Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2007/02/10 00:00

El Presidente y el Polo

Si a alguien se le acusa de delincuente, como ha hecho petro, lo mínimo que debe hacer es llevar las pruebas o retractarse pública y expresamente

El Presidente y el Polo

En esta pelea se han equivocado ambos, el Presidente y el Polo. El Presidente ha cometido errores sorprendentes.

El primero fue contestarle a Gustavo Petro. Para responderle estaban los ministros del despacho. Algunos justifican la intervención presidencial con el pretexto de que no dan la tallan. Es excusa floja. Si no lo hacen, hay que cambiarlos. El punto es que Uribe le dio a Petro una estatura que no merece. Aunque los medios le atribuyen esa iniciativa, ni siquiera tiene el mérito de haber puesto la denuncia sobre los "para-políticos". Esa medalla se la lleva Clara López, a quien no deberíamos terminar de agradecerle.

No deja de ser curioso que Petro esté opacando figuras del Polo que, como Lucho Garzón, Antonio Navarro, Jorge Enrique Robledo o Daniel García Peña, tienen muchos más méritos, compromiso democrático, claridad en los propósitos y fundamento ideológico y político, que el ex guerrillero. En buena medida la responsabilidad de semejante desatino es de los medios de comunicación. Han decidido premiar a los bocones, quizá porque hacen más ruido, quizá porque la grosería resalta más como noticia que la ponderación y la mesura. Los medios, además, no han cuestionado el apoyo de Petro a Chávez, después de su fallido golpe de Estado en 1992. Parece que al ex guerrillero le agradan los militares golpistas, siempre que sean de izquierda. Tampoco le han preguntado si está de acuerdo con la desaparición en Venezuela del sistema de frenos y contrapesos, esencial para la democracia, o si le gusta la ley habilitante que le permite a Chávez legislar sin el Congreso, o si apoya la política de nacionalizaciones que puso en marcha. ¿Acaso son esos el régimen político y las políticas públicas que quiere Petro para Colombia? El silencio habla.

Petro, además, tiene un dañino estilo de "oposición". No es como Robledo, un contradictor con quien se puede disentir, pero que es preparado y serio. No es como Navarro, un ex guerrillero jugado por la democracia y a quien no le tiembla la voz para condenar a las Farc y el uso de la violencia con fines políticos. No es como Lucho, un hombre sensato que sabe bien de los desafíos y las dificultades de gobernar. No es como Carlos Gaviria, con quien hay abismales diferencias políticas, pero al que reconozco conocimiento jurídico profundo y capacidad para hacer planteamientos judiciales de calado. No es siquiera un senador de iniciativas y propuestas. Petro, en cambio, insulta y calumnia, como lo hizo en la entrevista del 2 de febrero en El Tiempo que fue el detonante de este episodio.

El otro error del Presidente fue devolver las ofensas con un lenguaje impropio y que no corresponde a la majestad de su cargo. Álvaro Uribe no es sólo un hombre herido en su honor y adolorido por las imputaciones de mafioso y paramilitar que le hacen a él y a su hermano. Es el Presidente de la República y eso lo obliga a moderar el lenguaje y a hacer, con base en el ejemplo, la pedagogía necesaria para fomentar la convivencia armoniosa entre los colombianos.

Ahora bien, no es menos cierto que el Polo como partido político se equivoca acuerpando a Petro en lugar de tomar distancia de sus declaraciones o, yendo más a atrás, cuando no censuró los gritos injuriosos de sus miembros el día de las elecciones presidenciales. Y que el Polo sigue un camino desacertado al plantear el debate en el terreno personal y no en el de la política, como correspondería. Es un error, además, decir que en el anunciado debate de marzo no debemos esperar las pruebas de las acusaciones contra el Presidente. Petro planteó el debate en el terreno de lo penal y el Polo terminó apoyándolo. Si a alguien se le acusa de delincuente, como ha hecho Petro, lo mínimo que se debe hacer es llevar las pruebas o retractarse pública y expresamente. Sostener que el debate será de responsabilidad política después de lanzar gravísimas acusaciones penales contra nadie menos que el Presidente de la República, no es serio. Es abiertamente irresponsable.

En fin, estoy convencido de la necesidad de que la oposición haga control político y controvierta las posiciones oficiales. Es parte esencial de la democracia. Pero la posición que el Polo ha decidido asumir en este caso, sólo para sostener a Petro, en nada contribuye en este propósito.

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