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Opinión

  • | 1994/01/03 00:00

    EL PANTANO DE VARGAS

    El cuento sobre la utilización por parte del Presidente de la palabreja aquella no pasa de ser un gancho comercial calculado.

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ME SORPRENDIO FUERA DEL PAIS LA polémica que levantó el libro de Mauricio Vargas, las "Memorias del revolcón . Aunque por vagas referencias de su autor yo sabía que el libro estaba en el horno y que contaba cruciales episodios del transcurrir de este Gobierno relatados por un testigo de excepción, jamás imaginé la polvareda que se avecinaba. Por eso fue lo primero que hice. Lo compré, lo lei, me lo devoré y saqué mis conclusiones.
Para comenzar, pienso que al libro de Mauricio Vargas le ha pasado lo mismo que al "Capital", de Marx: que todo el mundo lo cita, y muy pocos lo han leído.
Sin embargo, algunas cosas que dicen quienes lo critican son verdad. El libro de Vargas tiene un tono narcisista que su autor no intenta disfrazar. El eje del libro es el yo de su autor: me dijeron, me contaron, me consultaron, yo dije y yo opiné... Muy parecido en su tono a la personalidad de su autor, afirmación que podemos hacer los amigos de Vargas.
Dicho de otra manera, el libro es de Vargas. Y el porqué se escribió este libro de Vargas, la respuesta podría estar escondida en su último capítulo. En él el autor cuenta el papel que cumplió como Ministro de Comunicaciones, al frente del penoso episodio con Telecom que culminó con un paro nacional de telecomunicaciones. No descarto, de ninguna manera, la importancia que este capítulo pueda tener para su autor, teniendo en cuenta que Vargas salió quemado de este episodio, como el libro cuenta que se lo dijo al presidente Gaviria al presentarle su re- nuncia.
Otra critica aceptable es la ferocidad con la que el libro arremete contra Ernestc Samper, a quien ninguna anécdota de la~ contadas por Vargas favorece. Más bien todas lo postran. Al lector le queda la duda de si las referencias a Samper son producto del antisamperismo de Vargas, o al contrario. Si el antisamperismo de Vargas proviene de haberlo visto actuando en los episodios que narra.
Las demás críticas me parecen injustas, envidiosas y hasta parroquiales.
Desde luego que las "Memorias del revolcón,, no constituyen un libro desleal, como algunos han pretendido calificarlo. Cuando se escriben las memorias los puntos de vista que se dan son los de uno, no los de los demás. ~,Es desleal que el funcionario de un gobierno escriba sobre lo que vió y oyó? Así es como se escribe la historia en el mundo moderno. En Inglaterra, por ejemplo, lo usual es que los ministros escriban sus memorias. Más que una costumbre, es una obligación histórica. En Estados Unidos las mayores revelaciones políticas del gobierno las han hecho en sus memorias los principales funcionarios de ellos. Donald Reagan secretario general de la Presidencia de Reagan, fue el que reveló que su esposa Nancy consultaba permanentenente a astrólogos. Dada la influencia sobre su marido, el dato dejó de ser un chisme y se transformó en una preocupante revelación política. Y como si eso fuera poco, David Stookman, el jefe de presupuesto de Reagan, reveló en sus nemorias que el presidente de Estados Unidos no entendía ni jota de economía. Que para obtencr de él alguna opinión sobre el presupuesto de EE.UU., le dibujaban un tanque, una mantequilla y un libro, con posibilidades dc colorearlos, para descubrir hacia dónde quería que se pusiera el énfasis económico.
También dicen que es un libro infidente. No me parece. Las memorias de este ex ministro de Comunicaciones no incursionan en ningún aspecto personal de los personajes del libro. Ni siquiera la anécdota sobre la utilización de la palabra "cabrón" por parte del Presidente para referirse a un conocido político es infidente. Eso no pasa de ser un gancho comercial calculado. Sin esta licencia idiomática, a lo mejor el libro habría levantado menos polvareda. En ello hace un contraste enorme con libros semejantes a la gringa, donde se estila llegar hasta a las camas de la gente cuando se produce una condición casi mundialmente aceptada por la ética periodística: cuando sus vidas privadas afecten sus oficios públicos.
En un país donde casi no existen los libros de historia, donde esta depende básicamente de una memoria oral que por lo pronto se limita a las magistrales conversaciones de Abelardo Forero con Tito de Zubiría en programas de cero rating por la televisión, las revelaciones del ex ministro Mauricio Vargas constituyen prácticamente el mayor atrevimiento de escribir historia política desde Henao y Arrubla.
Es indudable que el revolcón está contado, que está contado con picante y rigor histórico, y que uno agarra el libro y no lo suelta hasta el final. Y que Gaviria puede tener la tranquilidad que no tuvieron sus antecesores: ya no se irá inédito a su tumba.
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