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Opinión

  • | 1983/02/21 00:00

    EL PRIMER OBJETIVO: LA JUSTICIA

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La función esencial del Estado, de todo Estado, es la justicia y con ella la seguridad que es el respeto a la justicia. No tendría ninguna explicación el que los hombres se congregaran y firmaran el Pacto Social,.si no tuvieran esa meta ideal, sin la cual toda congregación humana se convierte en congregación de instintos primarios. Lo que enaltece al hombre y a las sociedades es la noción de la justicia.
Y sobre ella han escrito los más insignes pensadores. Es célebre la sentencia de Pascal: "La justicia sin la fuerza es irrisoria, la fuerza sin la justicia es tiránica. Haced que todo lo justo sea fuerte y todo lo fuerte sea justo".
La más grave crisis que ha sufrido el país en estos tiempos es la crisis moral. Se comete un error en atribuirla a los partidos, porque ella se ha engendrado en el seno de la sociedad. Se ha vivido un fabuloso apogeo del dinero ilícito, que destruye todos los valores, penetra por las hendijas de todos los institutos, disuelve las nociones éticas. Como nunca, el dinero se ha convertido en la unidad de medida de todas las cosas. Con este criterio se afectan las relaciones sociales, la política, las jerarquías, la administración en todas sus ramas. Toda especie de enemigos salen al encuentro de la recta justicia.
Para comenzar, las deficiencias de la Universidad, de donde salen los abogados que han de ser lo jueces.
Han venido desapareciendo los profesores magistrales, cuya vida estaba de acuerdo con su palabra y su saber. En los claustros se informa, no se forma.
Toda especie de presiones se ejercen sobre magistrados y jueces, en el cumplimiento de su misión. La presión privada de quienes han incurrido en el ilícito y que aspiran a la venalidad del juez con la amenaza o con el halago. Y la atmósfera pública creada por los innumerables medios de comunicación, que insensiblemente se convierten en jueces.
El secreto de las investigaciones está acechado por mil oídos, los humanos y los electrónicos. La mención indiscreta de un nombre puede dejarlo descalificado para siempre.
La rectificación no interesa tanto como la descalificación. Acusar es noticia. Absolver deja de serlo. Y se corre el peligro de que el ciudadano pierda el más elemental, el primero de todos los derechos, que es el derecho a ser oído. Aún en los tribunales revolucionarios, agobiados y amedrentados bajo el índice colérico de Fouquier Tinville, se oían los cargos y los descargos. Y el abogado del Rey Luis XVI le decía a los miembros de la Convención: "Tenéis todos los derechos, menos el de ser injustos".
A la prelación del dinero y de sus fabulosas combinaciones, se agrega la violencia, declarada y soterrada, permanente e intermitente, que encuentra sus víctimas en las clases menos favorecidas de la sociedad, --campesinos y soldados que también son campesinos--. No hay tiempo, ni serenidad, ni recursos técnicos del Estado para hacer luz sobre esos crímenes. Y en medio de la montaña y de la ciudad nocturna no es posible identificar a los delincuentes y obtener las huellas y las pruebas del crimen. Esta violencia contribuye a despojar a los hombres de todo control sobre sus instintos.
No hay que olvidar que el hombre "es el único ser que practica el asesinato dentro de la misma especie. Desde los albores de la historia nos hallamos ante un fenómeno sorprendente. el sacrificio de seres humanos, el asesinato ritual de niños, vírgenes, reyes para aplacar a deidades concebidas en el horror de las pesadillas nocturnas " .
El fracaso de la amnistía puede tener efectos nocivos para la sociedad colombiana y aleja la perspectiva de que se aplique recta y serenamente la justicia. Nos horroriza la perspectiva de una represión como la que han padecido otros pueblos americanos. No sé si las clases dirigentes han tomado seria conciencia de este fenómeno. Y si los alzados en armas no piensan en la feliz oportunidad que les ofrecieron, el gobierno del presidente Betancur y el Congreso de la República.
Dos etapas bien definidas establecen los códigos: la una bajo el signo de la reserva y el secreto, la otra ante el jurado en que desaparecen la reserva y el secreto y se ventilan públicamente todos los indicios y testimonios. No se puede, no se debe alterar ese orden. La noticia no puede adquirir calidad de sentencia.
La sentencia no puede estar interferida por ninguna prevención. Decía César en el Senado romano: "Cuanto más elevada sea la posición de un individuo, tanto menor es su libertad para obrar. Le están vedados el odio, la parcialidad y la cólera. Lo que en otros se llama ira, merece en los que mandan, el nombre de soberbia y crueldad " .
¿Somos un país de leyes...? Es necesario que lógicamente seamos un país de jueces. Conservar la mente tranquila en esta crisis visceral, es lo único que deseamos si queremos salvarnos. No se salva la patria sin la justicia. No se salva la patria sin la paz. No se salva la paz si los partidos no piensan fundamentalmente en ella y si no colocan su corazón a la altura de los problemas de la patria. -
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