Martes, 17 de enero de 2017

| 1982/11/29 00:00

EL PAMBELE DE LA LITERATURA...

EL PAMBELE DE LA LITERATURA...

En una estupenda crónica publicada en "El Espectador", Antonio Panesso Robledo que suele ser tan petulante pero que a veces tiene cierta dosis de sentido común--nos hace caer en cuenta de un hecho interesante: en comunidades que no tienen una sólida tradición intelectual, como la colombiana, la gente suele creer que cultura y literatura son sinónimos. Más todavía: se piensa que la literatura es la única forma posible de cultura.
Ello se debe sin duda, al hecho de que el trabajo literario es el más elemental y popular entre todos los oficios de las bellas artes. Es el mas instintivo de todos. Al contrario de lo que sucede con la música o la pintura, e inclusive con ciertas formas gongorinas de poesía, la prosa requiere del lector dotes menores para su entendimiento.
Sin conocer el comentario de Panesso ,el propio García Márquez se refiere al mismo asunto cuando dice que la gente devoró emocionadamente "Cien años de soledad" porque es una novela lineal, simple, contada a la manera de las viejas historias de los abuelos, pero "El otoño del patriarca " tuvo que hacer un largo recorrido para ganarse el afecto del público porque su peculiar estilo narrativo está hecho para iniciados en la magia literaria.
En pocas palabras: la gente ama lo que entiende. La consencuencia más hermosa del Premio Nobel que acaba de ganarse el más grande escritor vivo de la lengua castellana ,radica precisa mente en la forma como los colombianos recibieron la noticia. Cuenta un periodista de "El Tiempo "que él salió a la calle a hacer una encuesta. Se encontró a una puta amanecida en una callecita sórdida de Bogotá. Le preguntó si ya sabía lo del premio.
--Si --respondió la mujer--. Un cliente me lo dijo cuando estábamos en la cama...
Creo que ese es el mejor homenaje que se le ha hecho a García Márquez.
Un escritor verdadero, un hombre que siente los dolores de su época, no puede aspirar a una gloria mayor que esa.
Por eso es que abundan ejemplos similares a los de esta mujer .Los taxistas de Barranquilla, que son una especie de periodistas ambulantes o de juglares de la Edad Media sentados al volante, salieron por el Paseo Bolivar haciendo sonar sus bocinas. Para ellos la cosa era tan grande como si el Junior se hubiera ganado el campeonato mundial de fútbol.
Un ingeniero cuenta que, temprano en la mañana, llegó a vigilar la construcción de un edificio. Fueron sus obreros quienes le dieron la noticia. Y en una fábrica de textiles de Medellín los cortadores de telas--que seguramente ganan el salario minimo--siguieron la transmisión con el radio pegado a la oreja, como si Cochise estuviera ganando una etapa, o como en aquellos años en que Antioquia entera esperaba que Ramón Hoyos llegara de primero al Alto de Minas.
Una ramera, unos taxistas, unos albañiles, unos obreros: eso es la cultura. No eran los señores de la Academia de la Lengua, cubiertos de serierad y de caspa, sino el pueblo hambriento, descalzo, explotado el que llevaba en su corazón a un escritor .
Es muy reconfortante comprobar que estas cosas ocurren en Colombia.
Yo, como todos los colombianos, me siento inmensamente orgulloso de un hombre como Gabito. Pero más orgulloso se siente uno al saber que este país y esta tierra pueden reaccionar así, con calor y amor, con alegría .
La Colombia auténtica, genuina, la Colombia nuestra ,este suelo de tantos afectos y tantas desventuras, no es la patria de los financistas tramposos ,de los que les roban a las viudas, de los que les escamotean sus centavos a los jubilados; tampoco es la patria de los que le suben el precio a la leche y condenan a los niños pobres a morirse de hambre; tampoco es la patria de los secuestradores ni de los que se enriquecen de la noche a la mañana con el tráfico de estupefacientes, no es la patria madre de los corrompidos que desfalcan el erario público.
La Colombia verdadera es aquella,la de una pobre mujer de la vida que sale a la calle a decirles a sus compañeras que un colombiano se ganó el Premio Nobel, la de los albañiles alegres por un galardon que consideran suyo, la del policía que llamó por teléfono a Caracol "para decirque en la Estación Cien los agentes de guardia estaban redactando un telegrama para mandárselo a García Márquez .
Hay una pregunta que, a esta hora, debe estar inquietando el espiritu investigador de los sociólogos: ¿por qué reaccionaron así los colombianos ante la noticia del Premio Nobel? Yo me atrevo, humildemente, a aventurar algunas respuestas. En primer lugar, porque Gabriel García Márquez es uno como ellos, como nosotros, como el textilero de Medellín o el taxista de Barranquilla. Es hijo de un telegrafista que además fue boticario. Ha estado sin empleo varias veces en su vida.
Tuvo que conseguirse una beca para poder terminar el bachillerato.
Pero, además, porque este país se estaba acostumbrando dolorosamente a que la únicas noticias posibles eran las malas noticias :capturado otro colombiano en Miami, crece el número de niños abandonados en las calles descubierto otro negociado, renuncia otro gobernador por sus malos antecedentes. Y de repente ,un jueves cualquiera de octubre, se despierta Colombia con la noticia del Premio Nobel.
Para ellos, para esta gente de la calle que a veces se va al trabajo sin haberse podido pagar un desayuno, Garcia Márquez es el Pambelé de la literatura. Pambelé es un García Márquez que boxea; García Márquez es un Pambelé que escribe.
El ministro de cultura de Francia, Jack Lang, concedió en París unas declaraciones en las que decir que García Márquez es a las letras de la América Latina lo que Cervantes fue a la España del Siglo de Oro, lo que Shakespeare es a la literatura inglesa, lo que Balzac representa para la prosa francesa. Justo y acertado comentario.
Pero conociendo a Gabo, sabiendo que es un colombiano integro, me parece que a él le cae mejor decirle que García Márquez es, para los obreros de Antioquia, el Cochise de la máquina de escribir.O ,como dirían sus viejos amigos del Portal de los Dulces de Cartagena, Gabito es el cuarto bate del mundo.
El presidente Betancur ha dicho, en una afortunada reflexión,que si lo que se buscaba con el Mundial de Fútbol de 1986 era una tribuna para la imagen de Colombia en el exterior, a esta patria le sirve más la "vitrina" del Premio Nobel. A propósito: por su juiciosa decisión de renunciar a ese campeonato, y evitarle a Colombia un despilfarro semejante, al presidente Betancur deberían conferirle el Premio Nobel de Economía ... -

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