia para crímenes de guerra y de lesa humanidad. Alienta la comisión de ese tipo de delitos, al abrir las puertas a su perdón total. Desestimula el ejercicio pacífico de la democracia, al ofrecer a los violentos premios en los órganos de representación popular. Abre las puertas para, otra vez, renegociar el Estado mismo, a través de una Constituyente. Y con ello genera incertidumbre e inseguridad jurídica.

Las Farc deben estar de fiesta.

Puntilla:Rafael Correa, candidato que puntea en la carrera presidencial en Ecuador, ha dicho que las Farc no son terroristas porque "terroristas son los que matan a mansalva y crean terror". Sus miles de víctimas civiles, incluidos los asesinados en el club El Nogal, por ejemplo, le parecen muertos en combate. O el tocayo es ciego o, lo que nos faltaba, de golpe nos toca en suerte otro vecino como el coronel de al lado.
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