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Opinión

  • | 2012/06/20 00:00

    El padrino y los intocables

    La principal coincidencia radica en que Santoyo y Noguera no sólo se convirtieron en 'intocables', sino que fueron nombrados en los dos más sensibles y neurálgicos cargos relacionados con la seguridad nacional.

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De la larga lista de cercanos a Álvaro Uribe que han sido señalados, acusados y/o condenadas por la justicia (Andrés Felipe Arias, Bernardo Moreno, María del Pilar Hurtado, Luis Carlos Restrepo, Edmundo del Castillo, Diego Palacio, Salvador Arana, Juan José Chaux, José Miguel Narváez, los generales Rito Alejo del Río y Mario Montoya, su primo Mario y su hermano Santiago, etc.), hay dos nombres que reúnen ciertas preocupantes similitudes: Mauricio Santoyo Velasco y Jorge Aurelio Noguera Cotes.

Como es sabido, Santoyo fue el jefe de seguridad de Uribe durante su primer periodo constitucional (2002-2006) y luego enviado como agregado a la embajada de Colombia en Italia, mientras que Noguera le duró como su director del DAS hasta el 2005, hasta que los escándalos y las revelaciones de Rafael García lo obligaron a prescindir de tan “buen muchacho”, de quien además dijo que por él metía la mano al fuego, y lo mandó de cónsul a Milán, también Italia.

Al margen de la coincidencia italiana (que no deja de ser llamativa) la principal radica en que ambos no sólo se convirtieron en ‘intocables’, sino que fueron nombrados en los dos más sensibles y neurálgicos cargos relacionados con la seguridad nacional. ¿Cómo pudo ocurrir –se pregunta atónito cualquier desprevenido espectador- que el gobernante que centró su accionar en el rescate de la seguridad y que hoy no deja de trinar porque esta supuestamente decayó en el gobierno de Juan Manuel Santos, haya puesto la suya propia y la de la presidencia en manos de dos personas (acusada una, condenada la otra) tan íntimamente ligadas con el paramilitarismo y el narcotráfico?

Pero ahí no paran las coincidencias: el expediente contra Santoyo señala, sumada a la acusación por narcotráfico, que entregó a los altos mandos de las AUC y de la 'oficina' de Envigado información clasificada y de inteligencia sobre las investigaciones que llevaban las autoridades de Colombia con la colaboración de Estados Unidos e Inglaterra. Noguera, por su parte, fue hallado culpable de poner el DAS al servicio de los grupos paramilitares comandados por Hernán Giraldo y Rodrigo Tovar Pupo Giraldo, alias ‘Jorge 40’, y de suministrarles información que les sirvió tanto para evadir operativos contra ellos, como para consumar el asesinato del profesor Alfredo Correa de Andreis y de líderes sindicales, siendo condenado a 25 años de cárcel por concierto para delinquir, homicidio agravado y abuso de autoridad.

Una tercera coincidencia (¿o ya es la cuarta?) alude a las ‘chuzadas’ o escuchas ilegales que para el caso de Santoyo se habrían hecho en número superior a 1.500 contra miembros de la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, ASFADDES, cuando se desempeñó como jefe del Gaula en Medellín (1995-96), período coincidente con la gobernación de Álvaro Uribe. En lo referente a Noguera, una resolución de acusación de 2009 del fiscal Guillermo Mendoza contra este reza que "durante los años 2003, 2004 y 2005, sin que mediaran las órdenes judiciales de rigor ordenó vigilancias y seguimientos en contra de integrantes y organizaciones no gubernamentales de derechos humanos, así como de personalidades reconocidas en temas de paz".

De donde surge la inquietud de querer saber si, una de dos:

1. Estamos ante dos individuos tan habilidosos y de tan refinada mente criminal que, cada uno por su lado, lograron meterle al Presidente de Colombia semejantes golazos a su seguridad personal e institucional.
2. Álvaro Uribe buscó y contrató precisamente a personas que reunieran esos perfiles, para el desarrollo y aplicación de su muy particular visión de la Seguridad Democrática.

Es la justicia la que algún día deberá resolver semejante enredo, pero ello no impide mientras tanto cavilar en torno a si en efecto Mauricio Santoyo y Jorge Noguera fueron dos buenos muchachos de Uribe que terminaron traicionando su confianza (en cuyo caso habría que hablar de infinita torpeza por parte del mandatario), o si más bien fue que pudieron escalar tan altas cumbres porque desde un principio contaron con la protección de un buen 'padrino'.

DE REMATE: En su defensa, Uribe dijo que "a mí nadie me habló mal del general Santoyo". Pero es que, ¿podía haber acaso alguien tan temerario como para hablarle mal de Santoyo a Uribe?

*http://jorgegomezpinilla.blogspot.com/
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