Viernes, 28 de noviembre de 2014

| 2013/05/23 00:00

El POT y los “prosticentros”

La discusión sobre cómo manejar la prostitución en Bogotá tiene mucho más de largo y de ancho que el rifirrafe de la semana pasada entre el alcalde y sus opositores.

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Hace unos días el Concejo de Bogotá y los medios de comunicación tuvieron de qué hablar por cuenta de un artículo de la propuesta de Plan de Ordenamiento Territorial –POT- que presentó la Alcaldía de Petro con el fin de ordenar la prostitución en la capital. En resumen la discusión se dio porque, según el artículo, actividades como el ejercicio de la prostitución “También se permiten al interior de Centros Comerciales” que cumplan con ciertas características.

La traducción de varios concejales y medios, que no le perdonan una al alcalde cada vez que les da papaya, fue que la alcaldía estaba proponiendo meter prostíbulos a Centros Comerciales como Andino o Unicentro. Ante el escándalo, el alcalde y su secretario de planeación tuvieron  que aclarar que allí donde decía “centros comerciales” debía leerse “Centros especializados de servicios sexuales”, o como los han apodado algunos, “prosticentros”. Alegaron además que, por tratarse de una propuesta de POT, la idea era que la discusión pública ayudara a mejorar la “redacción” del artículo.

Sin embargo, la discusión sobre cómo manejar la prostitución en Bogotá no se trata solo de ajustar aquí la redacción y de cambiar una expresión allá.  Es más bien una decisión difícil de política pública que, para que produzca resultados favorables (en términos de organización de la ciudad, condiciones laborales y de salubridad), requiere tanto del apoyo de la ciudadanía como de que las autoridades locales se le midan a vigilar el cumplimiento del POT.

Hay varios puntos sobre el tema que deben estar claros para poder juzgar con criterio cualquier propuesta regulatoria frente al tema. Lo primero es que en Colombia, como en unos 15 países más, el ejercicio de la prostitución es una actividad completamente lícita. Como le dijo a un amigo mío una trabajadora sexual: “así como los intelectuales venden el cerebro, nosotras vendemos el cuerpo”.

Siempre que no se trate de una actividad impuesta por la fuerza, sino elegida libremente por la persona –incluso cuando sea la necesidad económica la que lleve a “elegir” esa actividad-, la prostitución es legal. Y como lo reconoció la propia Corte Constitucional, los y las trabajadoras sexuales merecen que se les reconozcan los mismos derechos que a los demás trabajadores.

Pero el hecho de que sea legal no convierte a la prostitución en el oficio más dignificante del mundo. Pues sin necesidad de entrar en discursos moralistas, los peligros relacionados con su ejercicio –como la trata de personas, el trabajo sexual infantil, el mayor riesgo de enfermedades de transmisión sexual o la mayor exposición a la violencia- claramente no son condiciones ideales de desarrollo profesional.

Se trata entonces de una actividad económica para la cual la prohibición se ha revelado impotente y dañina. Entre más se reprime, más obligadas se ven las trabajadoras a desplazarse a zonas marginales en las que empeoran las condiciones de práctica del oficio. Por eso, lo mejor en esta situación –como también lo sería en el caso del consumo de drogas- es adoptar una actitud de tolerancia regulada. Esto es, permitir el ejercicio de la prostitución, pero al tiempo establecer unas condiciones para 1. Lograr reducir los riesgos de la actividad, 2. Prevenir que más personas en el futuro se dediquen a ella y 3. Facilitar la rehabilitación de quienes quieran dejar de vender sus cuerpos como forma de ganarse la vida. La propuesta de POT de la Alcaldía se concentra precisamente en reducir los riesgos a través de la reubicación de las trabajadoras sexuales en espacios más salubres y seguros que la calle.

Alcanzar todos los objetivos mencionados no es para nada fácil. Pero por eso la discusión acerca de las distintas alternativas de regulación de la prostitución debe basarse en argumentos fundamentados y validados en el debate público. En vez de eso, nuestros concejales  se refugian en moralismos que no aportan al debate. ¿Por qué más bien no se toman en serio el tema y dan un debate bien dado?
 
*Investigadora de Dejusticia.

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