Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2003/12/18 00:00

El referendo placebo

A la hora de una neumonía, de un cáncer, de una apendicitis o de una fractura de fémur, nadie recurre a la aromaterapia

El referendo placebo

En placebo, como todo el mundo sabe, es cualquier preparación inocua, sin ninguna verdadera sustancia medicinal, que se le da al paciente con la promesa de que le servirá, y cuyo efecto terapéutico, si existe, se basa tanto en la autosugestión como en el hecho de que la mayoría de las enfermedades se curan solas. "Placebo", en latín, quiere decir "me place", o "me gustará". Al Presidente de la República y a algunos de sus ministros, por ejemplo, les gusta consumir placebos, y noche tras noche los vemos por televisión torciendo el pescuezo hacia atrás y echándose unas goticas energéticas en el gaznate. Puro placebo, dicen los médicos serios, pero a nuestros gobernantes como que les sirve, y habrá que creerles. Es posible que les sirva, claro, pero no por la energía de las esencias florales, sino porque ellos quieren que les sirva y sobre todo porque creen que les va a servir.

También el largo, farragoso, ilegible referendo propuesto por el gobierno, es un placebo perfecto. Es cierto que algunas de las preguntas son tendenciosas, es verdad que hay algunos puntos tristemente regresivos (la dosis personal), pero en general lo dañino se compensa con lo benéfico, pues tiene puntos con los que cualquier persona sensata estaría de acuerdo. En general puede decirse que en el referendo no hay nada del otro mundo, nada que justifique tanta alharaca, nada que nos obligue a ofuscarnos y a enfrascarnos en una discusión sin fin durante cuatro o cinco meses. Sería distraer la atención y la concentración en algo que no lo merece. Cuando la izquierda clama por la abstención, cuando el Ministro del Interior se enfurece con los abstencionistas, cuando la tendencia de todos es a subirle el volumen y las dimensiones a la pelea, lo que a mí se me ocurre es que lo que está en juego no da para tanta bulla ni tanto acaloramiento.

Este referendo es igual que un placebo: tómenselo, no se lo tomen, tómense la mitad sí y la mitad no. Hagan lo que quieran. Tranquilos, no va a pasar nada grave, el país no se va a componer ni a derrumbar si el referendo triunfa o es derrotado. En general es inocuo: como una agüita aromática. Y, como los placebos, a lo mejor hasta sirve, pero no por las sustancias o leyes maravillosas que el paquete contiene, sino porque la gente quiere creer que sirve, y porque el chamán mayor le dirá a todo el mundo que el referendo es cosa de vida o muerte. Qué va. Son unas gotas amargas, aunque digan que están hechas con dulces esencias florales. No es una quimioterapia, no es una cirugía mayor, es, simplemente, un tema de discusión, un pleito, un motivo de pelea, y más que un referendo, un plebiscito, o una gran encuesta nacional para confirmar lo que ya se sabe: que hasta ahora las mayorías del país apoyan a Uribe.

Hay dos condiciones para que un placebo sirva: la fe del paciente y la autoridad del curandero. Es decir, el referendo les servirá (sobre todo para alegrarse mucho con la victoria) a los que voten por él, si son más de seis millones, y les servirá porque el Cirujano Mayor de la Sociedad (eso es un político, un sanador de la polis) sostiene que sirve. Pero ojo: los placebos sirven para malestares menores: cansancio, dolor de cabeza, gripa, descomposición estomacal. A la hora de una neumonía, de un cáncer, de una apendicitis o de una fractura de fémur, nadie recurre a la aromaterapia. Por eso las preguntas del referendo no son de cirugía mayor: Reforma agraria sí o no, Aborto sí o no, Privatización del agua sí o no, Separación de la Iglesia y el Estado sí o no, Impunidad o sometimiento para guerrilleros y paracos. Qué va. Es sobre los sueldos del año entrante y sobre marihuana, sobre si dejan un tiempo más a los alcaldes, sobre si a los congresistas corruptos los juzgan en una o en dos instancias. En fin, placebos para resfriados.

Como tantas veces pasa en este país de retórica vacía, no hay en el referendo ninguna discusión sustancial. Si gana el sí o gana la abstención o gana el no (en alguna pregunta) el resultado será una victoria para el pundonor de unos o de otros. Se inflarán orgullos y vanidades personales, pero el país será el mismo. Se izarán banderas de contenido simbólico, pero el cáncer que nos corroe, es decir, la violencia indiscriminada, la miseria de tantos, los secuestros, las masacres, los atentados y los abusos de poder, todo eso, no cambiará con el referendo. Dejemos que los discurseros se engolosinen con una discusión tan bizantina como interminable sobre este referendo placebo. Yo por mi parte no volveré a ocuparme de estas terapias políticas simbólicas, cuyo único efecto terapéutico consiste en el aroma de la ilusión.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.