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Opinión

  • | 2008/07/06 00:00

    El principio militar tras la operación de rescate de los secuestrados

    La operación que permitió la liberación de Ingrid Betancourt y otros catorce plagiados, se basó en un antiguo principio de la guerra conocido como estratagema.

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Los efectivos resultados de la operación “Jaque”, desarrollada por la inteligencia y la aviación militar del Ejército, permiten recordar la máxima de Sun Tzu, padre de la estrategia, quien proclamó con entera propiedad "Todo el arte de la guerra se basa en el engaño". Y la historia esta llena de hechos que convalidan este principio. Si bien las armas y los medios técnicos han evolucionado, las estratagemas que no son otra cosa que ardides o fingimientos engañosos, cuyo fin es inducir al enemigo a cometer errores, continúan teniendo hoy el mismo valor que hace veinticinco siglos.

Casi nadie desconoce el famoso ardid del caballo de Troya. Como éste, hay muchos artificios que han influido en los destinos de la humanidad y que, sin embargo apenas son conocidos. Uno de los más interesantes, fue el planeado por Wilhelm Stieber, jefe del servicio de inteligencia de Guillermo I rey de Prusia, quien elevó el arte del engaño al punto insuperable de perfección que alcanza en nuestros días. A él se debe, en buena parte, la abrumadora derrota de los franceses en 1870 y la fundación del imperio alemán.
 
La guerra franco prusiana se planeó en todos sus detalles, con varios años de anticipación. Bajo las órdenes del Canciller Otto Von Bismarck, Stieber repartió sus agentes en lugares estratégicos por toda Francia. Los había de todas clases y oficios: labradores cuyas granjas estaban situadas en las rutas que habían de seguir los ejércitos, camareras en los cafetines frecuentados por la tropa, sirvientes y criados en casa de los oficiales franceses retirados, sus auxiliares sumaban cerca de 40.000. No contento con este “ejército” desplegado y al acecho, en la sombra compró varios periódicos de París y se valió de ellos para esparcir la doctrina derrotista pacifista.

Tan pronto como Bismarck soltó sus tropas sobre Francia, simultáneamente entró en acción este ejército encubierto. La confusión que lograron crear en las filas francesas no tiene paralelo en la historia. Los agentes prusianos que trabajaban en el Ministerio de Guerra, consiguieron alterar de tal modo los planes de movilización que fueron necesarias varias semanas para restablecer el orden en aquel caos. “¿Qué hago? ignoro dónde se encuentran mis regimientos, no puedo comunicarme con mis comandantes”, así telegrafiaba a París un angustiado general. A este desbarajuste siguió la batalla de Sedán en la que cayó prisionero el propio Napoleón III, y todo el ejército francés tuvo que rendirse.

Una de las operaciones especiales de mayor recordación, fue la desarrollada en 1960 por el Mossad, que significa “instituto” en hebreo. Este organismo se convirtió en uno de los más eficaces servicios de espionaje del Estado de Israel. Mitad mito, mitad realidad, el Mossad y sus Katsas, oficiales especializados en operaciones de campo, supieron salvaguardar el halo de misterio que los convirtió en auténticas leyendas, cuando la unidad bajo el mando de Rafael "Raful" Eitan, desarrolló la operación “Garibaldi”, secuestrando al criminal de guerra nazi, Adolf Eichmann en Argentina, y trasladándolo clandestinamente a Israel donde fue juzgado y ejecutado en la horca.

Pero qué factores han hecho exitosa, estas y otras operaciones como la desarrollada por las Fuerzas Militares colombianas. El primero de ellos, un trabajo de infiltración sobre el adversario el cual permite obtener informaciones de primera mano, entre otras, el área general, estructura de mando, número de hombres, armas, sistemas de comunicación, estado de los plagiados y rutinas empleadas. El segundo, un trabajo de reconocimiento generalmente efectuado por un componente aéreo, dotado de últimas tecnologías, el cual permite establecer con exactitud el lugar de ubicación. Posteriormente, el planeamiento de la operación, en el cual se estudian las acciones a desarrollar, posibles contingencias, apoyos en aire y tierra. Por último la ejecución del operativo, al cual, en este caso, antecedió un cerco con tropas en tierra, dispuestas a garantizar la seguridad, pero que gracias a un impecable trabajo de persuasión del equipo de inteligencia del Ejército, no intervinieron.

Sin embargo, más allá del entrenamiento del equipo o los medios técnicos empleados, hay un factor que prima sobre los demás y es la disciplina del secreto, más conocida en el mundo de la inteligencia como “compartimentación”, un elemento que permite que nadie sepa más allá de lo necesario para el cumplimiento de la misión, excepto quienes tienen el mando de la operación, esto garantiza que la información no se filtre y lo planeado termine en fracaso.

Lo demás es un trabajo de filigrana, el cual en este caso incluyó lo que se conoce en el argot de inteligencia como “caracterización”, es decir, un entrenamiento que permite asumir diferentes roles sin ser detectado, papeles desempeñados con tal naturalidad, que no despiertan sospecha alguna, algo que indudablemente jamás olvidarán “César”, “Gafas” y los demás terroristas que tenían a los cautivos en su poder.

El escritor irlandés Gordon Thomas, experto en temas de espionaje y autor del libro “Mossad: La historia secreta”, cuenta que el oficial Eitan, jefe de la operación que condujo a la captura de Eichmann, una vez culminado su trabajo se paró frente al mar, sintiéndose finalmente en paz, sabiendo que había cumplido a cabalidad su misión. Algo que muy seguramente, también esta sintiendo el Mayor del Ejército que comandó la operación, un héroe anónimo que junto a sus compañeros, regresó a la vida a 15 seres humanos y que al pronunciar esas palabras que le han dado la vuelta al mundo “Somos el Ejército Nacional. Ustedes están libres”, comprendió que la estratagema había funcionado. 



 
*Historiador militar
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