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Opinión

  • | 2011/07/02 00:00

    El papel que no desapareció

    El abogado del coronel Plazas Vega o no conoce los documentos del proceso de su defendido contra la fiscal Buitrago, o está buscando aumentar la presión mediática en la campaña de desprestigio iniciada contra ella.

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La familia y los amigos del coronel Plazas Vega me agradecieron cálidamente cuando en febrero de 2008 investigue y publiqué las inconsistencias en el testimonio del cabo Edgar Villamizar. Ahora han decidido odiarme porque sigo diciendo que ese testigo es inconsistente y porque demostré que no fue suplantado por la fiscal del caso.
 
El abogado Jaime Granados mandó a decir por televisión que me demandó acusándome de haber usado un documento falso en la anterior columna.
 
Aquí está la historia de ese documento:
 
El miércoles primero de agosto de 2007, la fiscal Ángela María Buitrago adelantaba una diligencia de prospección en las instalaciones de la Escuela de Caballería. Esto quiere decir que buscaba en el terreno pistas sobre los desaparecidos del Palacio de Justicia.
 
Uno de los técnicos del CTI le informó que un esquivo testigo que días antes había ofrecido colaboración a los investigadores judiciales, quería finalmente declarar ese día y señalar donde habían sido supuestamente sepultados algunos desaparecidos.
 
La fiscal Buitrago, previa consulta con el delegado de la Procuraduría, determinó recibir la declaración. La ley la obliga a atender en cualquier momento y lugar un testimonio que pueda resolver una desaparición.
 
El hombre era Edgar Villamizar, ex suboficial del ejército y ex miembro del CTI, y fue conducido al lugar en un jeep de la fiscalía. Su entrada al cuartel no fue registrada como tampoco lo fue la de los fiscales, delegados de la procuraduría e investigadores judiciales.
 
La fiscal Buitrago y el fiscal auxiliar José Darío Cediel no tenían, en ese momento, un computador para recibir la declaración. Por eso pidieron prestado un portátil a un oficial y recibieron el testimonio del ex militar dentro de una buseta del CTI estacionada en el interior de la Escuela de Caballería.
 
El fiscal auxiliar cometió dos errores: Primero, escribió mal el nombre del testigo. En lugar de Villamizar escribió Villareal. En segundo lugar no puso al final de la declaración ese nombre.
 
Por esa razón las primeras dos copias con esos errores fueron firmadas por el ex suboficial Villamizar, quien además escribió su nombre a mano. Esa caligrafía es idéntica a la del mismo hombre en su folio de vida del batallón de inteligencia Charry Solano. (Ver comparación de firmas)
 
La fiscal Buitrago se alcanzó a percatar del segundo error y le ordenó a su auxiliar volver a imprimir la declaración agregando el nombre del testigo al final, estableciendo que la diligencia continuaría y aclarando que uno de los investigadores acudió en calidad de fotógrafo.
 
Decidió guardar esas copias porque temió que si las rompía en semejante lugar podían ser reconstruidas por alguien interesado en conocer la declaración.
 
El abogado Jaime Granados, célebre por litigar en medios y columnas de regular factura, ahora afirma que el papel es falsificado y en apoyo de su argumento dice que es diferente a la copia que está en el expediente.

Lo que no dice Granados–porque desde luego no le conviene- es que una copia de ese papel fue aportada hace más de un año al proceso que inició el coronel Luis Alfonso Plazas Vega contra la fiscal Ángela María Buitrago.
 
Jaime Granados o no conoce los documentos del proceso de su defendido contra la fiscal; o está buscando aumentar la presión mediática dentro de la campaña de desprestigio iniciada contra la jurista.
 
Para ayudarle al letrado -y de paso evitarle un proceso por falsa denuncia- le informo comedidamente que el papel hace parte del expediente 110016000102200900166 de la Fiscalía Primera Delegada ante la Corte cuya titular es la doctora Norma Angélica Lozano Suárez.
 
En 2008 sostuve que el testigo Villamizar, un curtido hombre de inteligencia, buscaba amparar a otros implicados descargando toda la culpa en el coronel Plazas Vega. Ahora sus jefes lo están usando para dinamitar el proceso completo y de paso para intimidar a quienes se han atrevido a investigar.
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