Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2004/04/18 00:00

El orangután

Uno de los principales encantos de Uribe era su falta de ambición personal que reflejaba en todo. Aspirar a la reelección inmediata se lo quita

El orangután

Uno de los mejores hacedores de frases políticas que ha dado la historia de Colombia es Darío Echandía. Y una de las más conocidas se me ha venido a la memoria ahora que el presidente Uribe ha destapado sus cartas sobre la reelección. "La democracia, decía Echandía, es un orangután con sacoleva".

Pues bien, el presidente Uribe, con sus intenciones de que el Congreso reforme la Constitución para poder ser reelegido, está a punto de quitarle el sacoleva a nuestra democracia de manera que sólo nos quede el orangután.

Por eso no puedo dejar de expresar algunos temores que me produce, tal como está planteado, este proyecto de reelección, aceptando que los argumentos que se han expresado en su defensa, como el de la necesidad de una continuidad en las políticas gubernamentales, una obsesión del presidente Uribe, son totalmente legítimos.

Las razones que aducen los congresistas que lo apoyan en este propósito son básicamente dos: que Uribe ha resultado un Presidente carismático y trabajador incansable -lo cual es totalmente cierto- y que el 80 por ciento de los colombianos lo apoyan, lo cual también lo es.

El presidente Uribe le añade al asunto un tercer argumento: que no le alcanzan cuatro años para construir su obra de gobierno. Y después de haberlo acompañado durante dos días en un avión de carga recorriendo bases militares en los más remotos lugares del país, aventura de la cual aún no me recupero, le creo que está sinceramente intencionado.

Pero ninguno de los argumentos que se han esgrimido despeja los temores que produce una reforma constitucional fabricada para el Presidente de turno.

Una encuesta de favorabilidad no puede ser un argumento para reformar el Estado. Para esa gracia, 80 por ciento de los colombianos también estarían de acuerdo en la pena de muerte para los secuestradores, que sería absurdo implantar en un país donde no sólo no se capturan los secuestradores sino en el que las fallas de la justicia son de proporciones casi inmanejables, como para que en este aspecto pudieran cometerse injusticias imperdonables por cuenta de un alto margen de error.

Me aterra que lo planeado por el Congreso resulte un retroceso en materia de civilización política. En Colombia ha habido una especie de 'esnobismo democrático', en el sentido de que no nos gustan los golpes de Estado y 'nos las damos' frente a otros países donde se ha echado mano de la Constitución para que los presidentes se mantengan en el poder. Eso a los colombianos nos parece típico de una banana republic, en la cual, a pesar de todos nuestros problemas, nos sentimos clasificados.

Lo que suena más peligroso de este plan de reelección es que está basado en la teoría del hombre providencial. En 1936, Hitler pronunció un discurso en el que desarrolló perfectamente este concepto como justificación de su política: "La providencia me dio la suerte de encontrarme con ustedes, y a ustedes la providencia les dio la suerte de encontrarse conmigo".

Pero además, me asusta que el boquete que se abriría en los cimientos de nuestra constitucionalidad no se volviera a cerrar nunca. Nadie puede garantizarnos que en el futuro otro presidente no vuelva a reformar la Constitución a favor de sus prioridades, por patrióticas que ellas sean.

El argumento de que esta es una democracia que ya está madura para esta reforma funciona pero al revés. Si está madura, las reformas constitucionales deberían ser institucionales y no personales.

Es decir que si en verdad queremos que en Colombia haya reelección, debe ser para todos los demás presidentes y a partir de 2010.

Entre otras cosas, oponerse al proyecto de reelección inmediata sirve para proteger a Uribe. Uno de sus principales encantos, que seguramente influyeron en que ganara las elecciones, era su falta de ambición personal que reflejaba en todo. Era una especie de Ghandi con carriel. Aspirar a la reelección inmediata le quita al Presidente de la República este encanto.

Echandía también se hacía una pregunta histórica: "El poder, ¿para qué?". El interrogante tiene muchas respuestas. Pero la única que no se puede dar es la de que el poder es para uno.

Mi último temor es que el presidente Uribe quede acusado de ello por sus enemigos. Y que aunque logre su objetivo de hacerse reelegir -y creo que lo logrará- lo haga bajo la sombra de una controvertida reingeniería constitucional personalizada.

ENTRETANTO. ¿No es como más tranquilizador que Avianca quede en manos de Continental-Copa que en manos de un señor Efromovich?

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