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Opinión

  • | 1983/07/04 00:00

    EL REDESCUBRIMIENTO DE AMERICA

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La visita del "principito" Felipe de Borbón a Cartagena, tiene más implicaciones que las simplemente romanticoides despertadas por la entereza y estoicismo que manifestó el joven heredero en su primer viaje oficial.
Detrás de toda esa seriedad prematura del príncipe, que inspiró en escépticos como Daniel Samper una profunda compasión por el " niño-hombre" abocado tan tempranamente al mundo diplomático, (aunque yo creo que fue la sobria corbata del principito lo que más impresión causó en Daniel, socio honorario del club de los que piensan que la corbata va anudada no al cuello sino a la dignidad), se esconde el profundo interés de España por lo que extraoficialmente se podría denominar el " Redescubrimiento de América"; una nueva conquista, esta vez no territorial sino política, comienza a forjarse desde el Río Grande y tiende a extenderse geográficamente hasta la Patagonia, como una forma un poco tardía de cobrar la lengua y la religión que nos inculcaron los conquistadores españoles, legado a muy buena hora recordado por el Rey Juan Carlos y por Felipe González. Ambas figuras poseen actualmente un peso político propio en el contexto americano, y por ello no hay duda de que tienen una oportunidad única para promover el desarrollo de una política progresista en nuestro continente, que ninguno de los dos parece tener intenciones de desperdiciar.
La inauguración de la sucesión de la monarquía española en Cartagena no fue una cortesía más del Rey Juan Carlos hacia nuestro país. Tampoco la visita del Presidente español Felipe González, a quien une con nuestro propio presidente Betancur una profunda identificación ideológica, además de una sólida amistad personal. España se hizo presente en las festividades cartageneras con todo su peso político, en momentos en que su mediación en el conflicto centroamericano se vislumbra como una brillante posibilidad para impulsar los esfuerzos de paz del Grupo Contadora, cuyos miembros, no obstante su intento de imbuirse de neutralidad, no logran concretar al gobierno sandinista de Nicaragua en pos de unas metas comunes de entendimiento.
La ayuda que podría brindar España especialmente en cabeza de Felipe González, es inmensa; la popularidad que el Presidente español ha logrado cosechar durante sus escasos meses de gobierno unida al sólido respaldo de la Internacional Socialista, ya le merecieron el encargo de ser portavoz del Grupo Contadora ante el Presidente Reagan.
Su negativa, durante el reciente periplo por el continente, de hace escala en Nicaragua (el gobierno sandinista trató por todos los medios de concretar una invitación para sacudirse de encima un momento de desprestigio que le ha ocasionado la más baja credibilidad internacional desde la caida de Somoza). fue interpretada con cautelosa sorpresa por los observadores. pero todo parece indicar que se trató de una precaución de estilo dentro del pluralismo político de González equivalente, aunque a Daniel Samper pueda no gustarle, a llevar puesta la corbata cuando así lo exigen las conveniencias sociales o la cruda rigidez de la etiqueta política. -
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