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Opinión

  • | 2002/05/13 00:00

    El paissszzzaje

    La papa chorriada ya no se bañará con hogo sino con ‘ogao’. Y deberá desaparecer de inmediato el ‘montañero’

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En el periOdico antioqueño La Hoja encuentro, de puño del periodista y escritor Alfonso Salazar, una estupenda descripción que me cae como anillo al dedo para la columna de esta semana: “Una virtud de nuestro regionalismo es que no tiene matices de izquierda o derecha, de clase social, de nivel intelectual... Todos: taxistas y conductores de Mercedes Benz, mendigos y potentados, guerrilleros y paramilitares, todos al unísono dicen : ¡Ah! Es que como Medellín, no hay nada!”. Esta reflexión, en vísperas de la llegada de Alvaro Uribe a la Casa de Nariño, es casi una advertencia: ¡Bogotanas y bogotanos, empieza El Reinado Paisa! Y lo mínimo que podemos hacer para no parecer descorteses en esta nueva era, es darles gusto a los paisas con eso de que todo lo de ellos es mejor: estamos dispuestos a cambiar ciertas costumbres y a eliminar de nuestro léxico cachaco algunas palabras para reemplazarlas por su versión antioqueña. Para comenzar, la era paisa significa automáticamente que también arranca el cuatrienio de la arepa. ¡Bye bye baguettes hirviendo de Carulla o de Pan payá! No será raro ver aterrizar semanalmente un avión de Aces con 500 paquetes de arepas. Pero si toca comprarlas en Bogotá, asegúrense de que sean paisas, y la única forma de saberlo, según los propios paisas, es porque “son las únicas que tuestan rico”. Y en cuanto al léxico, los cambios serán drásticos. Nuestra expresión bogotana favorita, “lobo, loba, lobería”, caerá en desuso. En adelante todo eso será “mañé”. Y la palabra “charro”, que entre los bogotanos significa de mal gusto, ahora sólo se la aplicaremos a lo que nos parezca... chistoso. El aeropuerto El Dorado comenzará a llamarse en adelante “Campo de Aviación El Dorado”. Los noticieros de televisión “Telediarios” y los trancones de tráfico “tacos”. Acostumbrémonos: en las carnicerías ya no nos venderán chatas sino “solomo y solomito”. No manejaremos con pase sino con “patente”. No usaremos aretes sino “aretas”. Jamás volveremos a decir rrregio. En las panaderías no encontraremos ponqués sino “bizcochos”. La papa chorriada ya no se bañará con hogo sino con “ogao”. Y cuando alguien se nos cierre en la carrera séptima no podremos castigarlo verbalmente con nuestro tradicionalísimo y cachaquísimo “Hijo de P”, sino que de nuestra boca saldrá disparada una nueva expresión: “Y este berraco qué es lo que crEEee?” (Si la cerrada fue muy atrevida, la palabra podrá ser cambiada por “berriondo”, que a partir del 7 de agosto dejará de sonar mal en Bogotá). Bogotanos, es mejor que nos acostumbremos: durante los próximos cuatro años no iremos a hacer mercado sino a “mercar”. No nos engordaremos con galguerías sino con “mecato”. No comeremos pan sino “parva”. No pagaremos con sencillo sino con “menuda”. Nuestros hijos no montarán en balanza sino en “mataculín”. Y no jugarán con la pelota en el prado sino en “la manga”. No comeremos onces sino “el algo”. Y mucho ojo: la tina será de ahora en adelante un calentador y la bañera pasará a ser la tina. No alumbraremos con bombillos sino con “focos”, y no nos lavaremos las manos abriendo el grifo sino “la canilla”. No se nos descoserá el dobladillo sino “el ruedo”. No dormiremos en el cuarto sino en “la pieza”, y nadie nunca volverá a decirnos que estamos bonitas sino “pispas”. Y que no se nos vaya a ocurrir preparar los fríjoles —que en adelante serán obligatorios dos veces por semana como mínimo— en la olla express, sino en la “olla atómica”, aunque la diferencia culinaria sea inexistente. Ah: y para cualquier efecto, lo que se prende no es el equipo de sonido sino “la radiola”. Y si alguien nos quiere mandar al diablo, nos lo dirá muy francamente: “Ve, comete un tarrado”. Si de ser sinceros se trata, toda conversación deberá arrancar con una frase: “A calzón quitao y a enagua subida”... Y en cuanto al sentido del humor, los bogotanos deberemos tener siempre a flor de labio una sonrisa amable para celebrar cierto tipo de chistes: el de que “había un paisa tan amarrado, que para ir a un motel pedía cinco cotizaciones”. O el de otro paisa que confesaba que “las mujeres de senos pequeños son inteligentes, y por eso a mí me gustan bien brutas”. O el de otro paisa tan amarrado, que “oye misa por radio y lo apaga cuando van a pedir limosna”. ¡Abajo el repentismo bogotano! En adelante el humor tendrá un corte vernáculo. Pero quizá lo más importante de la era paisa que se inicia es que entre los bogotanos deberá desaparecer de inmediato la expresión “montañero”, así sea para describir cariñosamente las típicas costumbres y expresiones paisas del candidato de marras. Si es imperativo utilizarla, es mejor cambiarla por la expresión “autóctono”. Significa lo mismo pero es más… presidencial. Y conste que si escribo esta columna no es por “cismática”, (melindrosa, en prontamente antiguo bogotano) . Ante este reinado paisa que está a punto de inaugurarse… !Ojos han visto!
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