Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2003/11/17 00:00

El remezón fiscal

La evasión no se baja con más leyes, sino con detectar al evasor: un cuerpo de élite de inspectores fiscales, a lo Chile, y una red de informantes

El remezón fiscal

El Plan B no es parte de la soluciOn, sino parte del problema. Es un ajuste igual al que vemos cada año para tapar el hueco que agranda el propio ajuste. Por eso, en vez de subir el IVA o retener más salario, habría que ponerles los impuestos a los ricos y bajar al Estado de los gastos que no le corresponden.

Veamos lo del gasto. El déficit estructural que arrastra el fisco desde tiempos de Gaviria se debe básicamente a las transferencias regionales, la bomba pensional y la rigidez de los salarios oficiales. Pues bien, en cada caso existen formas de parar la hemorragia sin hacer injusticias. Es más: las hemorragias se paran con sólo hacer justicia:

-El error de la descentralización estuvo en transferir los gastos pero no los ingresos. Si no queremos seguir con municipios limosneros, habría que ampliar de veras su base tributaria. Para la mayoría de pueblos y ciudades, esto sencillamente significa actualizar el catastro y cobrar el predial. Hoy las tierras pagan un 2,4 por mil de su valor catastral; cobrar las tarifas que la ley permite, o acercar su avalúo al precio comercial, como hizo Bogotá, permitiría congelar o aun disminuir las transferencias que tienen asfixiada a la Nación.

-La bomba pensional nació en parte de reservas mal gastadas, pero en parte muchísimo mayor, de reservas que nunca fueron hechas. A los trabajadores del Estado (sobre todo a los de "régimen especial") les pedían aportes irrisorios mientras les engordaban los beneficios. A los trabajadores jubilados del ISS o trasladados a un Fondo les entregaron una pensión o un bono que en efecto vale de tres a cinco veces lo que cotizaron. Por eso la solución real y equitativa no es un impuesto progresivo a las pensiones: es volver a hacer las cuentas y liquidarle a cada cual lo suyo. Pensionado o cotizante, miremos cuánto aportó cada quién y repartamos las reservas que queden en proporción estricta a los aportes.

-La rigidez de salarios es ante todo un invento de la actual Constitución, ayudada por interpretaciones más bien rebuscaditas de la Corte. Sin duda es deseable que los trabajadores del Estado mejoren cada año su salario; pero eso se hace al costo de menos escuelas o de más impuestos. Por eso los ajustes salariales deben hacerse a la luz, no apenas de la inflación, sino de muchos factores (estado de los recaudos, prioridades de inversión...). Y por eso la solución real consiste en reformar el artículo 53, que indexa los salarios oficiales aunque no los del resto de la gente.

Las tres medidas anteriores taparían todo el hueco y acabarían con tres grandes injusticias. Pero podría irse más allá, a las operaciones "cuasifiscales" vale decir, al tejido invisible y costosísimo de subsidios, avales, cuotas, regulaciones, "salvamentos" financieros y demás mecanismos no fiscales que sin embargo son gastos del Estado. Un primer paso, de transparencia al menos, sería que el presupuesto nacional incluya las cuentas parafiscales.

Todo lo dicho puede hacerse en casa y alcanzaría para pagarles a los acreedores. Porque menear el tema de la deuda -así hoy se trague la mitad del presupuesto- no es algo que podamos hacer solos o sin correr riesgos peores. Por eso, más que darle un pellizco a las reservas, lo serio sería buscar socios para reformar el sistema financiero mundial. Ideas como el banco de garantía, los swap de deuda por medio ambiente, la tasa Tobin o el seguro de deudas soberanas, son opciones sensatas y posibles.

Volviendo a los ingresos, el modo saludable de aumentarlos es bajar la evasión y la elusión. La evasión no se baja con más leyes, sino con detectar al evasor: un cuerpo élite de inspectores fiscales, a lo Chile, y una red de informantes, estas sí, serían inversiones prioritarias. Y la fuente grandota de elusión está en el enredijo de exenciones, deducciones y pagos a terceros, que podrían peluquearse de una vez.

Si no bastara con trancar la evasión y la elusión, en otras partes del mundo se habla de tasas verdes, impuestos al e-commerce o aranceles compensatorios en fin, de medios menos burdos que clavarle más IVA a la harina o al arroz.

Hay pues dónde cortar y dónde recaudar. No sólo para salir del hueco -que ya es mucho- sino para aclarar cuál Estado queremos, con qué funciones y costeado por quién -lo cual, después de todo, es el objeto de toda política fiscal-.

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