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Opinión

  • | 2017/07/24 14:31

    El problema no es solo Uribe

    Si Uribe ha demostrado hasta la saciedad ser un irresponsable en sus declaraciones para la prensa, y mucho más desde Twitter, la irresponsabilidad de elegir a una persona como esta a un cargo público es una doble irresponsabilidad ciudadana.

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No quedan dudas de que el paramilitarismo en Colombia no fue solo el resultado de un grupo de campesinos que se armó para defenderse de los ataques de un guerrilla que utilizó el secuestro, las extorsiones y el narcotráfico como armas políticas y de financiación. Las políticas que definen las agendas de los gobiernos no suelen adoptarse por la inspiratio-onis latina ni al calor de una fogata. Son lineamientos que obedecen, en muchos casos, a las necesidades sociales, a los problemas económicos y a los proyectos de desarrollo que buscan implementarse.

Sin el apoyo de los grupos sociales, empresariales o económicos las políticas adoptadas por un gobierno serían como un enorme barril sin fondo. Nada se construye en el aire porque existe una fuerza de atracción de la Tierra sobre los otros cuerpos que los científicos llamaron fuerza de gravedad. Sin el apoyo irrestricto de millones de colombianos cansados de la guerra, sin el apoyo incondicional de la comunidad internacional representada en organizaciones como la ONU y la OEA, el acuerdo de paz con las Farc habría sido imposible. Sin un gesto sincero de buena voluntad de las partes en conflicto, hoy seguiríamos contando por miles los muertos. Y los padres, hermanos y parientes seguirían llorando sobre la tumba de aquellos que amaron.

El ‘éxito’ del paramilitarismo en Colombia se podría entender, entonces, como el resultado del apoyo que un número amplio de ciudadanos le dio a Mancuso, Castaño, Jorge 40, Cadena y otros jefes de las AUC que arrasaron desde sus cimientos poblaciones enteras en distintas regiones de la geografía nacional y masacraron a todos aquellos sospechosos de ser informantes de la guerrilla. Sin el apoyo de militares activos y ‘en buen retiro’, sin el apoyo financiero de empresarios, ganaderos, exportadores, autoridades políticas y civiles, el paramilitarismo habría sido un rotundo fracaso.

El ‘éxito’ de Álvaro Uribe, aunque haya ‘expertos opinantes’ que defiendan lo indefendible, ha venido agarrado de la mano de la gran aceptación que tuvieron, en algunas regiones, esos lineamientos que buscaron lo que en su momento se conoció como la “refundación del país”. Sobre este caballito de batalla, que iba más allá de la exterminación física de los “terroristas de las Farc y del ELN”, se intentaron cambios profundos en la Constitución Política como aquel de introducir un proyecto de ley que transformó el ‘articulito’ que permitió la continuación del entonces presidente de los colombianos en la Casa de Nariño durante cuatro años más.

El problema de convivencia que padece hoy Colombia no es solo el resultado de las malas políticas adoptadas por los últimos cuatro o cinco gobiernos que han arruinado, en mayor o menor proporción, la calidad de vida de sus ciudadanos. No es solo que un funcionario del Estado se robe los dineros públicos o haga la torcida para beneficiar con una decisión a terceros. La cuestión, más que un problema social, es, en realidad, un asunto de conciencia, sentido común y eticidad. Y lo es porque el voto se constituye en la máxima representación de una democracia. Si Álvaro Uribe es poseedor de un descomunal capital político que lo ha llevado a acumular una enorme fortuna, obedece en gran medida al poder que le han otorgado los colombianos en las urnas, una mayoritaria masa de votantes pobres que, ya sea por la persuasión de las armas, desconocimiento político o cualquier otra motivación, le han dado a este señor la “autoridad” de llamar “terrorista”, “extraditable” o “pro Farc” –y ahora “violador de niños”- a cualquiera que no comulgue con sus ideales. Le ha dado la autoridad para chuzar los teléfonos de magistrados de la república y violentar la seguridad de las cuentas de correo de quienes lo consideran un político deshonesto que se ha aliado con todo la podredumbre delincuencial que ha tenido a la mano.

Si Uribe ha demostrado hasta la saciedad ser un irresponsable en sus declaraciones para la prensa, y mucho más desde Twitter, la irresponsabilidad de elegir a una persona como esta para un cargo público es una doble irresponsabilidad ciudadana, una que se ha hecho viral en vallas y redes sociales donde se alcanzan a leer mensajes como “Lo que es con Uribe es conmigo”, o “Yo voto por el que Uribe diga”.

En un país de ciegos, el tuerto es rey. En un país como Colombia cualquier culebrero puede inventarse su botica y de paso montar su Iglesia o su partido político. “Yo voto por el que Uribe diga” no solo refleja la profunda superficialidad e irresponsabilidad democrática de millones de colombianos, sino también la pereza mental de pensar por sí mismos. Esto, por supuesto, es positivo para los politiqueros profesionales, pero un amnésico poderoso que sumirá, con los años, al país en la penumbra de un atraso histórico.

Twitter: @joaquinroblesza

E-mail: robleszabala@gmail.com

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