Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2010/06/05 00:00

El poder del fanatismo

Una Fiscalía adscrita al Ejecutivo le garantizaría al padre de la Seguridad Democrática una justicia a su medida para guardarle sus espaldas.

El poder del fanatismo

El presidente Uribe está queriendo utilizar la aplastante victoria del 30 de mayo, para imponerle a su posible sucesor la tarea de acabar con uno de los pilares de nuestra democracia: la autonomía de la justicia.
 
Desde el domingo pasado, el mandatario colombiano se ha dedicado a insultar y a amenazar a los fiscales, a los jueces y a los magistrados de las altas cortes que están investigando los abusos de poder de su gobierno y sus escándalos de corrupción; ha cuestionado sus decisiones judiciales tildándolos de prevaricadores y de idiotas útiles del terrorismo en un derroche de arrogancia que asustaría al más valiente de los jueces.
 
Pero lo que resulta más peligroso no es solo el desdén que el Presidente demuestra por la justicia, sino la forma irresponsable en que utiliza su ascendencia sobre los colombianos para tergiversar la realidad y conseguir que sus falacias se conviertan en verdades.
 
Uribe habla desde el poder que se deriva de creer que en las democracias las mayorías son una dictadura. Y utiliza ese poder que tiene sobre esas mayorías para desacreditar o enaltecer las instituciones en función de sus propios intereses. Una y otra vez ha dicho ante los medios que es el colmo que la Fiscalía haya acusado del delito de cohecho al ex ministro Sabas Pretelt. Para Uribe la compra del voto de Yidis -que le aseguró la aprobación de su reelección presidencial en la Cámara-, fue tan solo un legítimo acto de clientelismo.
 
Y cuando una jueza encarceló al director de la Uiaf, acusado de haber puesto su oficina al servicio de una red criminal orquestada para investigar a magistrados, el Presidente salió a los medios a decir que era el colmo que al doctor Aranguren lo hubieran encarcelado por estar cumpliendo con su función, es decir, por estar investigando la penetración del narcotráfico en el Estado.
 
Lo grave es que buena parte de esos seis millones y pico que votaron por Juan Manuel el 30 de mayo le creen al presidente Uribe todo lo que afirma en los medios. "Yo le creo a Uribe cuando dice que eso de las 'chuzadas' es una mentira", me dijo un orgulloso un uribista proveniente de la clase popular, quien votó por Santos porque es un devoto del Presidente. Algo parecido me dijo el día del triunfo de Juan Manuel Santos en primera vuelta un contertulio uribista de estrato 6 en el programa Hora 20. "Ahora -dijo casi que en un tono amenazante,- lo que se viene es un juicio a la justicia".
 
En este escenario que se está cocinando, tan adverso a la autonomía de la justicia, pierden no solo los jueces, los fiscales y los magistrados que se atreven a actuar en concordancia con la ley. También perdemos todos los colombianos porque estamos expuestos a una justicia amedrentada por el poder de un régimen que siente que esos seis millones y pico de votos que sacaron en la primera vuelta, más los otros tantos que saquen en la segunda, les dan un mandato para imponer una justicia de bolsillo y empequeñecer aún más nuestra democracia.

Falta ver hasta dónde está dispuesto a ir Juan Manuel Santos en esta materia si resulta elegido el próximo presidente de este país. Por lo pronto el tema no lo trasnocha. Y por el contrario sigue con su papel de cordero, convocando a un gobierno de unidad nacional, llenándose de caciques conservadores y liberales que llegan a su sede como hijos pródigos. No obstante, por su silencio en esta materia, se puede deducir que la primera piedra con que Santos quiere cumplir ese mandato de Uribe es la de proponer una Fiscalía que sea enteramente adscrita al Ejecutivo. De esa forma se le garantizaría al padre de la seguridad democrática una justicia a su medida, concebida para guardarle sus espaldas. Una justicia de bolsillo, que cubra con el manto de impunidad sus abusos de poder y sus escándalos de corrupción es lo mínimo que se le debe garantizar a quien ha refundado la patria. Si es esta la base sobre la cual se va a sostener este nuevo Frente Nacional que Santos está proponiendo, no me quiero imaginar el resto. Ojalá Antanas Mockus, el candidato verde, tenga algo que decir en este terreno y alerte a esos casi cinco millones de votos inconformes que se hicieron sentir el domingo, de los peligros del fanatismo que nos augura el continuismo.

Los fanáticos no razonan ni son capaces de respetar a quienes piensan de otra manera. No aceptan argumentos ni son tolerantes con las minorías. Norberto Bobbio decía que la democracia es el sistema que se destaca por respetar a las minorías y en donde el consenso y el disenso forman parte del régimen político. Pero ni Uribe ni Santos han leído a Bobbio.Sólo a José Obdulio.

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