13 julio 2013

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El perdón de Mancuso

Por Marta RuizVer más artículos de este autor

MARTA RUIZQue Salvatore Mancuso pida perdón por sus crímenes es una buena noticia. Pero ¿y la verdad?

El perdón de Mancuso.

Nunca olvido la primera versión libre que rindió Salvatore Mancuso ante los fiscales de Justicia y Paz. Llegó pavoneándose, sintiéndose como un héroe, hablando con altivez sobre una supuesta guerra justa. Se tomó dos días explicando en diapositivas, no sin cierto orgullo, todas sus matanzas. Má
s que un aporte a la verdad, aquello fue un parte de guerra que insultaba a las víctimas, a quienes denigró con su trato cada vez que pudo. Incluso, llegó a decir que Kimy Pernía, el gran líder emberá del Sinú, había sido un guerrillero vestido de civil. Todo el mundo salió indignado de aquella audiencia.     

En muchas de las versiones que ha dado durante estos años ha justificado aquellas   expediciones de tierra arrasada que realizó a lo largo de medio país y que dejaron miles de muertos y desparecidos, y un despojo sin límites. En otras ocasiones ha jugado a inculpar a los muertos, a contar verdades a medias, al chantaje político.

Sin embargo, algo parece haber cambiado en Mancuso. Esta semana el portal 2orillas publicó un video (Vea el video aquí) que el exjefe paramilitar le envió a un grupo de víctimas que se reunieron con mandos medios de las AUC detenidos en la cárcel de Cúcuta, a instancias del padre Leonel Narváez y su Fundación para la Reconciliación.  

Encerrado en una celda, calvo y con unas gafas de aumento que apenas le dejan ver los ojos, Mancuso leyó un texto excesivamente lírico, donde describe su arrepentimiento:  

“Mi corazón alberga angustias y pesares que no tendría derecho de expresar (…) aguijoneado como estoy por dolores, remordimientos atribulados que navegan las aguas de mi memoria (…) nosotros quienes fuimos equivocados combatientes, en mala hora combatientes (…) ofrendaría mi vida para devolver la vida de todos aquellos que la perdieron por nuestras manos (…) Una y mil veces perdón, un millón de veces perdón. Infinitas veces perdón”.

Creo que su discurso merece una reflexión.

Cuando las AUC entregaron parcialmente las armas, en aquel enmarañado proceso de paz durante el gobierno Uribe, el país adoptó un modelo de justicia transicional de verdad, justicia y reparación, para juzgar a los jefes paramilitares y lidiar con ese pasado atroz. Se suponía que este modelo garantizaría los derechos de las víctimas y que el país conociera la dimensión de la barbarie, para no repetirla nunca. 

En ese entonces se dejaron de lado las propuestas de justicia restaurativa que impulsaban sectores religiosos y que apoyaban entusiastas líderes como el entonces vicepresidente, Francisco Santos. (¡Que paradoja!).

Esta justicia se ha inspirado sobre todo en la experiencia de Sudáfrica, donde hubo actos públicos de contrición y reconciliación entre víctimas y victimarios. Pero lo que muchos olvidan es que allí, además de estas puestas en escena del perdón, hubo una transición política, encarnada en Mandela, que hizo posible la paz. 

El video de Mancuso me ha hecho pensar que, aunque el país profundice la justicia transicional, como necesariamente será si hay un acuerdo por la paz, tampoco debe dejar de lado la justicia restaurativa. No se puede menospreciar el valor del arrepentimiento ni del perdón, especialmente si lo que se quiere lograr en el posconflicto es una humanidad compartida entre los colombianos. Entre los que hicieron la guerra, los que la sufrieron y los que la miraron impávidos o indolentes.

Claro, siempre y cuando la piedra angular de todo el proceso sea la verdad. Sólo ella nos permitirá hacer la transición política que tanto necesita Colombia.

Y en ese terreno, en el de la verdad, Mancuso todavía tiene una deuda enorme con el país. 

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