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Opinión

  • | 1994/06/13 00:00

    EL QUE PIERDE, GANA

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EN LO QUE MAS SE PARECEN ANDRES Pastrana y Ernesto Samper es en el miedo que reflejan. Y no es para menos. Pasada la mayor parte del tiempo de una de las campañas más largas de los últimos años, los dos candidatos están en la recta final y lo único seguro es que la carrera se va a definir por photo-finish.
Hace dos o tres meses ambos analizaban tendencias, diseñaban estrategias y discutían sin afanes los reveses coyunturales de sus respectivas candidaturas, tras cada desplante de las caprichosas encuestas. Esa tranquilidad desapareció, pues ya está demasiado cerca la primera vuelta electoral y los candidatos están tan emparejados que un día el uno aparece ganando por una nariz y a la semana siguiente el otro lo supera por un bigote, con el agravante de que ya no hay tiempo para corregir los errores que se cometan de ahora en adelante. Eso los tiene al borde del pánico.
Y eso es explicable. Si Ernesto Samper pierde las elecciones, su caso sería el primero en que un candidato conservador derrota al liberalismo unido. Pasar a la historia con ese fardo a cuestas es una responsabilidad poco envidiable, aunque para ser justos tal eventualidad, si se presenta, sería en buena medida el resultado lógico de la transformación de la política colombiana en las últimas décadas, más que un desastre de dimensiones históricas. Pero, aún asì, serìa el primer caso.
Por el lado de Pastrana la situación no es menos dramática. Los conservadores de la segunda mitad de este siglo han funcionado con un dogma que aprenden desde la cuna, según el cual para ganar hay que poner más votos que los que tiene el partido. (Una vez le preguntaron a Luis Alberto Moreno si era hincha de Santa Fe, y él respondió: "¿Godo y además hincha del Santa Fe? ¡No ganaría nunca!). Las condiciones actuales de Andrés Pastrana, pues, son difícilmente repetibles en el futuro: no tuvo un solo contrincante medianamente fuerte que le pudiera opacar su candidatura, su partido estaba atomizado y su participación en el gobierno de César Gaviria le ha servido para lo que sirve un alero en un chubasco. Si además de todo eso va empatado en las encuestas con el candidato liberal, no es raro que Andrés se acueste todas las noches con el mismo pensamiento: la cosa es ahora o nunca.
Pero mientras llega la hora y se sabe la verdad, lo único cierto es que la diferencia de votos en la primera vuelta va a ser tan precaria que la Presidencia de la República para el período 94-98 se va a decidir en un mano a mano en segunda vuelta entre estos dos personajes. Poco se ha hablado sobre qué tanto puede influir el resultado de la primera en la segunda, pero es posible que aunque entre una y otra hay borrón y cuenta nueva, la suerte esté echada definitamente el 29 de mayo.
Para la primera vuelta ambos podrían decir, como diría Pambelé, que es mejor ganar que perder. Pero eso no es necesariamente cierto. Es posible que si Ernesto Samper gana en la primera vuelta, sus seguidores no se sientan demasiado angustiados como para que la segunda ronda se lleve a cabo en un clima de alarma. Ese ambiente le favorece poco, pues si algo han demostrado los sondeos esta vez es que las preferencias de algunos electores fluctúan sin que medie una circunstancia específica que justifique un cambio de actitud. Pero si Samper pierde en la primera vuelta, el escenario de un conservador en punta de carrera sería el ideal para salir a los balcones a echar discursos liberales agitando el trapo rojo. Quién sabe si la gente todavía se mueva con ese tipo de motivaciones, pero no va a haber una mejor ocasión para averiguarlo.
Por el lado de Pastrana el caso es el mismo pero visto al revés. La ùnica manera que tiene de llegar a la Casa de Nariño es seguir como va, ni muy adelante ni muy atrás, pero con la oportunidad de dar el zarpazo definitivo en el último momento. Para eso lo que le conviene es continuar así, con su nadadito de perro hasta el final, y caminar en puntillas para no perturbar con una votación muy fuerte en la primera vuelta el sueño profundo del león dormido del liberalismo. Siempre y cuando, repito, el caso sea que el león duerme y no, como indican algunos síntomas, que yace para siempre.
Como van las cosas y aunque suene raro, ambos candidatos tienen más opción de ganar si pierden el primer asalto. Y no sería raro que las dos campañas coincidieran en la estrategia de los ciclistas dopados que prefieren llegar en segundo lugar a la meta, para cronometrar el mismo tiempo del ganador pero sin la obligación de someterse al examen de orina.
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