Martes, 16 de septiembre de 2014

| 2013/05/16 00:00

El regalo para Cartagena

por David Lara Ramos

Un buen candidato sería el obsequio más oportuno.

. Foto: .

Ahora que se avecina el cumpleaños de la vieja Cartagena he pensado cuál será el mejor regalo para ella. Un buen candidato será una gran opción, es el más oportuno. Está claro que no debe ser periodista, ya esa lección la aprendió muy bien Manolo Duque, el heredero de la sintonía de Campo Elías. “La tengo clara, viejo Deivi”, me dijo en un encuentro casual en la ciudad.  

El periodismo se ejerce como si fuera una militancia. El gran periodista polaco Ryzsard Kapuscinski lo decía de forma más simple. “Esta actividad no es como una camisa que uno se quita o se pone de acuerdo a las circunstancias, uno siempre es periodista”.  Tampoco es esa militancia que llaman “disciplina de partido”, que se pinta de un color y anda luego de puerta en puerta correteando avales vengan de donde vengan.

A la ciudad no se le puede engañar con el cuento de que la van a limpiar, le van a pintar los andenes de verde, rojo y amarillo, o la van a pintar de carburo para que se vea linda,  la ciudad ya está muy vieja para que le hagan eso, o que le van a reparar el monumento a los alcatraces, eso no es un regalo para una señora tan distinguida. Hay que tener más creatividad con el detalle. Arreglarle los huevitos al caballo de Bolívar habría generado más impacto y hasta podría haber cosechado más seguidores. Si su intención es la de ser candidato algún día, la foto junto a las colgadillas del caballo habría sido de un impacto mediático inestimable.  

Me quedo definitivamente con el regalo de un buen candidato para la vieja Cartagena. Debe ser una persona atlética, que pueda recorrer a pie las obras de Transcaribe y así entregar a la ciudad ese regalo que le tienen medio embolatado. Si está en sobrepeso debe bajarle a la arepa, o por lo menos a la frita, que sea asada y sin huevo, para evitar la subida del colesterol.

Un tipo que no use su habilidad verbal para enredar a la gente con frases como que la plata no se hizo para comprar votos. No señor, la plata se hizo para financiarlos, que no es lo mismo. Que su historia no esté llena de cargos en la administración pública y cuyas posiciones tiendan a la derecha, como que hay que darle la espalda a los desplazados, o similares. Que sus financiadores no provengan de nuevos ricos empresarios con intereses en terrenos y playas de la ciudad, y que termine llorando cuando sus intereses se vean frustrados. Si el candidato es barbudo, se sospecha de él. Bien lo decía mi abuela Celina: “Quien ande con barba y no se la corte, eso seguro que algo esconde”. Igual se decía de Mariano Rajoy, en España.

El regalo está difícil, los candidatos que se envuelven por ahí creo que no aguantan ni un municipio de quinta categoría, y Cartagena que alcanza sus 480 años, vive una especie de personalidad dual: parece estar muy vieja para que la engañen con un candidato cualquiera, o muy inocente como aquella señorona alegre, venida a menos, que recibe eufórica cualquier caja de polvos raros.

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