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Opinión

  • | 2017/04/04 07:48

    Al despertar, el ELN todavía estaba allí

    Por alguna razón extraña, o no se ven los resultados, o simplemente no sabemos de ellos. Ojalá pronto tengamos buenas noticias del proceso de paz con esa guerrilla.

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Insípido. Así luce a estas alturas el proceso de negociaciones entre el gobierno y el ELN. Esta semana debe ser clave para un primer anuncio de avance de la mesa en Quito –el acuerdo sobre desminado humanitario- prometido a finales de marzo y que debe formalizarse antes del próximo 7 de abril. Ojalá. Pero nadie sabe, porque nada se sabe bien-bien sobre el proceso.

Tengo la sensación de que el diálogo con el ELN es invisible. He revisado noticias, entrevistas e información de ambas partes, pero todo junto no suma mucho así se digan cosas. Hay juiciosos tuits del Alto Comisionado Restrepo, pero suenan planos y se leen cautelosos, en ese difícil arte de pronunciarse frente a algún ataque de los elenos y condenarlo pero sin llegar a levantarse de la mesa, cosa que ha asegurado no va a pasar a pesar de los pesares: secuestros, atentados, asesinatos, ataques a la infraestructura o la trampa infame de minas antipersonales para a quienes van a repararla. Y tampoco por cuenta de la presión militar que ejerza sobre los diálogos el gobierno.

Entonces, ¿a qué se debe esto? ¿Menos información? ¿Desinterés nacional? ¿Saturación por el acuerdo con las Farc y la agobiante implementación? ¿Nos quedamos con la idea romántica del Combo-Paz: primero las Farc y por añadidura los elenos? ¿O será la coyuntura (pero siempre tenemos “una coyuntura”)? Hay quienes aseveran que es por cuenta de la baja popularidad del presidente Santos, que no logra poner el tema en la agenda nacional y mover hacia adelante el proceso. Y aunque sin duda esto influye, me niego a que ahora todo lo que no sucede en el país o pasa a medias se deba al ocaso presidencial.

Siempre se ha dicho que una cosa es una cosa y otra cosa es el ELN. ¿Todavía es muy temprano para valorar que la mesa avanza? Puede ser, sumado a que hay una diferencia en la dinámica que sí adquirió el proceso con las Farc una vez público, lo cual despista y contribuye a esa percepción de que nadie parece enterado o tan interesado en informar. El silencio es una estrategia, también es cierto, más aún cuando no hay mucho qué comunicar.

Si bien el Alto Comisionado tiene un equipo especializado en asuntos temáticos propios del ELN y cuenta con una tripulación experta y parcialmente renovada para pilotear el proceso, otro es el mundo de las comunicaciones. El equipo es reducido comparado con la batería dispuesta para el jefe del equipo negociador con las Farc. Además, es posible que la estrategia aún esté en fase de diseño – la denominada “operación comunicacional”-, atendiendo sus particularidades; y por eso los dibujitos explicativos, cartillas y demás apoyos para la etapa de pedagogía pretendida están por verse.

Contar con un equipo de comunicaciones más reducido puede ser una ventaja en esta fase, pero también tiene sus riesgos porque el que comunica primero, comunica dos veces. Además de que los elenos son mucho menos mediáticos, está esa cosa llena de frío, congelada, con sacos y bufandas que arropan la información emitida desde Cashapamba, contraste inevitable con las guayaberas, palmeras y mecedoras cubanas del proceso en La Habana. Sin duda se siente un clima distinto en la negociación.

Pero esa palidez puede obedecer a otras causas: al desenganche del país urbano frente a los temas de paz, desatendiendo la urgencia declarada en los territorios de influencia de esa guerrilla y en los que han dejado las Farc. El proceso suena en las zonas de influencia elena, pero no truena en el plano nacional.

Si a las Farc buen parte del país no las quiere, al ELN todavía menos. Es percibido como distante, complejo, victimario ambiental, ajeno a la realidad colombiana y poco empático con el estado de ánimo nacional. Son más elocuentes sus persistentes acciones violentas que las propuestas que ha llevado a la mesa.

Cuando arrancó esta etapa pública los expertos advirtieron que el proceso no podía darse por terminado o fracasado antes de empezar de verdad; otros menos entusiastas pronosticaron que todo se reduciría a eternas conversaciones. Han pasado dos meses ya, la primera ronda. Y aunque en su momento se advirtió que la negociación se daría en medio de la confrontación, nadie pudo prever que sería en medo de la apatía.

Este es un momento sordo, difícil para comunicar en medio de tanta confrontación política y desastre natural. ¿Qué lo puede mover? Que esta semana se dé un anuncio contundente a favor del desminado y de acciones humanitarias, con agenda de acciones puntuales que incluya un refuerzo en la comunicación constructiva, para generar algo de tranquilidad en los territorios y de confianza en el país.

Esta no es hora de declaraciones como la hecha por ‘Pablo Beltrán’ hace unos días: “Sí ha habido varios ataques a oleoductos y la orden es que se hagan abolladuras y no derramamiento de crudo”. El detalle no solo está en la carga de ironía, sino en que a los oleoductos y al país les aplica la Ley de Telmo, esa que habla de la fatiga de los materiales.

@Polymarti

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