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Opinión

  • | 2011/02/19 00:00

    El respaldo crítico de los conservadores

    En su discurso en el foro ideológico, Santos hizo una alocución complaciente y dejó la sensación de estar dispuesto a hacer concesiones para mantener a los conservadores en la coalición.

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José Darío Salazar, Presidente del Directorio Nacional Conservador, señala que la seguridad se está viniendo al suelo; Andrés Felipe Arias, precandidato a la presidencia de esta fuerza política, se lanza contra la política exterior y vitupera el clima de entendimiento entre Santos y Hugo Chávez.
 
Buena parte de la bancada azul en el Congreso le hace reparos fundamentales a la ley de víctimas y restitución de tierras; El Colombiano, principal diario de los conservadores, no ahorra críticas al nuevo gobierno; el exministro Fernando Londoño y otros columnistas que fungen como voceros de la colectividad enhebran uno y otro ataque a los ministros claves y a sus decisiones.

Es una oposición en línea. Es una confrontación abierta a las políticas esenciales del gobierno Santos. Es, además, la notificación de que estaban especialmente cómodos en el gobierno de Uribe y ven con muy malos ojos los cambios que está intentando la nueva administración.

Quieren hacer ver que el ascenso de la criminalidad urbana y la reactivación de grandes organizaciones mafiosas empezaron en el gobierno Santos, para esconder los graves errores que cometió Uribe en la negociación con los paramilitares y olvidar que fue a finales de 2008 cuando arrancó el nuevo ciclo de violencias.

No quieren aceptar que el gobierno anterior le había echado mucha leña a la hoguera de las tensiones con Venezuela y Ecuador, y esta situación era insostenible en un momento de cambios en la política norteamericana y de un ambiente de integración en la región suramericana.

Se niegan a ir al fondo de la tragedia nacional asumiendo la tarea de una reparación integral para los millones de víctimas que ha arrojado la violencia desde los años ochenta. Apuesta indispensable si queremos reconciliación y si de verdad aspiramos a un país moderno y próspero.

Temen que una ley orientada a devolver las tierras a los campesinos despojados afecte a prestantes miembros del Partido Conservador y desnude la complicidad que muchos de ellos tuvieron con los grupos ilegales. Se aterran ante la posibilidad de que una nueva legislación para el desarrollo agrario transforme al campo y a los campesinos y les abra paso a nuevas corrientes políticas y sociales.

Lo curioso es que estas fuerzas conservadoras, a la vez que producen este torrente de críticas y atraviesan palos en las ruedas del nuevo gobierno, proclaman a voz en cuello su pertenencia a la Coalición de Unidad Nacional y mantienen su fronda burocrática.
 
Qué manera tan bacana de hacer oposición. No renuncian a los puestos ni sueltan las gabelas que da la pertenencia al gobierno, pero abjuran de las ideas progresistas con las que Juan Manuel Santos ha iniciado su marcha. Tienen además la cachaza de llamar a esto “respaldo crítico”, según las definiciones del Foro Ideológico del Partido Conservador realizado en estos días.

Ahora bien, tampoco es clara la manera como el presidente Santos está manejando la situación. En su discurso en el mentado foro ideológico no respondió con firmeza las críticas conservadoras. Hizo una alocución complaciente, defensiva, con profusas menciones a Uribe. Dejó la sensación de que estaba dispuesto a hacer muchas concesiones en aras de mantener a esta fuerza política en la coalición de gobierno.

Muy distinto al discurso pronunciado en la celebración de los 100 años de El Tiempo, donde Santos, recordando las épocas de persecución al diario y las acciones de violencia y censura de que fue objeto, invocó una y otra vez una perspectiva libertaria para su gobierno y un proyecto de reconciliación para el país sustentado en unas reformas y en la apertura hacia unas negociaciones de paz.

No quiero ser ave de mal agüero, pero si este tipo de ambigüedades se prolongan indefinidamente, si la fracción más retardataria del Partido Conservador mantiene un gran espacio en el gobierno, es muy probable que la ilusión de cambio que ha inspirado Santos en estos primeros meses termine en una desastrosa frustración.
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