Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2003/09/15 00:00

El ogro filantrópico

Pero si de lo que se trata es de mejorar la imagen de Julio Mario Santo Domingo tal vez sería mejor no publicar nada más

El ogro filantrópico

Oscar Wilde es el unico autor que citan Julio Mario Santo Domingo y su viejo amigo Luis Zalamea en los fragmentos de su libro-entrevista que publicaron el domingo pasado las 'Lecturas Dominicales' de El Tiempo. Mencionan otros cuantos -Baudelaire, Rimbaud, Verlaine, el Nene Cepeda-, pero al único que citan es a Wilde. Y también, fugazmente, a Maquiavelo, para darle a Julio Mario la oportunidad de hacer una reflexión que muestra a la par la profundidad de su erudición y la profundidad de sus buenos sentimientos:

-Creo que algo de razón tenía Maquiavelo, aunque su conclusión sea totalmente cínica. La vida no es así de sencilla ni son todas las personas así de cínicas. De manera que hay que tomarla como un desplante, eso sí muy inteligente como todo lo de Maquiavelo, pero no necesariamente correcto.

Y, efectivamente, la entrevista -titulada nada menos que 'Leyenda y legado'- hace pensar en Wilde. Pero no en las brillantes paradojas de sus obras de teatro, como quisieran los dos viejos amigos en su charla, sino en uno de sus bellos cuentos infantiles, el que se titula El gigante egoísta. Se trata de un ogro feroz que tiene su palacio en un gran jardín cerrado al cual no pueden entrar los niños, y en consecuencia no llega nunca la primavera. Pero un día el dueño se va a visitar a su amigo el ogro de Cornualles, y se quedan los dos charlando un par de años, tal vez haciendo un libro-entrevista. Cuando el gigante vuelve a su casa, todo el inmenso huerto está deslumbrante de árboles florecidos con un niño en cada rama, que han conseguido saltar la tapia. Sólo un árbol sigue seco y desnudo como en invierno, porque su niño respectivo no ha podido trepar. El gigante comprende entonces toda la magnitud de su egoísmo, con una sola mano sube al niño a su árbol, y éste también florece como todos los demás. De ahí en adelante tanto el ogro como los niños son felices. Ese parque me recordó a Santo Domingo, que habla en la entrevista del parque de su propia infancia, que él describe bucólicamente como "la infancia de un niño campesino":

-La casa de El Prado, que ocupaba una manzana entera, tenía muchos árboles frutales y allí se congregaban multitudes de pájaros. Un tío mío me había regalado una escopeta marca U y yo me la pasaba feliz de la vida cazando pajaritos en ese solar enorme, perfectamente protegido y sin ningún peligro. Aunque también había culebras, algunas venenosas. Cascabeles y cantidades de otras culebras.

Julio Mario Santo Domingo es ese gigante egoísta tocado por la gracia. Al parecer el niñito que necesitó su ayuda para trepar al árbol era el mismísimo Niño Dios, o por lo menos el mismísimo Luis Zalamea, que insta al magnate a revelar por fin su "lado bueno", diciéndole:

-A riesgo de volverme cansón, es imperativo divulgar esas cosas. Si no lo hacen ustedes mismos, los grandes empresarios, ¿quién va a hacerlo?

Y Julio Mario responde:

-En esta conclusión estoy de acuerdo contigo, y por ello nos encontramos aquí grabando estos diálogos. Aunque hasta ahora a mí me parecía muy feo eso de hacer alarde de lo que uno realiza, ya sea en los negocios o en obras filantrópicas de distinto tipo. Pero desgraciadamente la discreción fomenta la ignorancia, y por esta razón el común de las gentes desconoce las cosas que estamos tratando de hacer por el país, y en especial por las clases más necesitadas.

Revela también sus debilidades:

-Ya te dije que mis defectos son muchos. Muchísimos. Por ejemplo, nunca aprendí a tocar piano.

Pero en ningún momento olvida sus obligaciones de magnate:

-Lo que yo he querido hacer es una fortuna que creo que me merezco, pero nunca pensando en lograrla a expensas de los demás.

Y explica, luminoso:

-Ese cuento de que la riqueza tiene que ser distribuida equitativamente es sólo una ficción sin ninguna base. O sea una utopía, palabra inventada por los poetas.

Para concluir:

-Pero acabar con la pobreza es imposible. Sería como tratar de acabar con la vejez.

Pues antes ha señalado:

-Somos pocos los que nos morimos de viejos.

Explica el periódico que "es difícil pronosticar la fecha de publicación de la obra completa" de la cual ofrece extractos. Pero si de lo que se trata es de mejorar la imagen de Julio Mario Santo Domingo tal vez sería mejor no publicar nada más. El gigante egoísta de Oscar Wilde sale bien librado del trance porque el cuento es corto y el autor tenía mucho talento. Pero quién sabe qué habría quedado de él si se hubieran publicado verbatim in extenso. Los dos años de conversaciones privadas con su amigo el ogro de Cornualles.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.