Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2004/10/31 00:00

El paracaídas

Bush y el Papa se miran sorprendidos. -Si éramos sólo tres votos, ¿cómo es que este doctor Name nos ganó por ciento catorce mil y pico ?

El paracaídas

De la reelección del presidente Álvaro Uribe está empezando a hablar ya, cuando faltan casi dos años, hasta la prensa internacional, que en lo que a Colombia toca sólo se suele ocupar de narcotráfico y violencia. Claro está que esos dos temas subtienden el de la reelección de Uribe, y aun lo explican. Pero por alguna misteriosa razón la prensa internacional no hace la conexión entre ellos. Da por hecho, por ejemplo, que la aprobación a la reelección por parte del Congreso no tiene nada qué ver ni con el amedrentamiento ni con la corrupción. Y que si en un principio había quienes se oponían y ahora esos mismos la aprueban, sus motivos son nobles: han visto la luz.

Pero a mí, con perdón de la prensa internacional, estas cosas del presidente Uribe me recuerdan un chiste que sin duda mis lectores conocen. Es un chiste en el que figuran el presidente George W. Bush de los Estados Unidos y el papa de Roma Juan Pablo II, pero del cual el protagonista central es el doctor José Name Terán.

Resulta que van en el avión Air Force One de los Estados Unidos el presidente Bush, el Papa Wojtyla y el doctor José Name Terán, senador por el departamento del Atlántico. Interrumpe la charla el piloto del avión, demudado, diciéndoles:

-Señores, el avión se está cayendo. No hay nada qué hacer. Nosotros los tripulantes aceptamos la muerte en cumplimiento de nuestro deber. Pero el problema son ustedes tres, que son tres. Y no hay más que un solo paracaídas. Aquí lo dejo. Decidan ustedes cuál de los tres lo utiliza, y se salva.

Dice entonces Juan Pablo II:

-Yo soy el Papa, el representante de Cristo en la tierra, la cabeza visible de la Iglesia Católica, una comunidad de cientos de millones de creyentes que quedarían huérfanos sin mí. Creo que ustedes dos comprenden que el paracaídas me corresponde.

Pero Bush forcejea con él, para impedir que se lo ponga:

-No, no, no, ni muchísimo menos. Yo soy el presidente de los Estados Unidos de América, el comandante en jefe del Mundo Libre, el último baluarte contra el Eje del Mal del terrorismo internacional. Sin mí, volvería el comunismo, se generalizaría el aborto, Fidel Castro se adueñaría de toda la tierra. Es obvio que el paracaídas -que además ha sido pagado con dinero de los contribuyentes norteamericanos- es mío.

Interviene el doctor José Name Terán, senador por el departamento del Atlántico, proponiendo una solución de consenso:

-No pretendo compararme con ustedes dos: ni con el hombre más santo de la tierra, que es Su Santidad el Papa, ni con el más poderoso del mundo, que es el señor Presidente de los Estados Unidos. Yo no soy más que un modesto político de la provincia colombiana. Pero si todos los hombres somos iguales ante Dios, si todos somos iguales ante el pueblo, ¿por qué no sometemos a votación a cuál de nosotros tres le toca el paracaídas?

El Papa y Bush se miran. El Papa recuerda que gracias a la intervención del Espíritu Santo ganó las elecciones en el cónclave, tras matar a Juan Pablo I. Bush recuerda que por obra y gracia de su hermano Jeb ganó las elecciones en el estado de Florida. Aceptan la propuesta. Y votan.

Y gana el doctor José Name Terán, que tras un discursito de agradecimiento a sus electores, breve, pues el tiempo apremia, se pone el paracaídas y salta ágilmente por la ventanilla. Mientras el avión se precipita hacia su destrucción, Bush y el Papa se miran otra vez, no ya con un guiño de astucia sino con un ojo redondo de desconcierto. Y el uno le dice al otro.

-Si éramos sólo tres, ¿cómo es que este doctor Name ganó el paracaídas por ciento catorce mil y pico de votos?

Bueno: pues exactamente de la misma manera ganó el doctor Álvaro Uribe la aprobación de su reelección en el Congreso. Ahora le falta todavía, claro está, ganar la reelección propiamente dicha en las urnas, con los votos de la gente. Y no va a ser tan fácil. Pero él, que es un creyente fervoroso y un republicano convencido, contará para entonces con la intervención del Espíritu Santo y con la ayuda del presidente Bush.

Y, por supuesto, con los votos del doctor José Name Terán.

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