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Opinión

  • | 2014/05/02 00:00

    El próximo nobel

    Algunos se preguntan si luego de García Márquez Colombia logrará otra vez algún premio Nobel.

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Muchos se imaginan que quien consiga la paz podría obtener ese galardón y eso les resulta inaceptable. Paradójicamente, en su intento, los enemigos de la paz se están convirtiendo en una verdadera alternativa para Estocolmo, sólo que no al nobel de paz, por supuesto, sino al de literatura.

En su afán de oponerse a la reconciliación de los colombianos, los críticos del proceso han incubado un nuevo género literario en el cual por primera vez se combinan la ciencia ficción, el terror y el análisis político. Esta difícil hazaña se ha ido construyendo mediante un método bastante particular, tomar algunas situaciones inventadas por el autor (la entrega del país, la disolución de las Fuerzas Armadas, el inicio del castrochavismo) y desarrollarlas en columnas de opinión política con el fin de generar una situación de temor entre los lectores. 

En este esfuerzo deben destacarse distintos aportes, todos los cuales seguro que serán apreciados por la academia en Estocolmo. En primer lugar está el hecho de que esta ha sido una obra de creación colectiva, en la cual distintos analistas han aportado imaginación y desparpajo para presentar visiones apocalípticas encaminadas todas con el único propósito de atemorizar a los colombianos y generar un clima adverso tanto al proceso de paz como a los acuerdos que de él se derivan. Esta convergencia en un propósito de creación colectiva es algo que hace mucho tiempo no presenciaba la literatura, lo cual renueva la confianza en la capacidad de la creación humana.

Tan importante como la colusión de espíritus en tan mezquino propósito (el arte no tiene porque estar al servicio de causas nobles) ha sido la creatividad para difundir el mensaje. Gracias a la tecnología moderna, esta invención literaria circula tanto en columnas de prensa como en trinos desde las redes sociales e incluso ha abarcado la tradición oral mediante videos que contienen graves perjurios. 

Un esfuerzo de esta magnitud difícilmente puede ser desconocido, máxime cuando dicho arte no se agota en sí mismo, sino que busca producir efectos políticos en las elecciones de mayo próximo. La idea de un Presidente mefistofélico, vendiendo su alma para detener una guerra que los creadores de este genero consideran necesaria para mantener el estatus quo en el cual sustentan su poder social tiene como propósito hacer imposible la paz y por tanto cualquier reconocimiento a dicho esfuerzo. Sus  esfuerzos no se agotan allí sino que buscan erigir las murallas desde las cuales piensan impedir que, aún si se llega a firmar la paz, sea imposible realizar las transformaciones para que ella se aclimate en estos parajes tropicales. 

De no alcanzar el reconocimiento literario por combinar la tradición de Isaac Asimov, Stephen King y Robert Dahl seguro intentarán al menos el premio Johan Skytte por sus aportes a la tradición politológica. Y como mínimo un lugar destacado en la historia universal de la infamia… y la mezquindad.
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