Sábado, 30 de agosto de 2014

EL OSO DE BEJARANO

| 1995/07/31 00:00

EL OSO DE BEJARANO

A comienzos de la semana pasada al fiscal le dio por interpretar la ley y le puso una bomba al sistema de sometimiento a la justicia.

SI YO FUERA RAMIRO BEJARANO, HAbría renunciado de inmediato tras el escándalo que se armó con la supuesta captura del falso Phanor Arizabaleta. Pero no habría renunciado por verguenza. Habría renunciado por desilusión. Bejarano era, antes de encargarse de la difícil misión -para no decir imposible de dirigir al DAS con aceptables dosis de efectividad, un honorable jurista dedicado exitosamente a la profesión, con más posibilidades de sobrevivir holgadamente con los honorarios profesionales que con el suerdo que actualmente devenga. Pero un buen día -y entiendo que haya gente que no cree en la transparencia de sus motivos, porque gente así es muy poca la que va quedando- el presidente Samper lo tentó con esta oferta, que Bejarano aceptó más por ganas de servir que de cualquiera otra cosa que pueda llevar a alguien a admitir meterse en un lio semejante.
Durante los meses que lleva alli, Bejarano ha logrado proyectarle una excelente imagen a la opinión, basada en esa manera de ser chabacana, desabrochada, desprevenida y transparente que lo caracteriza, y que el programa La Luciérnaga ha logrado caricaturizar de manera tan espectacular.
Con los medios ha sido categóricamente asequible. Yo hasta diría que exageradamente asequible. En primer lugar, por la convicción que tiene de que los medios merecen estar adecuada y oportunamente informados Pero también, porque no escapa a la libido del micrófono y a cierto gusto por la pantalla. Y como por la boca muere el pez, a Bejarano le llegó la hora de equivocarse, y se la han cobrado de una manera grosera y francamente exagerada, teniendo en cuenta la insignificante magnitud de la equivocación.
¿Que por unas horas pensó que tenia en su poder a Phanor Arizabaleta? Pues sí. Porque el capturado dijo ser Phanor Arizabaleta y porque el cotejo de huellas en este país, donde existe un sistema muy vulnerable de identificación, es lento y dispendioso. ¿Que muchos medios de comunicación se chiviaron con la falsa noticia basados en las declaraciones de Bejarano? Pues si. No es ni la última ni la primera vez que los medios nos ensartamos en informaciones falsas o inexactas y muchas veces sin que ni siquiera medie la confirmación de un funcionario. ¿Que finalmente no resultó ser Phanor Arizabaleta? Pues no. Pero en cambio resultó ser un pillo de aficiones criminales distintas a las del narcotráfico, que bien merecía estar tras las rejas. ¿Que la noticia recorrió el mundo antes de que fuera desmentida? Pues sí. Y no veo qué daño puede causar, dentro o fuera de Colombia, la noticia de que hubo un error en la identidad del capturado, que se resume en una simple conclusión: la de que Phanor no era Phanor. ¿Y qué?
En este asunto no veo por ningún lado el oso polar que los medios de comunicación se han empeñado en achacarle a Bejarano. Lo que si resulta increíble es que tan insignificante equivocación, que de todas formas puso tras las rejas a un delincuente, haya servido para crucificar a un buen funcionario del Estado, que carece de ambiciones politicas, y que únicamente persigue lo que en Colombia es cada día una aspiración más escasa: la de servirle al pais, a costa de su tranquilidad, de su sueño, de su vida familiar y de su profesión de abogado.
Pero como si lo anterior fuera poco, Bejarano tuvo que arrancar la semana pasada enfrentado a la bomba atómica que el fiscal Alfonso Valdivieso le puso a la ley de sometimiento de los delincuentes a la justicia.
Cuando comenzaban a entregarse como moscas los narcotraficantes más buscados de este país, al Fiscal, seguro que de buena fe, le dio por interpretar la ley, para concluir que la entrega de un delincuente, cuando está acosado por el Bloque de Búsqueda, no le vale para una eventual rebaja de penas, porque no debe interpretarse como una entrega voluntaria, sino forzada.
Esta interpretación no solo cortó de tajo la perspectiva de futuras entregas (porque Si da lo mismo entregarse a que lo cojan a uno, ¿para qué lo primero?), sino que ridiculiza en este aspecto tan vital todo el sistema de sometimiento a la justicia. Si para que un delincuente se entregue y le valga para que le rebajen la pena se necesita que no lo estén buscando las autoridades, los únicos que podrían tener la Posibilidad de entregarse a la justicia serían los inocentes, porque solo a ellos las autoridades no los están persiguiendo.
Y para completar, el Fiscal critica las actas de entrega redactadas por el director del DAS y el Ministro de Defensa, con el argumento de que no son ellos, sino el juez, el que debe calificar la entrega de 'voluntaria'. Me parece un poco absurdo pedirle a Bejarano y a Botero que ante la entrega de un delincuente, no dejen constancia de lo que conocieron como autoridades: que los individuos en cuestión se presentaron voluntariamente ante ellos, y no conducidos allí por algún tipo de autoridad. Más que la calificación de una conducta, decir que una entrega es voluntaria es más un hecho objetivo que un adjetivo impertinente.
Si hubiera que darle un consejo al director del DAS que le sirva para sobrellevar los dificiles días que le quedan por delante, se me ocurriría sugerirle tres cosas: que no hable tanto, que apague el celular a veces, y que aprenda con paciencia como es eso de servirle al país. No importa cuántas veces se acierte, porque la única vez que le escriben a uno editorial en El Tiempo es cuando se equivoca.

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