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Opinión

  • | 2011/10/27 00:00

    El poder blando de Brasil

    Desde esta perspectiva, Brasil ha venido en los últimos 10 años ampliando los recursos de “poder blando” en su proyección exterior.

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La disciplina de las relaciones internacionales ofrece una serie de conceptos que son de mucha utilidad para interpretar la forma en que un Estado en particular ejerce sus recursos de poder para ganar influencia y prestigio en el sistema internacional. De allí que en el acervo conceptual de dicha disciplina nos encontremos, entre otros, con los siguientes conceptos: poder duro (hard power) y poder blando (soft power).

El primero se refiere a la forma más tradicional de ejercicio del poder. Es cuando un Estado logra, basándose en la coerción y la fuerza, que los demás Estados hagan lo que él quiere. Se asocia generalmente a la dimensión militar. Por tanto, la idea de “poder duro” nos recuerda los momentos más agresivos de la política exterior norteamericana durante los dos gobiernos de George W. Bush (2001-2009). Por lo que se refiere al “poder blando”, es la habilidad que posee un Estado para estructurar una situación dada, de modo que otros Estados desarrollen preferencias o definan sus intereses de forma consistentes con los suyos. Es lo mismo que seducir, influenciar y cooptar el apoyo del otro por medio de ideas. Esa habilidad para influenciar al otro está asociada a tres fuentes principales: la cultura, los valores políticos y la política exterior.

Desde esta perspectiva, Brasil ha venido en los últimos 10 años ampliando los recursos de “poder blando” en su proyección exterior. Es decir, ha fomentado el multilateralismo, la diversificación de las relaciones, la universalidad del derecho internacional y el respeto a las diferencias. Así mismo, ha priorizado las relaciones sur-sur, en cuyo contexto se desarrolla una cooperación que se basa en el intercambio de políticas públicas nacionales. En este sentido, la diplomacia brasileña ha venido intensificando en la región en el ámbito de la educación superior la movilidad de estudiantes y profesores con los países del área, la constitución de comunidades académicas binacionales y la producción científica conjunta. De allí que, según el actual Ministro Consejero de la Embajada de Brasil en Colombia, Alessandro Candeas, “la educación es condición indispensable para el fortalecimiento del proceso de integración regional en Sudamérica, puesto que mejora la calidad de vida y confiere sentido histórico para la interacción entre las naciones”.

Por tanto, destaco la importancia que tiene para el desarrollo de las relaciones colombo-brasileñas la firma, en el marco de la II Reunión de la Comisión Bilateral, celebrada en Brasilia el 26 de octubre por los cancilleres de ambos países, María Ángela Holguín y Antonio de Aguiar Patriota, de dos acuerdos entre ambas naciones sobre la cooperación científica, tecnológica y educativa. Ambos acuerdos crean las bases para que se produzca un salto cualitativo en las relaciones de cooperación académica y científica entre Colombia y Brasil.

El primero de los acuerdos se celebró entre COLCIENCIAS y CAPES (Coordinación de Perfeccionamiento de Personal de Nivel Superior), cuyo objetivo es el establecimiento de mecanismos de cooperación científica, tecnológica y de innovación bilateral con énfasis en la formación de recursos humanos. Dicho acuerdo pretende promover la formación de alianzas universitarias para la investigación y la divulgación del conocimiento y la innovación tecnológica. Se estimulará la cooperación en las siguientes áreas: energía, ciencias del medio ambiente, biocombustibles, defensa, nanotecnología, democracia, relaciones internacionales, bilingüismo, biodiversidad, materiales, salud, recursos hídricos y tecnologías de la información y telecomunicaciones.

El segundo celebrado entre el ICETEX y el CAPES tiene como objetivo principal el establecimiento de mecanismos de cooperación académica bilateral, con énfasis en la formación de estudiantes en nivel de postgrado, en el perfeccionamiento de idiomas y movilidad académica de corta duración. Para la materialización de ambos acuerdos, las partes destinarán los recursos pertinentes y las respectivas convocatorias para tener acceso a los programas conjuntos.

Ahora bien, es necesario que dichos acuerdo tengan la visibilidad y divulgación que se requieren, para que las universidades y centros de educación superior colombianos se apropien de su materialización. Es un llamado tanto a profesores y estudiantes, para que por fin entiendan que nuestro “Norte” es el “Sur”, combatiendo así el proteccionismo epistemológico tradicional de los países ricos. Citando de nuevo a Candeas, los objetivos de la educación para la integración conforman un conjunto de contenidos, mecanismos, prácticas y políticas volcados al mejor conocimiento de las sociedades vecinas, como los que encarnan los acuerdos aquí enunciados, permitiendo que sus ciudadanos superen prejuicios y estereotipos, se relacionen con respeto y construyan conjuntamente un destino próspero.

* Director del Departamento de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana y Editor de la Revista Papel Político.
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